Acoso escolar

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En los últimos tiempos, los medios se han hecho eco, más que nunca, del fenómeno de violencia entre compañeros/as en los centros educativos. Sin embargo, el acoso escolar es una problemática que ha estado siempre presente, y es más que probable que muchos de vosotros y vosotras lo hayáis experimentado de forma directa o indirecta. En este post vamos a describir un poco más este fenómeno y vamos a conocer algunas de sus características principales.

¿Cómo lo definimos? En los colegios e institutos existen multitud de situaciones que implican violencia entre iguales… pero no todas ellas son acoso escolar. Para poder utilizar este término se tienen que dar una serie de elementos que nos permiten diferenciar situaciones de violencia normativas que se producen en los centros y el acoso, a saber:

  1. Debe ser una acción intencional, dirigida a hacer daño: Este primer criterio es muy importante, ya que pueden producirse situaciones en las que una persona sufre consecuencias negativas por la acción de otro, pero cuya intención no era generar daño. Pongamos por ejemplo que un chico sube sin querer una foto a una red social en la que aparece un amigo en una situación comprometida. Esa foto puede ocasionar mucho daño en el chico (burlas, comentarios crueles, etc.), pero no podemos considerarlo acoso porque se realizó sin mala intención.
  2. Debe producirse de manera repetida y frecuente a lo largo de un prolongado periodo de tiempo: No es infrecuente que en los centros se produzcan burlas o se ponga motes a los compañeros/as, que pueden ponerse con intención de hacer daño (criterio 1). Sin embargo, es posible que esta situación sólo se produzca durante un mes o dos y luego no suceda nunca más. O que haya una pelea puntual y alguien resulte herido. Estas situaciones no constituyen acoso.
  3. Debe existir desequilibrio de poder entre agresor y víctima: Una de las características fundamentales del acoso es que la víctima se ve aislada, sin poder responder a las agresiones. Esto se debe a que el agresor o agresora tiene más poder que la víctima, y ésta se siente vulnerable. El poder no es sólo físico, sino que el agresor puede tener más prestigio social, contar con mayor número de apoyos, ser más ingenioso, popular, etc.

Es importante caracterizar apropiadamente el acoso y diferenciarlo de otras situaciones similares como el juego violento, los conflictos puntuales o las peleas en las que las dos partes tienen un poder similar, puesto que la forma de intervenir es totalmente diferente.

Se ha extendido en los últimos años la idea de que cada vez hay más acoso escolar. Sin embargo, lo cierto es que se trata más bien de un proceso de visibilización del mismo. Mientras que antes se consideraba una cosa de niños, o una parte normativa del desarrollo por el que todos y todas teníamos que pasar, en la actualidad nos hemos dado cuenta de la gravedad de las consecuencias de ser victimizado en la infancia. Concretamente, en el caso de España se ha observado, por primera vez, la ocurrencia de la consecuencia más grave del acoso escolar: el suicidio. Otros países como Noruega, Japón o Estados Unidos ya habían experimentado estas devastadoras consecuencias, por lo que la sensibilidad hacia esta tema era mayor. Desde que en 2004 se produjera el primer suicidio consecuencia del acoso en nuestro país, se experimentó un notable crecimiento del interés en esta problemática. Sin embargo, no fue hasta el caso de Carla en Asturias, cuando se produjo un enorme incremento de la atención hacia el bullying, derivando en el desarrollo de investigaciones, creación de protocolos de intervención desde los organismos públicos y preocupación en los centros escolares, que demandan, con cada vez más interés, intervenciones y programas de prevención. Y es que la muerte es sólo la punta visible del iceberg.

Antes de que un niño o niña tome esta drástica decisión, experimenta durante años una situación de malestar psicológico intenso. En mi experiencia, he podido observar dos niveles de, digámoslo así, gravedad de las consecuencias. En un primer escalón, encontraríamos el menoscabo del funcionamiento psicológico deseable, y ocurriría de forma concurrente a las agresiones. En este nivel encontramos sentimientos de tristeza y ansiedad, pues la víctima comienza a estar cada vez más aislada del grupo sin saber el motivo. Se ve sin apoyo y sin poder contarle a nadie lo que sucede. Es lógico pensar que cuando todo el grupo se pone en contra de uno, es inevitable preguntarse si tendremos algo que nos hace diferentes o si estamos provocando, de algún modo, su hostilidad. Este tipo de pensamientos lleva a que las víctimas sientan que tienen cierta responsabilidad, derivando en sentimientos de culpabilización que reducen la responsabilidad del resto del grupo y por tanto, incrementando las posibilidades de mantener en secreto la situación. La autoculpabilización, lleva a exacerbar los sentimientos de tristeza, inferioridad e infelicidad de las víctimas, que pasan a centrarse en sí mismas y a olvidar otros aspectos de su vida como los estudios, provocando, en último término, una reducción del rendimiento académico. Cuando la situación se prolonga, es frecuente que surjan trastornos psicosomáticos, es decir, que la víctima manifieste físicamente sintomatología ansiosa. Para explicar esto, vamos a hacer un pequeño ejercicio de introspección. Pensad una situación en la que os pongáis nerviosos/as, un examen o una reunión importante. Es posible que la noche antes no tengáis apetito, que os duela el estómago, la cabeza o que vomitéis. Esto es absolutamente normal, y no estáis más que somatizando la ansiedad que os produce dicha situación. En el acoso pasa lo mismo, la víctima anticipa lo que le va a suceder al día siguiente, y comienza a sentir síntomas físicos. Muchas veces, esto se interpreta como que no quiere ir al colegio y está fingiendo, cuando lo cierto es que esa sintomatología es absolutamente real.

A largo plazo, y hablo de muy largo, hasta 40 años después del cese del acoso, según los últimos estudios, las víctimas pueden sufrir psicopatología de muy diverso tipo, desde trastornos depresivos o ansiosos, trastorno de estrés postraumático, trastornos alimentarios o de la percepción de la imagen corporal, e ideación y tentativa suicida. Algo que me parece muy interesante, es que estas consecuencias también las puede experimentar el agresor.

Por todo lo expuesto, es muy importante que aboguemos por el desarrollo de estrategias de prevención, que traten de evitar que las situaciones de acoso lleguen a suceder. Es cierto que podemos intervenir, y que hay programas que se han mostrado muy eficaces, como el Kiva en Finlandia, o el SAVE, en España; pero hemos de pensar, que si formamos adecuadamente a nuestro profesorado, a nuestros alumnos y alumnas para que consideren que el acoso es inherentemente malo porque perjudica a un compañero/a y no sólo por miedo a los castigos; y a las familias para detectarlo, estando en contacto directo con los centros, estaremos reduciendo las posibilidades de que haya niños, niñas y adolescentes sufriendo las graves consecuencias de ser agredidos por sus propios compañeros/as.

Harry Harlow: Un estudio sobre el apego.

El apego es un concepto que se refiere a la vinculación existente entre dos personas por medio de una interacción continuada, cuyo objetivo es sentir seguridad y protección. John Bowlby atribuía una función vital a este proceso, identificándolo como una función biológica que garantizaba obtener protección para garantizar la supervivencia. Para la entrada de hoy vamos a remontarnos al laboratorio de Harry Harlow en los Estados Unidos de los años 70. Este investigador realizó estudios que proporcionaron un gran avance en el estudio del apego, pues demostró la importancia de éste en el desarrollo social y cognitivo de los sujetos. No obstante, este investigador contaba con muchos detractores por la, en ocasiones, dudosa moralidad de sus trabajos.

El estudio con monos rhesus de este concepto le llevó a crear madres “sustitutas”, que eran unos muñecos construidos en dos versiones: uno era de alambres y tenía comida, y otro era de felpa pero carecía de alimentos. Harlow descubrió que las crías preferían la madre de felpa, incluso aunque ésta no pudiera proporcionarle alimento. Así, concluyó que el vínculo entre madres y crías iba mucho más allá del alimento; las crías necesitaban establecer contacto para desarrollarse psicológicamente. Cuando Harlow exponía a las crías a situaciones estresantes como un nuevo hábitat , éstas iban en busca de cobijo a las madres de felpa que les proporcionaba mayor protección. La sensación de seguridad que proporcionaban las madres de felpa hacía que las crías se sintieran capaces de explorar, acudiendo a su madre cada poco tiempo para garantizar que seguían ahí. En el momento en que Harlow separaba a las crías de las madres y las llevaba a nuevos contextos, comenzaban a mostrar síntomas de ansiedad: lloraban, gritaban, se chupaban el dedo y buscaban objetos suaves como su madre. Cuando las volvía a depositar en la jaula original en la que estaba la madre de felpa, las crías de mono se iban directos a ellas y permanecían inmóviles a su lado, reticentes de abandonarlas.

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Mono rhesus obteniendo alimento de la madre de alambre sin perder el contacto con la madre de felpa.

Harlow estaba obsesionado con el estudio del apego, por lo que procedió a analizar las consecuencias de que éste no se llegara a establecer en monos rhessus. Para estudiar este fenómeno, recluía a los sujetos dentro de jaulas que estaban totalmente aisladas, denominadas “el abismo de la desesperación”. En estas celdas los animales no recibían ningún tipo de estimulación, ni sensorial ni social. Las jaulas estaban compuestas por una caja con comida, un bebedero y un espejo unidireccional desde el que poder observar las conductas de los sujetos, de modo que los monos nunca tenían contacto con el exterior. Se les enjaulaba al poco de nacer y permanecían en el interior de este dispositivo un tiempo variable: cuatro estuvieron 30 días, otros cuatro estuvieron 6 meses, y otros estuvieron un año entero.

Los resultados mostraron que tras 30 días de aislamiento total, los sujetos mostraban claras alteraciones comportamentales (nerviosismo, confusión); y tras un año de aislamiento, presentaban cierta catatonía, permaneciendo inmóviles en una esquina de la jaulas. Cuando se les juntaba con el grupo control, estos monos no mostraban conductas exploraratorias, eran agredidos por sus compañeros, y no mostraban interés en el sexo opuesto, inhibiendo las conductas reproductivas. Dos de los sujetos experimentales rehusaron la ingesta de cualquier tipo de alimento, llegando a morir de hambre.

Cuando comprobó que el aislamiento afectaba a la conducta social, Harlow decidió analizar si estos efectos se podrían encontrar en la interacción madre-cría. Para ello aisló a una serie de hembras, pero todavía tenía que conseguir que quedaran embarazadas… y de aquellas la reproducción artificial no era una disciplina especialmente desarrollada. Para solventar esta problemática, nuestro protagonista se inventó un sistema llamado “el potro de las violaciones” (vemos que Harlow no se andaba con rodeos), que consistía en una mesa con correas en las que podía atar a las hembras en posición de lordosis, de modo que facilitaba que los machos pudieran fecundarlas, sin que existiera ninguna interacción social.

