La anosognosia

Hoy vamos a hablar de la anosognosia, que es un nombre muy raro y así como trabalengüesco. Supongo que a todos los que estamos aquí nos ha dolido algo alguna vez, y somos conscientes de ello. Por ejemplo, yo soy plenamente consciente de que puedo ver, y estoy segurísima de que si algún día dejara de ver… pues me daría cuenta. Bueno, ¿y si os dijera que hay una enfermedad que te hace no saber que estás enfermo?

La anosognosia es una condición por la cual la persona no es capaz de darse cuenta de que tiene algún tipo de incapacidad. Así contado suena como muy abstracto, y podéis imaginaros que la gente puede no darse cuenta de que tiene trastornos como la esquizofrenia o un trastorno de personalidad, donde es habitual que los pacientes no se mediquen porque no creen que lo necesiten. En realidad, es importante diferenciar lo que es la anosognosia y lo que es la negación. En el caso de esta última, el paciente sabe que en el fondo hay algo que funciona mal en él, y trata de disminuir su inquietud psicológica negando la realidad (por ejemplo trata de no ir al médico para no confirmarlo). En la anosognosia, el sujeto no es consciente de que haya algún problema, y hablamos de temas como la ceguera o la parálisis. Esto si que suena difícil de creer, ¿cómo alguien que no ve ni torta no va a darse cuenta de que está ciego si antes veía? Pues justamente esto es lo que nos cuenta Oliver Sacks en su relato “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” y es la historia (bueno, un cachito de ella)  que vamos a utilizar para entender bien las implicaciones de este déficit cognifivo:

El doctor P. era un músico distinguido, había sido famoso como cantante, y luego había pasado a ser profesor de la Escuela de Música local. Fue en ella, en relación con sus alumnos, donde empezaron a producirse ciertos extraños problemas. A veces un estudiante se presentaba al doctor P. y el doctor P. no lo reconocía; o, mejor, no identificaba su cara. En cuanto el estudiante hablaba, lo reconocía por la voz. Estos incidentes se multiplicaron, provocando situaciones embarazosas, perplejidad, miedo… y, a veces, situaciones cómicas. Porque el doctor P. no sólo fracasaba cada vez más en la tarea de identificar caras, sino que veía caras donde no las había: podía ponerse, afablemente, a lo Magoo, a dar palmaditas en la cabeza a las bocas de incendios y a los parquímetros, creyéndolos cabezas de niños; podía dirigirse cordialmente a las prominencias talladas del mobiliario y quedarse asombrado de que no contestasen.

Al principio todos se habían tomado estos extraños errores como gracias o bromas, incluido el propio doctor P. ¿Acaso no había tenido siempre un sentido del humor un poco raro y cierta tendencia a bromas y paradojas tipo Zen? Sus facultades musicales seguían siendo tan asombrosas como siempre; no se sentía mal… nunca en su vida se había sentido mejor; y los errores eran tan ridículos (y tan ingeniosos) que difícilmente podían considerarse serios o presagio de algo serio. La idea de que hubiese «algo raro» no afloró hasta unos tres años después, cuando se le diagnosticó diabetes. Sabiendo muy bien que la diabetes le podía afectar a la vista, el doctor P. consultó a un oftalmólogo, que le hizo un cuidadoso historial clínico y un meticuloso examen de los ojos. «No tiene usted nada en la vista», le dijo. «Pero tiene usted problemas en las zonas visuales del cerebro. Yo no puedo ayudarle, ha de ver usted a un neurólogo. » Y así, como consecuencia de este consejo, el doctor P. acudió a mí.

[...] cuando examinaba los reflejos (un poco anormales en el lado izquierdo) se produjo la primera experiencia extraña. Yo le había quitado el zapato izquierdo y le había rascado en la planta del pie con una llave (un test de reflejos frívolo en apariencia pero fundamental) y luego, excusándome para guardar el oftalmoscopio, lo dejé que se pusiera el zapato. Comprobé sorprendido al cabo de un minuto que no lo había hecho.

—¿Quiere que le ayude? —pregunté.
—¿Ayudarme a qué? ¿Ayudar a quién?
—Ayudarle a usted a ponerse el zapato.

[...]—Es la vista —explicó, y dirigió la mano hacia el pie—. Éste es mi zapato, ¿verdad?
—No, no lo es. Ése es el pie. El zapato está ahí.
—¡Ah! Creí que era el pie.

¿Bromeaba? ¿Estaba loco? ¿Estaba ciego? Si aquél era uno de sus «extraños errores», era el error más extraño con que yo me había tropezado en mi vida.

Le ayudé a ponerse el zapato (el pie), para evitar más complicaciones. Él, por otra parte, estaba muy tranquilo, indiferente, hasta parecía haberle hecho gracia el incidente. Seguí con el examen. Tenía muy buena vista: veía perfectamente un alfiler puesto en el suelo, aunque a veces no lo localizaba si quedaba a su izquierda.

En esta historia lo que vemos es un caso de prosopagnosia, pero es una de las enfermedades en las que mejor podemos ver reflejada la anosognosia. El señor P. tenía claros problemas con su visión, independientemente de que se tratara un daño en las zonas visuales del cerebro, algo hacía que no viera bien. Si cualquiera de nosotros confundiera a los niños de la calle con las bocas de incendio, probablemente se daría cuenta de que algo no nos funciona bien en la azotea … pero ¿por qué el señor P. no se daba cuenta? Si os fijáis él le quitaba importancia y decía que eran exageraciones de los demás.

La anosognosia se da entre un 10% y un 18% en casos de hemiplegia o hemiparesis tras los infartos cerebrales, pero también puede pasar ante otro tipo de trastornos como los trastornos psicóticos o del estado de ánimo,  los Alzheimer y los afásicos.

Los estudios encuentran que no parece estar directamente relacionada con pérdidas sensoriales, sino que parece estar causada por algún daño más profundo a nivel frontal, de manera que se estropeen los sistemas encargados de integrar y procesar toda la información sensorial para combinarse con esos procesos que conforman las representaciones espaciales de nuestro cuerpo. Las investifaciones actuales señalan que es posible que ante un daño cerebral, nuestro yo (entendido como la conciencia de nosotros mismo) queda escindido y no le es posible integrar la información referente a la lesión como parte de nosotros, de manera que queda sin procesar y es como si no existiera.

Para ilustrar la anosognosia vamos a ver dos videos. El primero está en inglés, pero aunque haya alguien que no lo entienda no pasa nada, porque lo importante es escuchar cómo dice las cosas. Si os fijáis en el discurso de esta señora, veréis que repite palabras sin parar, a mucha velocidad y que no tienen sentido. Sufre de Afasia de Wenicke y en este tipo de afasia (de la que hablaremos en otra entrada) la persona comprende a los demás, pero a la hora de hablar es donde encuentra problema. A grosso modo, lo que les pasa es que sueltan un discurso absolutamente incomprensible para los demás, pero ellos no se dan cuenta porque ellos producen un discurso con sentido como si fueran a hablar normal, pero algo está estropeado en el cerebro y hace que salgan cosas sin sentido. Las personas con esta afasia sufren anosognosia y no se dan cuenta de que los demás no los están entendiendo.

En este segundo video vemos a otro paciente con la misma afasia, pero esta vez en castellano

Si os ha parecido interesante esta entrada, os recomiendo encarecidamente (creo que es la décima vez que lo hago) que consigáis el libro de Oliver Sacks, es muy interesante, está muy bien contado y vais a encontrar muchas historias muy curiosas.

Sacks, O. (2004). El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Anagrama.

La mitomanía

Cada día escuchamos unas cuantas anécdotas por parte distintas personas que nos vamos encontrando por ahí. Nuestra reacción común es escuchar y no dudar de los testimonios que nos están contando. Sin embargo, en muchas ocasiones vemos que esas historias comienzan a tener lagunas y surjan las incongruencias. Hay personas que cuentan historietas de grandes éxitos, y que a la hora de la verdad muestran su inexactitud y comenzamos a ver que puede que no sean del todo ciertas… como el típico chico que contaba que se había echado una novia espectacular en el pueblo, a la cual nadie iba a conocer jamás.

Hoy vamos a hablar de un incipiente trastorno mental que aún no aparece recogido en los principales manuales diagnósticos, pero que se está alzando como una condición muy común en nuestros días, hablamos de la mitomanía.

La mitomanía es una tendencia patológica a mentir como medio de protegerse de una realidad que no les es agradable. Algunas personas lo utilizan para mejorar su autoimagen y así disminuir el malestar que les provoca su baja autoestima. Son egoístas y narcisistas, sin control de impulsos y tendentes al abuso en general (medicamentos, drogas, alcohol, juego…etc.)

El mitómano sabe que miente, y habitualmente sus historias comienzan siendo un intento de llamar la atención. Sin embargo, a medida que repite una y otra vez la narración comienza a creérsela, y llega un momento en el que la realidad queda tan distorsionada, que no es capaz de distinguir sus invenciones de lo que realmente ocurrió, a pesar de todas las pruebas que muestran la falsedad de su testimonio. A menudo recurre a la mentira sin pensar en las consecuencias, pues lo único que pretende es conseguir unos objetivos determinados, como obtener alabanzas y cumplidos, o cuidados especiales por simular una situación penosa socialmente, como por ejemplo inventar que perdió a un amigo o que una novia le dejó y se siente muy desdichado.