Harlow encontró que las hembras eran incapaces de proporcionar cuidados a las crías, de hecho sólo les ofrecían un trato despectivo y negligente. El mismo investigador señalaba,

“Jamás, ni en nuestros sueños más retorcidos, pensamos que seríamos capaces de designar sustitutos que fueran tan crueles con sus crías como las auténticas madres. La ausencia de experiencias sociales hace que no sean capaces de interactuar socialmente con sus crías. Una de las madres aplastó la cara de su cría contra el suelo y comenzó a comerle los pies y los dedos. Otra machacó la cabeza de la cría. El resto, simplemente las ignoró”.

Estos experimentos mostraron que la necesidad de contacto y protección es instintiva en las crías, siendo esta sensación de afecto y seguridad más importante para las crías que el propio alimento. Además, mostró los efectos del aislamiento, total o parcial, sobre el desarrollo cognitivo-emocional de los monos, destacando que ninguno de los sujetos experimentales mostró diferencias en el afrontamiento de esta situación de aislamiento. Los monos más activos y extravertidos sufrían las mismas consecuencias que otros, concluyendo que las características de personalidad de los sujetos no suponían un factor de protección para los efectos de la depresión (aislamiento, soledad). 

– Para saber más:

  • Blum, Deborah (2002). Love at Goon Park: Harry Harlow and the Science of Affection. Perseus Publishing.

Nellie Bly y el asilo de la isla Blackwell

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“¿Qué es este lugar?” Le pregunté al hombre, que tenía sus dedos clavados en mi brazo.
“La isla Blackwell. Un sitio de locos del que no saldrás jamás”

Nos ubicamos a principios del siglo XIX, en una Nueva York llena de fábricas y chimeneas, donde se estaba empezando a construir edificios que alcanzaban el cielo y donde cientos de inmigrantes llegaban en barco con la esperanza de encontrar una nueva vida. Con el aumento de la población, se instaura la idea de que es necesario separar a las clases más bajas formadas por delincuentes, mendigos, personas desvalidas y enfermos mentales, del resto de la comunidad a través de la institucionalización. En 1928 la ciudad de Nueva York le compra a la familia Blackwell su isla, en la que pretende construir una prisión y un asilo para enfermos mentales, el primero de todos los Estados Unidos.

Teóricamente fue construido para tratar a los enfermos, sin embargo de aquellas no se llevaba a cabo un análisis demasiado exhaustivo de los pacientes, no había clasificaciones consensuadas científicamente de las enfermedades mentales, y a menudo se confundían trastornos físicos, psicológicos y otras condiciones. Estas instituciones solían estar destinadas al mero confinamiento de las personas más que a su tratamiento, de modo que contaban con condiciones muy pobres y solían ser sucias y desorganizadas, ofreciendo un tratamiento muy poco humano a sus ocupantes. Los pacientes se dividían en cuatro clases: los ruidosos, destructivos y violentos; los idiotas, los convalecientes y una clase intermedia que estaba formada por aquellos que se encontraban en situaciones incurables pero que no tenían hábitos especialmente “molestos”.

Sin embargo, el nuevo asilo defendía la necesidad de destacar el lado humano de los pacientes, y llevar a cabo sus intervenciones basadas en las teorías del tratamiento moral. Su diseño se caracterizaría por estar libre de barricadas y de barrotes en las ventanas, tratando de establecer una nueva concepción del internamiento… pero este nuevo modelo de asilo nunca llegó a construirse. Debido a problemas de financiación, tan sólo se construyeron dos alas, las cuales ni siquiera estaban provistas de equipamiento básico para los pacientes, y aún más destacable era la carencia de personal, que llegó al extremo de requerir la intervención de los convictos de la prisión de la isla como guardias y cuidadores de los internos del asilo.

Estas característica reinaban en la mayor parte de las instituciones psiquiátricas del mundo, sin embargo se estaba empezando a dar paso a los movimientos antipsiquiátricos que propugnaban una mejora de la calidad de vida de los pacientes, y se iniciaba una lucha contra estas pobres condiciones. Sin embargo, la prensa lejos de interesarse en destapar esta situación, alimentaban sus páginas con historias sobre los pacientes y sus trastornos, que atraían la curiosidad de los lectores, deseosos de conocer qué se escondía entre sus paredes.

La persona que dio el paso para hacer pública la penosa situación de los internos es la protagonista de nuestra entrada de hoy, una valiente mujer que se adentró en el asilo para conocer todos los entresijos de este lugar, y que salió para contarlo y abrirle los ojos a la población americana. Elizabeth Cochrane Seamen, era una jovencita risueña de 23 años cuyo vestido rosado le dio el apodo de Pink, enamorada del periodismo y que se mudó a Nueva York para lanzar su carrera. Con entusiasmo comenzó a buscar historias y bajo el nombre de Nellie Bly presentó una solicitud de empleo al periódico The New York World, donde pronto fue contratada. Su primer trabajo consistía en redactar un artículo sobre el asilo Blackwell, del que se escuchaban rumores sobre el tratamiento infrahumano de sus pacientes pero sin pruebas de peso, y Nellie estaba segura de que escribiría el mejor artículo posible.

Nellie comenzó a cambiar. Vestía de forma extravagante, con ropa de segunda mano y con jirones. Se maquillaba excesivamentImagene y descuidó su higiene personal, ya no se bañaba ni lavaba sus dientes. Pasaba toda la noche en vela paseando de un lado a otro, y pronto sus vecinos comenzaron a preocuparse. Nuestra periodista estaba consiguiendo justo lo que quería, que pensaran que estaba loca. Practicaba durante horas frente al espejo para dar la impresión de que era una lunática, y caminaba por la calle dando tumbos. Ella misma se encargó de llamar a los servicios sociales para informar que había visto a una joven caminar aturdida por la calle a altas horas de la noche, y que tenía pinta de ser un peligro, por lo que sería buena idea encerrarla. Su actuación estaba siendo tan brillante, que en sus publicaciones recordaba entre risas lo bien que lo había pasado viendo atemorizados a sus vecinos, que comentaban ajenos a su lucidez que tenían pánico de pasar la noche con “una loca como esa” y que si no se andaban con cuidado probablemente “los mataría a todos antes del amanecer”.

No tuvieron que pasar más que unos días para que la policía golpeara su puerta y se la llevara al ala psiquiátrica del hospital Bellevue, donde ella decía una y otra vez no tener nImageni idea de qué hacía en Nueva York, y con un poco de teatro, un intento de acento extranjero y contradicciones continuas en su historia, provocaron que su historia se convirtiera en la sensación informativa del momento, de la que se hicieron eco los principales periódicos preguntándose quién era aquella chica. Una vez que consiguió ser ingresada en la unidad psiquiátrica, Nellie decidió que actuaría de forma normal, tal y como lo hacía en su vida cotidiana, sin embargo, cuanto más normal actuaba peor considerada era por los doctores. No eran capaces de saber qué era lo que le pasaba realmente, y aunque algunos sospechaban de la incongruencia entre sus síntomas, la mayoría definían su historia como el caso más peculiar que jamás habían tratado. Su doctor destacaba como síntomas que nunca parecía estar cansada, sus delirios, su actitud apática y la forma en la que agitaba sus manos y brazos, junto a su pérdida de memoria indicaban un claro caso de histeria. Estaba indudablemente loca, y eso le acababa de brindar un pasaje al asilo Blackwell.

En su obra, Nellie narraba el horrible viaje en el ferry hasta la isla. La embarcación estaba repleta de mujeres, algunas enfermas y otras cuyo máximo problema era ser extranjeras y no conocer el idioma, lo que las hacía grandes candidatas para acabar encerradas.

Allí Nellie pasó diez días, los días que le darían la posibilidad de observar todas las aberraciones a la que eran sometidos los pacientes, y mostrarle al mundo la realidad de los asilos, que sería uno de los primeros pasos para acabar con ellos. En su obra “Diez días en un manicomio” define la experiencia como una pesadilla capaz de enloquecer a cualquiera.

¿Que, a excepción de la tortura, podría producir la locura más rápido que este tratamiento? Aquí se envían a las mujeres para ser curadas. Me gustaría que todos aquellos que me condenan por lo que hice, que han demostrado sus habilidades, tomar a una mujer perfectamente sana, hacerle callar y sentarse de 6 de la mañana a 8 de la tarde en duros bancos, sin permitir que hable o que se mueva durante todas esas horas, no permitiendo que lea o que conozca información alguna del mundo exterior, dándole comida en mal estado y maltratándola, y ver cuánto tiempo tarda en volverse loca. Dos meses harán que acabe enferma física y mentalmente.”

La periodista narra minuciosamente los detalles de su encierro, en el que presenció tratos denigrantes dirigidos a las pacientes. Las enfermeras obviaban las atenciones más básicas, abusaban de los baños de agua fría, sobremedicaban a las mujeres para que no molestaran e incluso les negaban un simple vaso de agua. En sus artículos cuenta cómo algunas pacientes eran golpeadas y abandonadas en algunas habitaciones durante horas, hasta que se quedaban dormidas y dejaban de quejarse.

“Inyectan tanta morfina que las pacientes enloquecen. He visto a esas mujeres volverse locas pidiendo agua debido a los efectos de las drogas, y las enfermeras negársela. Las he oído suplicar toda la noche una gota y no recibirla. Yo misma grité pidiendo agua hasta que mi boca estuvo tan seca y resquebrajada que no podía hablar.

Después de diez días, un abogado del periódico para el que trabajaba Nellie se dirigió al complejo ara exigir el alta de la supuestImagena paciente. La publicación de la obra de la señorita Bly supuso un antes y un después en este asilo. La población quedó conmocionada con las historias que narraba la periodista, y los cambios no tardaron en llegar. Las pacientes extranjeras fueron sacadas del asilo, los servicios sanitarios y alimentarios mejoraron enormemente, se incrementó el personal y los recursos. La joven periodista consiguió mejorar la situación de muchas personas, y alcanzó el éxito siendo muy joven, convirtiéndose en corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial.

Acabó casándose con un millonario y abandonando su vocación para dedicarse a la empresa familiar. Murió joven, a los 57 años debido a una enfermedad, pero nos dejó los comienzos del periodismo de investigación, sus grandes historias de valentía y superación, y descubrió al mundo que la locura es algo misterioso, y que a cualquiera puede pasarle cualquier cosa.

Qué cosa tan misteriosa eso de la locura. He visto pacientes que han sellado sus labios para siempre para mantenerse en silencio perpetuo. Viven, respiran, comen… su forma humana sigue ahí, pero ese algo sin el que nuestro cuerpo no puede vivir, ha desaparecido, se ha perdido. A veces me preguntaba si detrás de aquellos labios sellados moraban sueños que no podíamos conocer, o si todo estaba vacío“.

Os recomiendo que leáis el artículo completo de Nellie Bly. Lo podéis encontrar pinchando aquí (en inglés) es muy interesante y está muy, muy bien escrito.

El cerebro y su estudio I

Ahora estamos frente al ordenador y estamos percibiendo esta pantalla. Cuando nos pinchamos, percibimos el dolor, y cuando nos vamos a tropezar extendemos automáticamente nuestras manos para disminuir los desperfectos consecuencia de la inminente caída. Como bien sabemos a estas alturas de blog, nuestro cerebro es el responsable en la sombra de todos estos comportamientos, pero… ¿cómo podemos saber esto? Pues porque hay una disciplina dentro de la psicología que se encarga de estudiar todas estas respuestas y lo que hay detrás, estamos hablando de la psicofisiología.

La psicofisiología nace como ciencia experimental a finales del siglo XIX con el desarrollo de técnicas como el polígrafo, ese cacharrito que se ha hecho famoso en series, películas y programas de televisión en los que se utiliza para detectar la mentira. El polígrafo es un aparato que permite que registremos simultáneamente distintas variables fisiológicas como la electroencefalografía, la actividad eléctrica de la piel, la presión arterial, la frecuencia respiratoria, la electrooculografía, la frecuencia cardiaca y la electromiografía, y relaciona estas variables con condiciones cognitivas, partiendo de la idea de que cuando estamos mintiendo nuestro cerebro se pone en marcha a toda máquina…porque mentir es un proceso muy complejo. Si tenemos que inventar una historia complicada y con muchos detalles para garantizar que decimos la verdad, necesitaremos más recursos, y por tanto esto tiene que manifestarse de algún modo en nuestras variables fisiológicas. Básicamente esta es la realidad que subyace al polígrafo, y aunque no se ha demostrado muy fiable en la detección de la mentira (detectando poquito más que el 50% de los casos, o lo que es lo mismo, tiene tanta fiabilidad como que yo lo diga a ojo), nos fue muy útil para dar pie a otras técnicas de registro de variables psicológicas en relación a la expresión fisiológica. Con este ejemplo del nacimiento de la psicofisiología, podemos proceder a su definición y podría ser que la PF es la disciplina científica que estudia las relaciones entre los aspectos psicológicos y fisiológicos de la conducta, de modo que su meta es investigar el sistema que traduce los procesos psíquicos en estados psicológicos y viceversa.

Así, cuando escuchamos música ésta llega a nuestro cerebro transformándose en señales eléctricas, y ¿cómo sucede esto? Pues para explicarlo primero vamos a hablar del Sistema Nervioso, en cuya divisón encontramos al sistema nervioso autónomo que está dividido en el simpático y el parasimpático. El primero, cuya actividad se produce de manera involuntaria controlando por ejemplo la sudoración, la tasa cardiaca o la contracción de los vasos sanguíneos. Nuestro SNA se encarga de prepararnos para la acción, así si nos encontramos con un peligro potencial como una serpiente nuestro corazón se pone a tope para asegurarse de que nuestra sangre se dirige rapidísimamente a nuestras extremidades con al finalidad de salir echando chispas, se contrae nuestro esfínter y nuestros sentidos se agudizan. Todas las respuestas del SNA simpático tienen una función antagonista con el SN parasimpático, por lo que su activación provoca un aumento de la energía almacenada en el organismo y se activa cuando el sujeto está relajado (disminuye la tasa cardiaca, incrementa las funciones digestivas…etc).

ImagenOtro de los grandes sistemas que encontramos es el sistema somatosensorial, que está formado por neuronas cuyos axones se van lejos, lejos del SNC hacia los tejidos y órganos. Los nervios pueden ser eferentes, si mandan señales del encéfalo para los músculos, y aferentes si van en dirección contraria, y aquí tenemos que señalar dos tipos de nervios: los que conectan directamente con el cerebro se llaman craneales, y los que se unen con la médula se llaman raquídeos. El SNS se encarga de los movimientos oculares, el pestañeo y algunos tipos de respiración.

Por último tenemos el Sistema Nervioso Central, que está formado por el encéfalo y por la médula espinal, aunque en la calle se suele escuchar que el SNC es el cerebro, pero vemos que está formado por más partes. En la siguiente tabla podemos ver un breve resumen de las partes más importantes del SNC y sus funciones, que será importante a tener en cuenta para próximas entradas en las que nos volvamos un poquito más tiquismiquis y vayamos desglosando las funciones específicas de estas áreas para poder entender los casos clínicos que propondremos.

Neocorteza (formada por los lóbulos) Se encarga del procesamiento cognitivo de nivel superior: procesamento perceptivo, cognitivo y emocional.
Ganglios basales (formados por la amígdala y los núcleos lenticular y caudado) La amígdala es nuestro gran centro de procesamiento emocional (os sonará de cuando hablamos de la psicopatía). Los ganglios basales tienen gran influencia sobre las funciones motoras, y están implicados en enfermedades como el Parkinson.
Paleocorteza (circunvolución cingulada e hipocampo)  Estas estructuras están implicadas en procesos cognitivos superiores como la memoria o el procesamiento de la información.
Tálamo El tálamo es la estación de paso de toda la información que va desde fuera para la corteza, y al revés.
Hipotálamo e hipófisis Integra las distintas funciones emocionales
Colículos superiores Centro de información de tipo visual
Colículos inferiores Centro de información auditiva
Substancia gris periacuductal Responsable de respuestas motoras
Núcleo rojo Control muscular
Sustancia negra Control muscular
Cerebelo Coordinación de movimientos.
Protuberancia

Contiene información relacionada con el control del sueño, expresión facial y movimientos oculares.
Bulbo raquídeo
Es una de las partes más importantes que tenemos en nuestra cabeza, y es que se encarga de las funciones más vitales que tenemos: respiración, funciones cardiovasculares, y tono de los músculos.

La otra parte del SNC es la médula espinal, que es la prolongación del tronco encefálico (cerebelo, protuberancia y bulbo) y en ella encontramos tractos nerviosos que van de la médula al encéfalo y a los músculos. El SNC se encarga de la electricidad eléctrica cerebral, la magnética, la metabólica y la actividad hemodinámica.

Hasta aquí la revisión de las partes de nuestro sistema nervioso. En la próxima entrada podremos ver de forma más extensa cada una de las partes y ya empezaremos con la artillería pesada.

La huella del ADN

Hoy voy a estrenar una nueva categoría en la que vamos a hablar de la psicobiología y la medicina aplicadas a la investigación policial. En esta entrada de presentación, vamos a hablar de la medicina legal desde una perspectiva general, centrándonos en la genética forense.

La medicina legal es una disciplina que engloba distintas ramas: la patología forense (que se encarga del estudio de la víctima y de los fenómenos cadavéricos, y aquí encontramos la autopsia), la clínica medico-legal (donde encontramos la clínica, la psiquiatría forense y la sexología forense), la toxicología forense (que hace pruebas de pureza de drogas, tóxicos y alcoholemias) y por último, la genética forense.

La genética forense es una especialidad médico-legal que consiste en la aplicación de la genética a la resolución de problemas judiciales. Desde aquí se encargan de investigación biológica que recoge las pruebas de paternidad, la criminalísica biológica (o investigar toda la guarrería que queda depués de un delito: sangre, pelo, esperma…etc.) y la identificación de sujetos que no se puede por otras vías, pues están quemados, son restos, mutilaciones…etc.  Hoy en día es una disciplina fundamental para resolver delitos, incluso hay países como Gran Bretaña que tienen bases de datos criminales de un gran porcentaje de la población, sin embargo oficialmente nació hace cuatro días.

Todo el estudio de la genética se inicia con Mendel y sus guisantes, conocido por todos. Pero incluso cuando éste estaba desarrollando sus leyes, ya se decía que poquito tendría esto que ver con la heredabilidad de las características del hombre más allá del color de los ojos. Después, autores como Landsteiner en 1900 describen el primer marcador genético llamado sistema ABO, pero aún tienen que pasar diez años más para que se descubra que ese sistema se hereda… y catorce más para explicar el procesos exacto por el que se heredaban los alelos del sistema, ahora estamos en 1924.  Damos otro salto, y aparecemos en 1947 en el laboratorio de Jayle y Gillard, que están a puntito de descubrir el segundo grupo de marcadores polimórficos (las proteínas plasmáticas) que darían paso a que se descubriera el tercer grupo (ACP).  Con otro salto vamos a 1985, con el grupo de Jeffreys que descubre los polimorfismos del ADN dentro del ADN minisatélite; y a finales de década se descubre la técnica PCR, que es una especie de fotocopiadora de ADN. Después pasamos a proyectos como el de Secuenciación del Genoma Humano, que tardó 12 años en secuenciar todo el genoma… y nos situamos en nuestros días, donde en un laboratorio de medicina legal se puede secuenciar una muestra en una semana, y que antes de que acabe el año se podrán secuenciar hasta dos al día.

Con todo este rollo técnico, lo que quiero es que nos demos cuenta de lo mucho que se ha avanzado. Históricamente se tardó mucho en arrancar, pero una vez que se hizo los avances han sido espectaculares.  En un primer momento, las pruebas de paternidad que se solicitaban a los alguaciles tenían como base científica el parecido a ojo, con lo que uno se fijaba en características peculiares que presentaran los supuestos padre e hijo y dependiendo de lo fino que estuviera el alguacil ese día, se determinaba la relación o no. Siguiendo este método, se fijaban en el color de los ojos, del pelo o la forma de la cara… porque si te pareces es que eres familiar.

Ahora vamos a imaginarnos que somos un juez de 1340 y que tenemos que determinar si el padre de estos dos chicos es el mismo…. y como se parecen bastante, vamos a decir que si. Y lo mismo si somos los testigos de un crimen, y nos piden que hagamos una descripción para un retrato robot… ¿hablamos del mismo chico? Pues no aunque son parecidos, ni son primos ni son la misma persona: a la izquierda tenemos al actor Joshep Gordon-Levitt, y a la derecha a Heath Ledger.

Como veis, el desarrollo de la genética no es sólo importante para determinar paternidades, sino también en el campo de la delincuencia, pues a veces dos personas son extremadamente parecidas, y los testigos tienen serios problemas a la hora de fiarse de su memoria (recordemos que poquitas veces identificamos mejor que el azar aunque estemos en condiciones óptimas). Por ejemplo tenemos el caso de W.A, un hombre negro que cometió un delito de agresión sexual y fue encerrado en una prisión estadounidense. Al cabo de un par de años, comenzaron a reportarse agresiones sexuales cometidas por un sujeto que encajaba perfectamente con la descripción física de W.A, e incluso una de las víctimas le señaló como culpable en una rueda de reconocimiento, lo cual era imposible porque llevaba encerrado años. Sin embargo, cuando por fin capturaron al criminal, descubrieron que se trataba de un hombre exactamente igual que él, con el mismo nombre y que estaría encerrado en la misma prisión por el mismo delito. Si no tuviéramos las pruebas de ADN, casos como este serían imposibles de resolver.

ADN. Aspectos generales

El ADN es una molécula lineal con bases nitrogenadas, que son adenina, guanina, citosina y timina. Los genes se forman a partir de la unión de estas bases en cadenas de letras que forman todo muestro genoma. Es enorme, y hay unos 3.300.000.000 de pares, con lo que si imaginamos el ADN como un libro que contiene mucha información, sería más o menos tan alto como la catedral de Santiago de Compostela.