Seguro que alguno está pensando cómo es posible que no nos demos cuenta de que están mintiendo. Es sencillo, es difícil identificar estas mentiras porque a menudo están mezcladas con retazos de realidad, y son sobre acontecimientos perfectamente factibles. Por ejemplo, un psicótico podría inventar historias como que un presidente le llamó por teléfono para preguntarle qué tal el día. Ante esta historia la reacción normal es dudar de su veracidad, por las pocas posibilidades reales de que esto suceda. Sin embargo, un mitómano podría inventar que un profesor o un jefe alabó su buen hacer, o que estableció una relación sentimental con alguien.

Es importante establecer también una diferenciación con los mentirosos, y es que mientras éstos inventan historias para protegerse o para obtener beneficios directos, los mitómanos lo hacen compulsivamente, tratando de obtener un favor pero no tan inmediato como los anteriores, sino que tiene un objetivo más de autoconvencerse para mejorar partes de sí que no les gustan.

Aunque así contado parece no ser una problemática tan grave como otras de las que contamos aquí, hay que tener en cuenta todas las implicaciones a nivel social que conlleva este nuevo trastorno. Dado que la persona miente o exagera para obtener prestigio social y acaba creyendo su propia fabulación, comienza a llevar a cabo comportamientos de riesgo en relación a esta historia. Imaginemos un sujeto que crea una mentira sobre su historia de superación porque logró salir del mundo de las drogas. Con esta idea, gana prestigio social en el sentido en que todos sus logros tienen un plus de beneficio, pues ha conseguido superar la adversidad y aún con todo lo que tiene detrás, ha logrado reinsertarse y llegar a conseguir lo mismo que las personas sin problemas. El fallo de esto, es que puede basar su conducta actual en base a esa mentira, que en principio sólo buscaba los halagos de los demás. Si en un momento dado sus contactos cesan las alabanzas, es probable que tenga que recurrir a magnificar el problema para seguir garantizándose el apoyo, y puede inventar historias que impliquen recaídas o problemas con personas peligrosas, lo que puede derivar en que se autolesionen para dar credibilidad a sus testimonios. Llega un momento en que la mentira crece tanto que sólo puede ir a más, y cuando se dan cuenta no hay vuelta atrás.

A nivel social también tiene graves implicaciones, pues en un principio las mentiras tienen un carácter omnipotente y el sujeto piensa que todos van a creerle, pero cuand ose pasa a una segunda fase en al que aparecen las contradicciones, el sujeto va siendo restringido por las actividades de su círuclo. Cuando el contexto se da cuenta de estas mentiras deja de interesarte por toda la problemática, lo que agrava el comportamiento de llamar la atención del mitómano que comienza a relacionarse con otros sujetos que muestran un nivel evolutivo y comportamental más bajo, que deriva en la asunción de conductas de riesgo. La pérdida de credibilidad y el desinterés, hacen que sufra enormemente y que se sienta incomprendido. Como veis, se forma una especie de bucle en el que cuanta menos atención se le presta, más trata de llamar la atención… con lo que resulta especialmente complicado enfrentarse al sujeto y hacerle ver que tiene un problema.

La mitomanía afecta aproximadamente a 1 de cada 1000 jóvenes aproximadamente, y se reparte igual entre los dos sexos. Como vemos, es un trastorno muy incipiente y esto hace que aún no se contemple en los principales manuales de diagnóstico como el DSM o la CIE-10. No hay muchos datos, pero los primeros estudios muestran no hay pruebas para decir que se trate de algo heredado, sino que tiene más bien características de aprendizaje. Cuando se da entre los 5 y los 7 años, las mentiras se caracterizan por fabulaciones, y los niños pueden decir que hay monstruos en el cuarto o que han visto a gente merodear desde su ventana. En la entrada anterior vimos el TAS y ahí también veíamos esta característica, los niños mentían para que los padres no se separaran de ellos, y justamente por este motivo la mitomanía ha ido quedándose relegada a un segundo plano: se confundía con otros trastornos. Sin embargo, se ha ido viendo que las fantasias de los mitómanos van evolucionando y se encuadran en distintos grupos:

- Ligadas a la fantasía, donde estarían aquellas relacionadas con personajes o mostruos (normativa)

- Mentiras compensatorias, que son el reflejo de una carancia emocional. Por ejemplo, a falta de buenos resultados en el ámbito académico, inventaría que los maestros alaban sus intervenciones, dice obtener malos resultados por culpa de otros o inventan historias para dar más valor a sus logros: minusvalías, problemas familiares…etc.