Hay dos tipos de ADN: el nuclear y el mitocondrial. Aunque en forense se trabaja con el núcleo, el mitocondrial puede dar mucha información en casos en los que por ejemplo encontramos un pelo sin raíz. Da menos información, pero permanece incluso en zonas muy castigadas.  Si hablamos de composición, lo más impresionante es que todos tenemos el ADN casi igual, compartiendo más del 99%. Pero entonces, ¿qué es lo que nos hace diferentes y cómo es posible tanta variedad? Pues de vez en cuando en estas larguísimas cadenas de letras, se modifica alguna letra. En el ADN no codificante tenemos frases que se repiten (esto se llama minisatélites). Cuando la frase que se repite es corta (formada por 4 0 6 letras) se llama microsatélite o STR. Como nuestros genes los obtenemos de la mezcla del de nuestros padres, podemos decir que tenemos un libro materno y otro paterno, y en cada uno hay una información diferente. De este modo, una persona puede tener una misma página formada por distintas combinaciones, por ejemplo un 8-15 (una palabra de 8 letras y otra de 15 en la misma ubicación de los dos libros). Este tipo de diferencias son las que hacen que podamos realizar las pruebas de paternidad, comparando el ADN materno y el paterno, con el del supuesto hijo. Aquí tenemos un ejemplo de un párrafo de nuestro libro ADN, donde vemos letras negras y letras moradas. Las negras serían las que compartimos con, por ejemplo todos los vecinos de nuestro edificio, y las moradas las que tenemos sólo nosotros.

aatttttgta ttttttttag agacggggtt tcaccatgtt ggtcaggctg actatggagt
tattttaagg ttaatatata taaagggtat gatagaacac ttgtcatagt ttagaacgaa
ctaacgatag atagatagat agatagatag atagatagat agatagatag atagacagat
tgatagtttt tttttatctc actaaatagt ctatagtaaa catttaatta ccaatatttg
gtgcaattct gtcaatgagg ataaatgtgg aatcgttata attcttaaga atatatattc
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Para extraer ADN antes se recurría a métodos intrusivos, o sea sacar sangre. Sin embargo, muchas personas se mostraban recelosas a esta técnica, no sólo por el dolor, sino porque se consideraba que atentaba contra la integridad de una persona, y muchos abogados utilizaban este pretexto para evitar que un padre diera su ADN. Sin embargo, con el avance tecnológico, se consiguió utilizar otros medios como la saliva o las huellas.

Vamos a imaginar que vamos a una joyería y que nos apoyamos en el mostrador durante un segundo. Salimos de la tienda y al cabo de unas horas nos enteramos que se ha cometido un robo en ella. Bien, pues con ese segundo que hemos tocado el mostrador hemos dejado información suficiente como para que los expertos en genética forense averigüen hacia qué lado tenemos el remolino del pelo o nuestro color de ojos

También pueden saber si nuestros lóbulos de la oreja están pegados o separados, la distancia interocular o si tenemos o no hoyuelos


También se puede saber si somos o no pelirrojos (de momento es la única información que puede saberse por el color), pero podemos saber la anchura mandibular, el tamaño de las orejas, si tiene o no pico de viuda, el color de la piel e incluso la localización geográfica. Podemos decir que sólo con una huella, podría hacerse un retrato robot nuestro bastante aproximado.

Para acabar con la entrada de hoy, os voy a hablar de un caso que quizá alguno recuerde y que nos hace ver lo importante que puede resultar el papel de la genética en la resolución de delitos. En mayo del año 2000, la pequeña localidad de Baneheia en Noruega se despertó conmocionada por el doble asesinato de Lena Sløgedal Paulsen de 10 años y Stine Sofie Sørstrønen de 8, que fueron brutalmente violadas y después asesinadas. En 2002 se inculpó del crimen a Viggo Kristiansen y a Jan Helge Anderson, el primero fue condenado por violación y asesinato de las dos niñas a 21 años de prisión, y Anderson por el asesinato de Stine a 19. El veredicto determinó que Kristiansen fue quien planeó todo, y que con CI de 83 y tendencias pedófilas no había nada más que hacer que encerrarlo para garantizar que no cometiera el mismo delito otra vez. Así, Kristiansen fue llevado a prisiones especiales al ser señalado como líder tanto por el jurado como por su propio compañero, cuya pena fue bastante más benevolente que la suya. Aunque Kristiansen siempre defendió su inocencia, y sin evidencia alguna de su participación, asumió toda la culpa.

En 2008 se reabre el caso, y con las nuevas técnicas de análisis de ADN se procede a estudiar las muestras encontradas en la escena del crimen. Como sorpresa para todos se descubre que el perfil de ADN concuerda con el de Jan Henge Andernen pero no con el de Kristiansen.

Gracias a la investigación genética se resuelven cada año muchísimos casos, que de otro modo sería imposible determinar. Aún queda mucho por hacer, pero como hemos visto a lo largo de la entrada de hoy, cada día se hacen más y más avances tecnológicos que nos permiten esclarecer lo que pasó en muchas ocasiones.

El chico langosta. Grady Stiles

En nuestra entrada de hoy vamos a recuperar la sección de criminología, y vamos a hablar de un sujeto que, aunque no goza de un historial de asesinatos especialmente destacado porque sólo tuvo una víctima, las circunstancias que le rodean hacen que sea un caso llamativo.

Nuestro protagonista de hoy es Grady Franklin Stiles Jr. nacido en 1937 enPitssburg. El destino quiso que el niño naciera en el seno de la familia Stiles, que tenía un historial médico muy peculiar… resulta que esta familia sufría un mal llamado ectrodactilia (o síndrome de Karsch-Neugebauer), que es una enfermedad hereditaria caracterizada por la malformación de las extremidades en las que los dedos pueden no formarse o fundirse unos con otros (esto se llama sindactilia). Como los dedos se juntan de una forma rara parece que tengan forma de pinzas de langosta.

Pues efectivamente, Grady heredó esta enfermedad tanto en manos como pies, lo que hizo que le fuera imposible caminar y que necesitara constantemente una silla de ruedas (que por otra parte hizo que desarrollara una gran fuerza) A pesar de esta deformidad, acudió a la escuela sin problemas hasta que a los siete años a su padre se le ocurrió la genial idea de sacarlo de la escuela para dedicarse a la vida circense.

La familia vivía en Gibsonton, un pueblecito de Florida que era célebre por ser el lugar de retiro de los monstruos de feria cuando se acababa la temporada. Así, no era raro ver por la calle a una mujer barbuda, a siamesas o montones de enanos, que para la época no era precisamente lo más común del mundo.

El padre de Grady, William (que también sufría la enfermedad), aprovechó este contexto para meter a su familia en la vida de la feria y comenzó a realizar su propio tour de La familia langosta.

Si bien muchas personas aprovechan estas duras condiciones para forjar su propia historia de superación personal y lo toman como una lección de vida de la que sacar algo positivo, para Grady fue el principio del odio por todos los que le rodeaban. Vivió amargado toda su vida por la malformación y no podía soportar las miradas de la gente, lo que hizo que su personalidad no fuera especialmente atrayente, siendo un tipo violento y malhumorado. A pesar de esto, el joven no sufrió el desdén de las damiselas y gozó de bastante éxito, pues según sus propias palabras: ” ¡Todas y cada una de las personas con las que me he acostado, han suplicado por tener sexo con mis pinzas!”. A los 17 se casó con Teresa, una bailarina de espectáculos que también trabajaba en el circo. Lo que no sabemos es si la chica se sintió atraída por Grady o lo que buscaba era escapar de su primer marido, un feriante con un carácter un poco complicado que le propinaba palizas día si, día también.

Nuesto protagonista no era especialmente simpático, y tampoco le hizo la vida muy agradable a Teresa. Tras 15 años de matrimonio tortuoso, decidieron quedar cada uno por su lado con una hija en común. La chica se quedó a vivir con su padre, pero cuando tenía 16 años no aguantó más el carácter abusivo y déspota de su padre, por lo que decidió casarse con su novio Jack, de 18 años y marcharse lejos del hogar. Sin embargo, para casarse necesitaba el permiso del chico langosta… y conociéndole, decidieron solicitarlo por teléfono. La conversación acabó en discusión acalorada, pero las amenazas de la joven de no volver jamás acabaron por ablandar el corazón de Grady, que les dijo que no pasaba nada y que volvieran a casa para que pudiera firmar el papel que quisieran. En efecto, los jóvenes enamorados decisieron que volverían a casa, pero para ahorrar tiempo, mientras la chica (Donna) iba a por el traje de novia, Jack se encargaría de las negociaciones con el padre. El novio confiado se encaminó a la casa, se acercó a su futuro suegro que le esperaba plácidamente en su sofá… y de pronto, Grady saca una pistola de debajo del sofá y propina dos disparos certeros a bocajarro al cuerpo del chico, que se desploma sin vida sobre el suelo del salón. Poco tiempo después Donna entra en casa con su traje de novia y encuentra a su prometido muerto a manos de su padre, que sonreía en el sofá mirando la escena.

Grady fue acusado de homicidio en primer grado, y pronto iría derechito a la silla eléctrica. Sin embargo, a lo largo de sus años de celebridad, había ahorrado algún dinero que le sirvió para contratar a un buen abogado. En el juicio consiguió encandilar a todos los presentes con su espectacular interpretación, en la que narraba lo dura que había sido su vida por sufrir aquella terrible deformidad. Con sus palabras consiguió librarse de todos los cargos, y una vez que volvió a la calle, empezó a mostrar un comportamiento “ejemplar” con su familia, habiendo dejado de beber y portándose bien con sus propias hijas… su conducta cambió tanto, que incluso Teresa volvió con él. La familia parecía volver a estar reunida, y durante un tiempo fueron felices, hasta que Grady volvió a las viejas costumbres. Comenzó a beber de nuevo, a maltratar a sus chicas y ignorar a su esposa. Era ambicioso y frívolo, y cansado de trabajar para los demás decidió montar su propio circo en el que mostrar a personas con deformidades como él.

La familia se embarcó en esta ambiciosa experiencia, y cada verano recorrían el país con su feria ambulante. Su esposa se encargaba de la venta de entradas, y pronto comenzó a quedarse con cierta parte del dinero obtenido hasta alcanzar una jugosa cantidad de dólares… que emplearía para un fin maquiavélico.

En efecto, un tiempo después se escucharon tres disparos en el parque de autocaravanas. Cuando los vecinos entraron vieron el cuerpo sin vida de Grady (cuidado, imágenes duras) en el sofá, rodeado de botellas de alcohol y colillas. Alguien le había disparado tres veces en la parte posterior de la cabeza… pero ¿quién? No es que fuera alguien que se hiciera querer, pero de ahí a asesinarle había un trecho. La investigación se inició, y las pruebas finalmente apuntaron a la esposa de Grady, Teresa y uno de sus yernos. Había reunido hasta $1500 y había contratado a un adolescente que hizo el trabajo sucio.

El chico fue acusado de homicidio en segundo grado y sentenciado a 27 años de prisión. Harry fue considerado el cabeza de este asesinado, así que fue acusado de homicidio en primer grado y cadena perpetua. Teresa fue acusada de cómplice y sentenciada a 12 años de prisión. En su defensa aseguró que su marido iba a matar a toda su familia, y que lo sentía pero “su familia estaba a salvo ahora”.

Esta familia se convirtió en un apartado interesante de la historia de Estados Unidos, que ha atraído la atención de múltiples turistas a lo largo de los años. Uno de los hijos de Grady, Grady III tuvo una hija que acabó dándole una nieta con la misma deformidad, y actualmente realizan funciones de vez en cuando. Su nieta Cathy fue solicitada por Tim  Burton para su película Bug Fish, y algunas páginas web hacen promociones con merchandising de Grady, como flotadores con su cuerpo o guantes con forma de pinza, o libros con fotos de los archivos policiales.

La anosognosia

Hoy vamos a hablar de la anosognosia, que es un nombre muy raro y así como trabalengüesco. Supongo que a todos los que estamos aquí nos ha dolido algo alguna vez, y somos conscientes de ello. Por ejemplo, yo soy plenamente consciente de que puedo ver, y estoy segurísima de que si algún día dejara de ver… pues me daría cuenta. Bueno, ¿y si os dijera que hay una enfermedad que te hace no saber que estás enfermo?

La anosognosia es una condición por la cual la persona no es capaz de darse cuenta de que tiene algún tipo de incapacidad. Así contado suena como muy abstracto, y podéis imaginaros que la gente puede no darse cuenta de que tiene trastornos como la esquizofrenia o un trastorno de personalidad, donde es habitual que los pacientes no se mediquen porque no creen que lo necesiten. En realidad, es importante diferenciar lo que es la anosognosia y lo que es la negación. En el caso de esta última, el paciente sabe que en el fondo hay algo que funciona mal en él, y trata de disminuir su inquietud psicológica negando la realidad (por ejemplo trata de no ir al médico para no confirmarlo). En la anosognosia, el sujeto no es consciente de que haya algún problema, y hablamos de temas como la ceguera o la parálisis. Esto si que suena difícil de creer, ¿cómo alguien que no ve ni torta no va a darse cuenta de que está ciego si antes veía? Pues justamente esto es lo que nos cuenta Oliver Sacks en su relato “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” y es la historia (bueno, un cachito de ella)  que vamos a utilizar para entender bien las implicaciones de este déficit cognifivo:

El doctor P. era un músico distinguido, había sido famoso como cantante, y luego había pasado a ser profesor de la Escuela de Música local. Fue en ella, en relación con sus alumnos, donde empezaron a producirse ciertos extraños problemas. A veces un estudiante se presentaba al doctor P. y el doctor P. no lo reconocía; o, mejor, no identificaba su cara. En cuanto el estudiante hablaba, lo reconocía por la voz. Estos incidentes se multiplicaron, provocando situaciones embarazosas, perplejidad, miedo… y, a veces, situaciones cómicas. Porque el doctor P. no sólo fracasaba cada vez más en la tarea de identificar caras, sino que veía caras donde no las había: podía ponerse, afablemente, a lo Magoo, a dar palmaditas en la cabeza a las bocas de incendios y a los parquímetros, creyéndolos cabezas de niños; podía dirigirse cordialmente a las prominencias talladas del mobiliario y quedarse asombrado de que no contestasen.

Al principio todos se habían tomado estos extraños errores como gracias o bromas, incluido el propio doctor P. ¿Acaso no había tenido siempre un sentido del humor un poco raro y cierta tendencia a bromas y paradojas tipo Zen? Sus facultades musicales seguían siendo tan asombrosas como siempre; no se sentía mal… nunca en su vida se había sentido mejor; y los errores eran tan ridículos (y tan ingeniosos) que difícilmente podían considerarse serios o presagio de algo serio. La idea de que hubiese «algo raro» no afloró hasta unos tres años después, cuando se le diagnosticó diabetes. Sabiendo muy bien que la diabetes le podía afectar a la vista, el doctor P. consultó a un oftalmólogo, que le hizo un cuidadoso historial clínico y un meticuloso examen de los ojos. «No tiene usted nada en la vista», le dijo. «Pero tiene usted problemas en las zonas visuales del cerebro. Yo no puedo ayudarle, ha de ver usted a un neurólogo. » Y así, como consecuencia de este consejo, el doctor P. acudió a mí.

[…] cuando examinaba los reflejos (un poco anormales en el lado izquierdo) se produjo la primera experiencia extraña. Yo le había quitado el zapato izquierdo y le había rascado en la planta del pie con una llave (un test de reflejos frívolo en apariencia pero fundamental) y luego, excusándome para guardar el oftalmoscopio, lo dejé que se pusiera el zapato. Comprobé sorprendido al cabo de un minuto que no lo había hecho.

—¿Quiere que le ayude? —pregunté.
—¿Ayudarme a qué? ¿Ayudar a quién?
—Ayudarle a usted a ponerse el zapato.

[…]—Es la vista —explicó, y dirigió la mano hacia el pie—. Éste es mi zapato, ¿verdad?
—No, no lo es. Ése es el pie. El zapato está ahí.
—¡Ah! Creí que era el pie.

¿Bromeaba? ¿Estaba loco? ¿Estaba ciego? Si aquél era uno de sus «extraños errores», era el error más extraño con que yo me había tropezado en mi vida.

Le ayudé a ponerse el zapato (el pie), para evitar más complicaciones. Él, por otra parte, estaba muy tranquilo, indiferente, hasta parecía haberle hecho gracia el incidente. Seguí con el examen. Tenía muy buena vista: veía perfectamente un alfiler puesto en el suelo, aunque a veces no lo localizaba si quedaba a su izquierda.

En esta historia lo que vemos es un caso de prosopagnosia, pero es una de las enfermedades en las que mejor podemos ver reflejada la anosognosia. El señor P. tenía claros problemas con su visión, independientemente de que se tratara un daño en las zonas visuales del cerebro, algo hacía que no viera bien. Si cualquiera de nosotros confundiera a los niños de la calle con las bocas de incendio, probablemente se daría cuenta de que algo no nos funciona bien en la azotea … pero ¿por qué el señor P. no se daba cuenta? Si os fijáis él le quitaba importancia y decía que eran exageraciones de los demás.

La anosognosia se da entre un 10% y un 18% en casos de hemiplegia o hemiparesis tras los infartos cerebrales, pero también puede pasar ante otro tipo de trastornos como los trastornos psicóticos o del estado de ánimo,  los Alzheimer y los afásicos.

Los estudios encuentran que no parece estar directamente relacionada con pérdidas sensoriales, sino que parece estar causada por algún daño más profundo a nivel frontal, de manera que se estropeen los sistemas encargados de integrar y procesar toda la información sensorial para combinarse con esos procesos que conforman las representaciones espaciales de nuestro cuerpo. Las investifaciones actuales señalan que es posible que ante un daño cerebral, nuestro yo (entendido como la conciencia de nosotros mismo) queda escindido y no le es posible integrar la información referente a la lesión como parte de nosotros, de manera que queda sin procesar y es como si no existiera.

Para ilustrar la anosognosia vamos a ver dos videos. El primero está en inglés, pero aunque haya alguien que no lo entienda no pasa nada, porque lo importante es escuchar cómo dice las cosas. Si os fijáis en el discurso de esta señora, veréis que repite palabras sin parar, a mucha velocidad y que no tienen sentido. Sufre de Afasia de Wenicke y en este tipo de afasia (de la que hablaremos en otra entrada) la persona comprende a los demás, pero a la hora de hablar es donde encuentra problema. A grosso modo, lo que les pasa es que sueltan un discurso absolutamente incomprensible para los demás, pero ellos no se dan cuenta porque ellos producen un discurso con sentido como si fueran a hablar normal, pero algo está estropeado en el cerebro y hace que salgan cosas sin sentido. Las personas con esta afasia sufren anosognosia y no se dan cuenta de que los demás no los están entendiendo.

En este segundo video vemos a otro paciente con la misma afasia, pero esta vez en castellano

Si os ha parecido interesante esta entrada, os recomiendo encarecidamente (creo que es la décima vez que lo hago) que consigáis el libro de Oliver Sacks, es muy interesante, está muy bien contado y vais a encontrar muchas historias muy curiosas.

Sacks, O. (2004). El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Anagrama.

La mitomanía

Cada día escuchamos unas cuantas anécdotas por parte distintas personas que nos vamos encontrando por ahí. Nuestra reacción común es escuchar y no dudar de los testimonios que nos están contando. Sin embargo, en muchas ocasiones vemos que esas historias comienzan a tener lagunas y surjan las incongruencias. Hay personas que cuentan historietas de grandes éxitos, y que a la hora de la verdad muestran su inexactitud y comenzamos a ver que puede que no sean del todo ciertas… como el típico chico que contaba que se había echado una novia espectacular en el pueblo, a la cual nadie iba a conocer jamás.

Hoy vamos a hablar de un incipiente trastorno mental que aún no aparece recogido en los principales manuales diagnósticos, pero que se está alzando como una condición muy común en nuestros días, hablamos de la mitomanía.

La mitomanía es una tendencia patológica a mentir como medio de protegerse de una realidad que no les es agradable. Algunas personas lo utilizan para mejorar su autoimagen y así disminuir el malestar que les provoca su baja autoestima. Son egoístas y narcisistas, sin control de impulsos y tendentes al abuso en general (medicamentos, drogas, alcohol, juego…etc.)

El mitómano sabe que miente, y habitualmente sus historias comienzan siendo un intento de llamar la atención. Sin embargo, a medida que repite una y otra vez la narración comienza a creérsela, y llega un momento en el que la realidad queda tan distorsionada, que no es capaz de distinguir sus invenciones de lo que realmente ocurrió, a pesar de todas las pruebas que muestran la falsedad de su testimonio. A menudo recurre a la mentira sin pensar en las consecuencias, pues lo único que pretende es conseguir unos objetivos determinados, como obtener alabanzas y cumplidos, o cuidados especiales por simular una situación penosa socialmente, como por ejemplo inventar que perdió a un amigo o que una novia le dejó y se siente muy desdichado.

Seguro que alguno está pensando cómo es posible que no nos demos cuenta de que están mintiendo. Es sencillo, es difícil identificar estas mentiras porque a menudo están mezcladas con retazos de realidad, y son sobre acontecimientos perfectamente factibles. Por ejemplo, un psicótico podría inventar historias como que un presidente le llamó por teléfono para preguntarle qué tal el día. Ante esta historia la reacción normal es dudar de su veracidad, por las pocas posibilidades reales de que esto suceda. Sin embargo, un mitómano podría inventar que un profesor o un jefe alabó su buen hacer, o que estableció una relación sentimental con alguien.

Es importante establecer también una diferenciación con los mentirosos, y es que mientras éstos inventan historias para protegerse o para obtener beneficios directos, los mitómanos lo hacen compulsivamente, tratando de obtener un favor pero no tan inmediato como los anteriores, sino que tiene un objetivo más de autoconvencerse para mejorar partes de sí que no les gustan.

Aunque así contado parece no ser una problemática tan grave como otras de las que contamos aquí, hay que tener en cuenta todas las implicaciones a nivel social que conlleva este nuevo trastorno. Dado que la persona miente o exagera para obtener prestigio social y acaba creyendo su propia fabulación, comienza a llevar a cabo comportamientos de riesgo en relación a esta historia. Imaginemos un sujeto que crea una mentira sobre su historia de superación porque logró salir del mundo de las drogas. Con esta idea, gana prestigio social en el sentido en que todos sus logros tienen un plus de beneficio, pues ha conseguido superar la adversidad y aún con todo lo que tiene detrás, ha logrado reinsertarse y llegar a conseguir lo mismo que las personas sin problemas. El fallo de esto, es que puede basar su conducta actual en base a esa mentira, que en principio sólo buscaba los halagos de los demás. Si en un momento dado sus contactos cesan las alabanzas, es probable que tenga que recurrir a magnificar el problema para seguir garantizándose el apoyo, y puede inventar historias que impliquen recaídas o problemas con personas peligrosas, lo que puede derivar en que se autolesionen para dar credibilidad a sus testimonios. Llega un momento en que la mentira crece tanto que sólo puede ir a más, y cuando se dan cuenta no hay vuelta atrás.

A nivel social también tiene graves implicaciones, pues en un principio las mentiras tienen un carácter omnipotente y el sujeto piensa que todos van a creerle, pero cuand ose pasa a una segunda fase en al que aparecen las contradicciones, el sujeto va siendo restringido por las actividades de su círuclo. Cuando el contexto se da cuenta de estas mentiras deja de interesarte por toda la problemática, lo que agrava el comportamiento de llamar la atención del mitómano que comienza a relacionarse con otros sujetos que muestran un nivel evolutivo y comportamental más bajo, que deriva en la asunción de conductas de riesgo. La pérdida de credibilidad y el desinterés, hacen que sufra enormemente y que se sienta incomprendido. Como veis, se forma una especie de bucle en el que cuanta menos atención se le presta, más trata de llamar la atención… con lo que resulta especialmente complicado enfrentarse al sujeto y hacerle ver que tiene un problema.

La mitomanía afecta aproximadamente a 1 de cada 1000 jóvenes aproximadamente, y se reparte igual entre los dos sexos. Como vemos, es un trastorno muy incipiente y esto hace que aún no se contemple en los principales manuales de diagnóstico como el DSM o la CIE-10. No hay muchos datos, pero los primeros estudios muestran no hay pruebas para decir que se trate de algo heredado, sino que tiene más bien características de aprendizaje. Cuando se da entre los 5 y los 7 años, las mentiras se caracterizan por fabulaciones, y los niños pueden decir que hay monstruos en el cuarto o que han visto a gente merodear desde su ventana. En la entrada anterior vimos el TAS y ahí también veíamos esta característica, los niños mentían para que los padres no se separaran de ellos, y justamente por este motivo la mitomanía ha ido quedándose relegada a un segundo plano: se confundía con otros trastornos. Sin embargo, se ha ido viendo que las fantasias de los mitómanos van evolucionando y se encuadran en distintos grupos:

– Ligadas a la fantasía, donde estarían aquellas relacionadas con personajes o mostruos (normativa)

– Mentiras compensatorias, que son el reflejo de una carancia emocional. Por ejemplo, a falta de buenos resultados en el ámbito académico, inventaría que los maestros alaban sus intervenciones, dice obtener malos resultados por culpa de otros o inventan historias para dar más valor a sus logros: minusvalías, problemas familiares…etc.

– Mentiras utilitarias, serían las que buscan obtener algo. Pueden ser evitar un castigo o no asumir responsabilidades, por ejemplo cuando se justifica el mal resultado de un proyecto por la incompetencia del evaluador, o inventar que se estuvo en el hospital con un familiar muy grave para justificar no haber acudido al trabajo

La trabajadora social Ana Simó, señala que existen distintas causas que pueden derivar en la mitomanía, entre las que destacan:

(1) Trastorno de personalidad hipertímico: Las personas que sufren este trastorno tienen un estado de ánimo persistentemente elevado, son superficiales y frívolas. Por conseguir sus objetivos son capaces de ignorar las consecuencias de sus actos y no son capaces de ponerse en el lugar de los demás, con lo que mentir no les supone ninguna complicación.

(2) Necesidad patológica de atención y admiración de los demás.

(3) Baja autoestima: Necesitan ser valoradas por los demás, y para garantizar ser buenos en algo que consideran no poder lograr por sus propios méritos tienen la tendencia a inventar historias en las que son valorados por conductas que consideran valiosas. Tratan de quedar por encima de los demás en un intento de demostrar que son buenos y que tienen características positivas que los demás no.


Para saber más:

Trastorno de ansiedad de separación

Cada año, cuando llega septiembre vemos esta escena en todos los colegios del país: niños llorando porque llega su primer día de cole. Esto no es nada nuevo, y si echamos la vista atrás, probablemente más de uno pueda acordarse de las pataletas que montaba si sus padres le dejaban solo en casa de los abuelos, en el colegio o en el comedor. El miedo a la separación es algo adaptativo y común a casi todas las especies, porque si no sintiéramos ansiedad al vernos solos e indefensos… podríamos acabar siendo una buena merienda para algún depredador. Pero entonces, si esto es algo normal ¿qué hacemos hablando de ello aquí?

Pues como todo en esta vida, es normal en su justa medida. Sin embargo, algunos niños muestran una reacción excesiva ante la mera idea de quedarse solos y esto puede afectar gravemente a su desarrollo y a la relación con el principal cuidador. Hoy vamos a ver el llamado Trastorno de ansiedad por separación.

Este trastorno se ubica dentro de los trastornos de inicio en la infancia, y se caracteriza por una excesiva preocupación por alejarse de las personas a las que está vinculado o separarse del hogar. Como hemos dicho, es normal que los niños pequeños sufran miedo a separarse de sus padres, pues evolutivamente muchos aún no son conscientes de la noción de permanencia del objeto, y piensan que cuando algo se va… ya no volverá.  La mayoría de nosotros aprende a través de la experiencia que cuando alguien se va, vuelve pasado un rato y así, la marcha no nos provoca ansiedad.

En el trastorno de ansiedad por separación (TAS) se da una ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del sujeto (que generalmente es un niño o adolescente).  Su principal característica es la ansiedad anticipatoria y es que sorprende mucho ver las ideas que pueden tener estos niños. Por ejemplo, en uno de los casos que leí hace poco, una niña pequeña estaba totalmente aterrada de salir de casa para ir al colegio porque estaba convencida de que “Si me voy a casa, mi mamá se convertirá en esqueleto” o que “Cuando me dejen en el cole puede que algo los mate, y yo no los puedo proteger si no estoy con ellos”. 

Estos miedos se manifiestan de distinto modo en función de la edad del sujeto, niños preescolares pueden no ser capaces de definir sus miedos de manera específica pero muestran ansiedad y malestar. Los niños en edad escolar, pueden expresar sus miedos como hemos visto hace un momentito, y los adolescentes, sobre todo los chicos, pueden no manifestar la ansiedad por la separación en los mismos términos que los más pequeños, pero la manifiestan de una forma más encubiera, por ejemplo, negándose a salir por ahí o acompañando en todas las circunstancias a sus padres. Los adultos también pueden manifestar TAS , y puede verse reflejada como una excesiva preocupación por sus cónyuges e hijos, al tiempo que experimentan un notable malestar al separarse de ellos; otros pueden incluso ver limitada su capacidad para cambiar de domicilio o casarse. Sin embargo, es importante que os diga que el TAS es muy raro en adultos, a no ser que lo lleven arrastrando desde antes de los 18 (y aún así no es muy común), lo más habitual es que se diagnostique otro trastorno que explique mejor su comportamiento dependiente (un trastorno de personalidad límite, una fobia social, agorafobia…etc.)

Los niños pueden presentar miedos a animales, monstruos, la oscuridad, fantasmas, ladrones, secuestradores, accidentes de coche, viajes en avión y otras situaciones que son percibidas como peligrosas para la integridad de la familia o de sí mismos. Son frecuentes las preocupaciones acerca de la muerte y el morir; y cuando están solos, especialmente por la noche, los niños pequeños pueden explicar experiencias perceptivas insólitas como ver personas que se asoman a la habitación, criaturas monstruosas que intentan cogerlos, ojos que les miran fijamente o cualquier otra cosa que pueda hacerles daño para que vayan a vigilarle. Pueden quejarse de que nadie les quiere o de que nadie les cuida y hasta decir que desearían estar muertos. Cuando están muy alterados ante la idea de una separación pueden mostrarse muy enfadados y, así llegar a agredir a la persona que consideran que están forzando la separación que tanto temen, por lo que se pueden comportar de forma exigente y requiriendo atención constante.

El TAS puede iniciarse antes de los 6 años, pero también en cualquier momento antes de los 18, aunque es raro que se de durante la adolescencia, y es más frecuente en chicas que en chicos.  Puede aparecer ante algún evento estresante como por ejemplo la hospitalización, sobre todo si ha sufrido intervenciones dolorosas o no tenía a la familia cerca. La escuela también puede ser un acontecimiento traumático porque implica una separación de la familia, y por supuesto no podemos olvidar eventos como la separación o divorcio de los padres, o incluso la muerte de alguno de ellos.

Y ahora nos preguntamos cómo es posible que haya personas que no lleguen a acostumbrarse nunca a la separación, y haya otras que se desarrollen sin problemas. Las explicaciones teóricas nos apuntan a distintos frentes: factores genéticos,  relaciones de vinculación y apego, los estilos educativos con los que nos criamos y nuestra forma de procesar la información del medio.

Desde la biología se nos dice que existen personas más vulnerables que otras a la ansiedad. Factores genéticos hacen que su predisposición sea mayor, y que ante la influencia de determinados factores ambientales, tengan más posibilidades de desarrollar ansiedad que otros. Si además de ser más susceptible que otros, tengo la mala suerte de haberme criado en un entorno en el que mi principal figura de vinculación no se muestra estable, forjaré mi opinión del mundo y de las relaciones a partir de mi propia experiencia. Una madre o un padre que muestran un comportamiento desorganizado, y tan pronto están absolutamente disponibles para el niño, como se cierran en sí mismos y no le ofrecen ninguan atención, hacen que el niño no sepa a qué atenerse ni qué esperar de las personas que le rodean. Además, en estas relaciones es común que la principal figura de apego tenga la necesidad de ser especialmente protectora con el niño, de modo que le advierte de todos los posibles peligros que le acechan, y le crea una sensación de inseguridad y baja autoeficacia. Esto va a hacer que cuando se encuentre con algún estímulo similar del que su cuidador advertía, se disparen los mecanismos de ansiedad y comience a interpretar la situación de un modo erróneo. Convencido de estas cogniciones negativas sobre los demás y sus intenciones, es normal pensar que tengan miedo de separarse de los padres por si les pasa algo en su ausencia.

Ahora vamos a ver un caso clínico, y después voy a poneros los criterios de DSM-IV, y así vamos a ver si los cumple para poder diagnosticar este trastorno.

María es una niña de 5 años y 6 mese que fue enviada a evaluación por prescripción de su pediatra. A pesar de ser una niña aparentemente normal y charlatana en casa, siempre había sido tímida y reticente en contextos de grupos más amplios […] Su madre la trajo a la clínica porque desde hacía 6 meses, la situación era desbordante.

En cuanto a su contexto, María tenía una familia normal. Su padre era ingeniero y su madre ama de casa. Antes de nacer María, sus padres habían intentado tener niños, pero siempre acababan sufriendo abortos, por lo que el nacimiento de María fue un milagro para la familia. Su madre sufrió una depresión derivada de estos acontecimientos, pero fue tratada con Prozac y mejoró sustancialmente. A los 42 años, consideraron que eran demasiado mayores como para afrontar el riesgo de un nuevo embarazo, y abandonaron la idea.

En el nacimiento María fue normal, pero durante los primeros días surgieron complicaciones como un taponamiento de las vías nasales que derivaron en una intervención quirúrgica. Su madre sufrió ataques de ansiedad por la delicada situación de su única hija.

Durante los primeros años, María sufrió crisis de ansiedad, cólicos y vómitos, que según el doctor eran manifestación de un sistema digestivo sensible e inmaduro. A partir de este momento, la niña se vuelve quisquillosa con la comida, y apenas realiza las comidas estipuladas. Su desarrollo cognitivo fue normal.

Su madre se describe como reservada, pero tiene una muy buena amiga que tiene una hija de la edad de María. Pasaban mucho tiempo juntas, pero […] por motivos de trabajo, tuvieron que mudarse de la ciudad. Para que María no echara en falta a su única amiga, la madre optó por inscribirla en la ludoteca por las mañanas. Sin embargo, cuando fue a dejarla, María tuvo un fuerte berrinche, agarrada a la pierna de su madre se agarró a su pierna sin poder contenerse […], cuando parecía que pasaba y su madre trató de alejarse de nuevo, María empezó a llorar con más intensidad, esta vez acompañado de chillidos y pidiendo que su madre no se fuese. La directora le aconsejó que no cediese, y le recomendó que la dejara sola y que ya se le pasaría, pero cuando volvió pasadas tres horas, María la miró emocionalmente agotaba, como si estuviese apagada. Estaba jugando sola en una esquina y meciendo su muñeca, al tiempo que tenía los ojos rojos e hinchados de llorar. La directora le contó que no había pasado en todo el rato.

Por la noche, se negó a dormir sola, y de no ser por la insistencia del padre, no habría dejado a la madre irse del cuarto. Por la noche, María comenzó a gritar, y su madre tuvo que acudir en varias ocasiones para calmarla, porque estaba teniendo una pesadilla en la que su madre se había marchado. Para reducir su miedo, la madre empezó a dejar la luz de la habitación encendida por las noches.

A la semana siguiente, cuando estaban preparando las cosas para ir a la ludoteca, María empezó a llorar y a quejarse de que le dolía el estómago al tiempo que se lo presionaba. Su madre estaba segura de que estaba mintiendo para quedarse en casa, así que la metió de todos modos en el coche mientras ésta gritaba y pataleaba. Durante los siguientes 3 meses el ritual se repitió, pero acabó sentándose junto a la ventana mientras se quejaba para ver cuándo volvía su madre.

Una nueva familia se trasladó a la casa de su amiga, y daba la casualidad de que tenían una niña de la misma edad que María, y la madre la invitó a merendar varios días. María y la nueva niña decidieron que una noche irían a dormir juntas a su casa. María comenzó a sentirse ansiosa una hora antes de marchar a la casa de la niña y comenzó a hacer preguntas a su madre sobre lo que haría en su ausencia. Su madre le dijo que iría a toamr un baño y se iría a dormir, y María comenzó a preocuparse con la idea de que su madre pudiera resbalarse en la bañera y que si ella no estaba en casa, moriría ahogada […]

Cuando empezó la escuela no participaba en ninguna actividad […]. Pasaron 4 meses y no había dicho ni una sola palabra.

Este ha sido nuestro caso a grandes rasgos, ahora vamos a ver los criterios y vamos a ver si los identificamos.

Criterios para el diagnóstico de trastorno de Ansiedad por separación (309.21)

A. Ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del sujeto, concerniente a su separación respecto del hogar o de las personas con quienes está vinculado, puesta de manifiesto por tres (o más) de las siguientes circunstancias:

(1)   malestar excesivo recurrente cuando ocurre o se anticipa una separación respecto del hogar o de las principales figuras vinculadas

(2)   preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida de las principales figuras vinculadas o a que éstas sufran un posible daño

(3)   preocupación excesiva y persistente por la posibilidad de que un acontecimiento adverso dé lugar a la separación de una figura vinculada importante (p. ej., extraviarse o ser secuestrado)

(4)   resistencia o negativa persistente a ir a la escuela o a cualquier otro sitio por miedo a la separación

(5) Resistencia o miedo persistente o excesivo a estar en casa solo o sin las principales figuras vinculadas, o sin adultos significativos en otros lugares

(6)   negativa o resistencia persistente a ir a dormir sin tener cerca una figura vinculada importante o a ir a dormir fuera de casa

(7)   pesadillas repetidas con temática de separación

(8)   quejas repetidas de síntomas físicos (como cefaleas, dolores abdominales, náuseas o vómitos) cuando ocurre o se anticipa la separación respecto de figuras importantes de vinculación

Como vemos, María cumple casi todos los síntomas del criterio A. Cuando llegaba la hora antes de ir a la ludoteca, comenzaba a manifestar las quejas somáticas, simplemente imaginando que se iba a separar de su madre. También muestra una preocupación excesiva por si le sucede algo a su madre, como por ejemplo ahogarse en la bañera. No quiere irse a casa de las amigas, a la ludoteca o al colegio por no dejarla sola. También manifiesta problemas de sueño como pesadillas.

B. La duración del trastorno es de por lo menos 4 semanas. (aquí lleva unos 6 meses)

C. El inicio se produce antes de los 18 años de edad.

D. La alteración provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, académico (laboral) o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

E. La alteración no ocurre exclusivamente en el transcurso de un trastorno generalizado del desarrollo, esquizofrenia u otro trastorno post-psicótico, y en adolescentes y adultos no se explica mejor por la presencia de un trastorno de angustia con agorafobia.

Vemos que la niña cumple todos los criterios de TAS, de modo que podríamos llevar a cabo el diagnóstico con bastante seguridad. Si analizamos la historia, vemos además la existencia de una serie de factores predisponentes y de mantenimiento que pueden estar influyendo en la aparición del trastorno. Como dijimos antes, el estilo educativo puede influir en la sensación que tenga el niño en relación a su cuidador, y si nos fijamos en el caso de María, vemos que la actitud de su madre puede estar teniendo mucho peso en sus conductas. En la historia se nos dice que  antes de nacer María hubo varios abortos, y además al nacer fue una niña con problemas de salud. Es esperable que su madre tenga la necesidad de mostrarse protectora con ella, de manera que su ansiedad ante los problemas de María, parece haberse pasado a la niña, que se muestra especialmente temerosa. La protección que desprende hacia ella, hace que la niña pueda tener miedo de que realmente suceda algo, y a su vez muestre el mismo temor que su madre. Esta conducta de sobreprotección crea una especie de bucle, y hace que cada vez una sea más dependiente de la otra. También podemos hipotetizar la influencia de las variables biológicas, que como decíamos también pueden hacer que algunas personas sean más vulnerables que otras, y como hemos podido apreciar, María tenía la influencia de la personalidad nerviosa de su madre.

Ahora que conoceis bien este trastorno, podéis encontrar vosotros mismos las influencias en el caso de María y lanzar vuestras propias hipótesis.

 

 

 


La percepción visual I

¿Alguna vez os habéis preguntado cómo funciona la vista? Como es una de esas cosas que hacemos todos los días sin esfuerzo, pues no solemos plantearnos qué habrá ahí detrás para que la cosa funcione. Desde que nos levantamos y abrimos los ojos (incluso cuando soñamos estamos “viendo”) estamos todo el día viendo objetos, personas, colores…etc. y no sólo los percibimos, sino que además sabemos cómo se llaman, para qué sirven e incluso llegan a provocar una emoción determinada. Está claro que algo debe haber por ahí dentro que funciona como en cadena…pero ¿qué es?. Pues en la entrada de hoy vamos a hablar de la visión y su procesamiento neuronal para despejar todas estas preguntas. Como es un tema muy complejo, esta entrada va a estar dividida en varias partes. Hoy vamos a centrarnos en los aspectos fundamentales desde que la luz entra en nuestros ojos.

Antes de nada hay que aclarar que el proceso de visión no es tan simple como nos habían explicado en un principio. Si bien es cierto que se inicia así, la idea no sería tanto como esto:

Sino más bien como esta otra imagen. Como podéis ver, lo que se capta en cada ojo se envía por distintas vías a una serie de núcleos en los que va a ir haciendo relevo. En cada estación de paso, la información captada va a dejar parte de si misma, y va a tomar otras informaciones. Por ejemplo en el tálamo se unirá con otras informaciones sensoriales, en áreas visuales se puede unir a información semántica, también establece conexiones con áreas que se encargarán de dotar a esa imagen captada de un significado emocional (por ejemplo no es lo mismo mirar a una pared que no nos dice nada, que mirar a una persona significativa). Es un proceso muy complejo en el que intervienen muchas partes del cerebro, por lo que es importante delimitar bien la función de cada una, y conocer qué pasa si alguna de ellas falla. Una vez que la información recorre todo este camino, es cuando la experiencia visual se hace consciente y la imagen adquiere un significado, somos capaces de nombrar lo que vemos, e incluso de decir para qué sirve. Quiero que os paréis un segundo a pensar, y os fijeis en lo rápido e inconsciente que es este proceso. Ahora mismo estáis mirando la pantalla del ordenador, estáis viendo letras y estáis siendo capaces de juntar las letras, darles un significado y entender lo que os estoy contando. No os estáis dando cuenta de que estáis haciendo todo esto, pero aún así sucede. Sin que nos enteremos ¿Cómo es esto posible?

Lo primero y más importante en el proceso visual es la luz. De acuerdo, esto es una cosa muy obvia… pero ¿Por qué es importante la luz para nosotros si hay animales que ven bien a oscuras?. Todos apagamos las luces por la noche, dejando nuestro cuarto a oscuras (iluminado sólo por la luz de la ventana, por ejemplo) y al principio no vemos ni torta. Ahora bien, si después de un rato nos fijamos bien… somos capaces de distinguir con bastante acierto lo que hay a nuestro alrededor, aunque sea en una escala de grises y no con tanto detalle. El hecho de que desaparezcan los colores y los detalles de lo debemos a nuestros receptores visuales: los conos y los bastones.

Los conos se encargan de captar los detalles finos y de extraer la información que nos permite ver los colores. Los bastones por contra, son bastante más brutos y lo que nos permiten es ver las formas en general. Cuando hay luz se activan los primeros, pero cuando las condiciones lumínicas son pobres… se activan los segundos, que además son mucho más efectivos cuando llevan un rato trabajando (y dentro de un poco vamos a ver el motivo de esto). Como vemos, estos receptores se diferencian en muchas más cosas que la forma, por ejemplo en su distribución. En la retina tenemos una zona llamada fóvea que sólo tiene conos (recordad que se encargaban de los detalles) y se encuentra en todo el centro de la línea visual. Esto quiere decir que cuando miramos un objeto, éste cae directamente sobre la fóvea. Hay por los menos 5 millones de conos en cada retina, por lo que tienen que ser muy enanos (de hecho, Goldstein nos dice que en esta ‘o’ caben hasta 50.000 conos) y casi todos se ubican en la zona de la fóvea. Hay muchísimos más bastones (unos 120 millones) pero se encuentran en la periferia.

Hay una zona de nuestro ojo que no tiene ni un solo receptor, y es el agujero al fondo de la retina que contiene el nervio óptico. Lo llamamos punto ciego, justamente porque no tiene ningún receptor y no nos sirve para ver. Un momento, un momento… si tengo un agujero negro en mi ojo, entonces ¿cómo es posible que no vaya por ahí viendo puntos negros? Pues porque nuestros ojos tienen un ligero desfase uno frente al otro, lo que permite que al superponer las dos imágenes ese punto negro quede cubierto. Pero ahora os voy a enseñar una cosa muy chula para que os encontréis el punto ciego:

Lo que tenemos que hacer es muy fácil. Primero tenemos que fijar la vista en la cruz de la izquierda y a continuación nos tapamos el ojo izquierdo (sin dejar de mirar a la cruz). Ahora os vais alejando lentamente de la pantalla sin apartar la vista de la cruz, y llegará un momento en el que el círculo de la izquierda desaparezca, y si seguimos alejándonos volverá a aparecer. La figura desaparece porque cae justo en nuestro punto ciego, y al taparnos uno de los ojos impedimos que se produzca ese efecto de compensación que nos permite ir tapando esos “vacíos” de visión. Además de esto, los estudiosos postulan que nuestro cerebro tiene un mecanismo que le permite llenar huecos.

Ahora que sabemos esto, vamos a volver con la luz. Nuestro sistema visual está basado en la luz visible que es una proporción de energía que se incluye en el espectro electromagnético y se irradia en forma de ondas. Nuestra luz incluye longitudes de onda entre los 400 y los 700 nanómetros, lo que nos permite ver los colores que aparecen en la figura que tenemos aquí al lado: del rojo al violeta.

Detectar el color es una cosa muy curiosa que tenemos que agradecerle a la evolución, porque distinguir unos objetos sobre otros porque su color destaque más… puede haberle salvado el día a más de uno. Por ejemplo, nuestros antepasados podían pasarse un día entero buscando frutos si veían todo en grises… pero si de pronto soy capaz de distinguir una fruta roja sobre un fondo verde, pues ya no tendré tanto problema a la hora de buscar alimento. De hecho, esta teoría es la que proponen muchos investigadores para explicar el motivo por el que surgió nuestra percepción del color.

Que veamos los objetos de un color o de otro, depende básicamente de la cantidad de luz que se refleja desde ellos. Así, las longitudes de onda entre 450 y 490 nm se verán azules, y las que estén entre 590 y 620 nm se verán naranjas. Para analizar las longitudes de onda reflejadas, usamos una cosa que se llama curva de reflectancia, que no es más que una representación gráfica del porcentaje de luz reflejado por un objeto en función de su longitud de onda. En esta gráfica vemos que cuando la luz se refleja de forma plana se ven blancos, grises o negros (colores acromáticos), pero cuando una longitud de onda se refleja más que otra surgen los colores cromáticos (esto se llama reflexión selectiva).

Nosotros podemos percibir ¡hasta 200 colores! (o al menos, eso dicen desde el laboratorio) y todo esto a través de la combinación de los colores básicos: rojo, amarillo, verde y azul. Si vamos jugando con la longitud de onda, la intensidad del color y la saturación, podemos conseguir muchísimos más colores, como por ejemplo los 1225 que parecen en el Sistema Pantone (son esas fichas con colores que os enseñan cuando vais a comprar pintura, por ejemplo).

Bueno, ahora que somos expertos en la percepción cromática, vamos a volver al sistema visual (desde ahora SV). Nuestro SV está formado principalmente por tres estructuras: el ojo, el núcleo geniculado lateral del tálamo y el cortex estriado (que es el área visual y se llama así porque tiene un montón de estrías blancas).

Cuando la luz entra en nuestros ojos, atraviesa primero dos estructuras: el cristalino y la córnea, que nuestros “enfocadores” y proyectan la imagen percibida en la retina, haciendo que la luz estimule a nuestros conos y bastones. Estos receptores tienen unas sustancias químicas (los pigmentos) que reaccionan a la luz y generan señales eléctricas. La transducción de la luz en electricidad se produce en los segmentos de los receptores. Dentro de los segmentos podeis ver que hay una especie de discos, que son los que contienen en sus moléculas las proteínas opsina y retinal (que es sensible a la luz). Cuando la retinal se une a la opsina,  ésta reacciona a la luz absorbiendo un fotón de luz, lo que provoca que la retinal cambie su forma en un proceso que se llama isomerización (que es básicamente cuando una molécula se transforma en otra con los mismos átomos pero organizados de otra forma). La isomerización de una sola molécula de pigmento visual provoca una reacción química muy grande, que llamamos cascada de enzimas (porque se activan un montón de ellas, como si fuera una especie de dominó).

Hemos visto como cuando cae la luz sobre los receptores, las moléculas se unían y la retinal cambiaba de forma. Al cambiar se separa de la molécula grande de opsina y hace que la retina adquiera una coloración más clara en un proceso que se llama decoloración del pigmento… pero antes de poder repetir este proceso, las dos moléculas tendrán que volver a unirse ¿Cómo sucede esto? Pues este proceso se produce en la oscuridad, y explica otro de los fenómenos visuales que a mi me parecen más curiosos: distinguir los objetos en la oscuridad.

Esto nos ha pasado a todos: Vas a acostarte con las luces apagadas y…¡golpe en el pie con la pata de la cama! Claro, no ves nada porque está muy oscuro. Ahora bien, si nos acostamos y estamos un rato a oscuras… pero por lo que sea abrimos los ojos, somos capaces de ver muy bien en la oscuridad. Como ya sabemos no podemos ver los colores porque nuestros conos están out, pero si que distinguimos las formas perfectamente y apreciamos una escala de grises bastante digna. ¿Qué ha pasado durante este rato que me hace ver la pata de la cama con la que me di antes? Pues justamente este proceso de regeneración del pigmento. William Rushton descubrió que es en la oscuridad donde se regeneran esos pigmentos de los que hemos hablado antes, que los conos tardan seis minutos en regenerarse por completo y que los bastones lo hacen en media hora. Así se explica que se necesiten al menos 15 minutos para poder distinguir los objetos que no veíamos cuando entramos en la habitación.

Una vez que tenemos las señales eléctricas, éstas van a viajar a través de una serie de capas formadas por distintas células: las amacrinas, las bipolares, las horizontales y las ganglionares (Todo este rollo técnico queda muy bien reflejado en este dibujo que os pongo) Como veis tienen que pasar un montón de capas antes de llegar a su objetivo.

Estas capas son importantes porque influyen en gran medida en la percepción diferencial de los receptores. Como vimos, los conos son muchísimo más precisos que los bastones, y esto se explica por la tasa de convergencia con las distintas células. Los conos tienen una especie de línea privada con las células, algo así como que un cono se comunica directamente con una ganglionar; mientras que el bastón lo hace en grupo y comunican 10 bastones a una ganglionar.

Una vez que pasan todas estas capas, la señal eléctrica se va del ojo por un huequecito que hay al fondo de la retina que contiene el nervio óptico y a través de él se llega hasta el núcleo geniculado lateral.

Ahora vamos a dar un salto y vamos a comenzar con el proceso visual. Un fenómeno muy importante cuando hablamos de la conexión entre neuronas es la inhibición lateral. El área de la sensación está formada por dos partes: un área de excitación y un área de inhibición. Que esté separada así nos es útil porque permite una localización más precisa del punto dónde se produce la estimulación (imaginadlo como un círculo pequeño rodeado por otro más grande, el primero sería la excitación y el otro la inhibición). Teniendo en cuenta que los receptores forman un entramado enorme, imaginamos cómo se van superponiendo zonas de excitación e inhibición. Así, se vio que en la visión el estimular lumínicamente a un único receptor A producía una respuesta muy grande (porque estaban estimulando sólo su área de excitación). Ahora bien, cuando se estimulaba un área más grande que contenía un receptor A y un receptor B, la respuesta se iba dividiendo y no era tan intensa, y cuando estimulaban ambos pero se centraban más en B, las respuestas inhibitorias eran más poderosas y la respuesta era mucho menor. Este fenómeno que es un poco lioso es muy importante para explicar la percepción visual, y vamos a ejemplificarlo con la famosa Cuadrícula de Hermann. Esta cuadrícula muesta un efecto muy curioso, y es que ahora mismo estaréis viendo un montón de puntitos negros en las intersecciones, pero en el momento en que fijeis la vista en un punto concreto se volverá blanco, y serán los de alrededor los que sean negros. Cada vez que fijemos la vista en un punto, este cambiará por el efecto de la inhibición lateral.


En esta cuadrícula el receptor A cae entre dos cuadros, donde percibimos el punto gris. Cada receptor envía la información a las células vecinas y éstas provocan la inhibición lateral. La bipolar A recibe más inhibición lateral que la B, y por tanto dispara menos. Esa tasa menor de disparo se traduce en esos puntos grises/negros que vemos.

En este punto hemos visto como la luz ha entrado en nuestro ojo, ha estimulado nuestros receptores y éstos han transformado la luz en señales eléctrica que nuestro cerebro puede leer. El siguiente paso es que llegue a nuestro núcleo geniculado lateral, que es donde la información se va a organizar y relacionar con otros sistemas, pues el tálamo es la estación de paso de toda la información sensorial.

Hasta aquí la entrada de hoy. La próxima vez vamos a hablar de todo lo que le pasa a la información visual desde que llega al NLG hasta que se dirige a las áreas visuales del cerebro, donde nos volvemos conscientes de lo que estamos viendo.