- Mentiras utilitarias, serían las que buscan obtener algo. Pueden ser evitar un castigo o no asumir responsabilidades, por ejemplo cuando se justifica el mal resultado de un proyecto por la incompetencia del evaluador, o inventar que se estuvo en el hospital con un familiar muy grave para justificar no haber acudido al trabajo

La trabajadora social Ana Simó, señala que existen distintas causas que pueden derivar en la mitomanía, entre las que destacan:

(1) Trastorno de personalidad hipertímico: Las personas que sufren este trastorno tienen un estado de ánimo persistentemente elevado, son superficiales y frívolas. Por conseguir sus objetivos son capaces de ignorar las consecuencias de sus actos y no son capaces de ponerse en el lugar de los demás, con lo que mentir no les supone ninguna complicación.

(2) Necesidad patológica de atención y admiración de los demás.

(3) Baja autoestima: Necesitan ser valoradas por los demás, y para garantizar ser buenos en algo que consideran no poder lograr por sus propios méritos tienen la tendencia a inventar historias en las que son valorados por conductas que consideran valiosas. Tratan de quedar por encima de los demás en un intento de demostrar que son buenos y que tienen características positivas que los demás no.


Para saber más:

  • http://en.wikipedia.org/wiki/Pseudologia_fantastica
  • http://www.rightdiagnosis.com/m/mythomania/intro.htm

Trastorno de ansiedad de separación

Cada año, cuando llega septiembre vemos esta escena en todos los colegios del país: niños llorando porque llega su primer día de cole. Esto no es nada nuevo, y si echamos la vista atrás, probablemente más de uno pueda acordarse de las pataletas que montaba si sus padres le dejaban solo en casa de los abuelos, en el colegio o en el comedor. El miedo a la separación es algo adaptativo y común a casi todas las especies, porque si no sintiéramos ansiedad al vernos solos e indefensos… podríamos acabar siendo una buena merienda para algún depredador. Pero entonces, si esto es algo normal ¿qué hacemos hablando de ello aquí?

Pues como todo en esta vida, es normal en su justa medida. Sin embargo, algunos niños muestran una reacción excesiva ante la mera idea de quedarse solos y esto puede afectar gravemente a su desarrollo y a la relación con el principal cuidador. Hoy vamos a ver el llamado Trastorno de ansiedad por separación.

Este trastorno se ubica dentro de los trastornos de inicio en la infancia, y se caracteriza por una excesiva preocupación por alejarse de las personas a las que está vinculado o separarse del hogar. Como hemos dicho, es normal que los niños pequeños sufran miedo a separarse de sus padres, pues evolutivamente muchos aún no son conscientes de la noción de permanencia del objeto, y piensan que cuando algo se va… ya no volverá.  La mayoría de nosotros aprende a través de la experiencia que cuando alguien se va, vuelve pasado un rato y así, la marcha no nos provoca ansiedad.

En el trastorno de ansiedad por separación (TAS) se da una ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del sujeto (que generalmente es un niño o adolescente).  Su principal característica es la ansiedad anticipatoria y es que sorprende mucho ver las ideas que pueden tener estos niños. Por ejemplo, en uno de los casos que leí hace poco, una niña pequeña estaba totalmente aterrada de salir de casa para ir al colegio porque estaba convencida de que “Si me voy a casa, mi mamá se convertirá en esqueleto” o que “Cuando me dejen en el cole puede que algo los mate, y yo no los puedo proteger si no estoy con ellos”. 

Estos miedos se manifiestan de distinto modo en función de la edad del sujeto, niños preescolares pueden no ser capaces de definir sus miedos de manera específica pero muestran ansiedad y malestar. Los niños en edad escolar, pueden expresar sus miedos como hemos visto hace un momentito, y los adolescentes, sobre todo los chicos, pueden no manifestar la ansiedad por la separación en los mismos términos que los más pequeños, pero la manifiestan de una forma más encubiera, por ejemplo, negándose a salir por ahí o acompañando en todas las circunstancias a sus padres. Los adultos también pueden manifestar TAS , y puede verse reflejada como una excesiva preocupación por sus cónyuges e hijos, al tiempo que experimentan un notable malestar al separarse de ellos; otros pueden incluso ver limitada su capacidad para cambiar de domicilio o casarse. Sin embargo, es importante que os diga que el TAS es muy raro en adultos, a no ser que lo lleven arrastrando desde antes de los 18 (y aún así no es muy común), lo más habitual es que se diagnostique otro trastorno que explique mejor su comportamiento dependiente (un trastorno de personalidad límite, una fobia social, agorafobia…etc.)

Los niños pueden presentar miedos a animales, monstruos, la oscuridad, fantasmas, ladrones, secuestradores, accidentes de coche, viajes en avión y otras situaciones que son percibidas como peligrosas para la integridad de la familia o de sí mismos. Son frecuentes las preocupaciones acerca de la muerte y el morir; y cuando están solos, especialmente por la noche, los niños pequeños pueden explicar experiencias perceptivas insólitas como ver personas que se asoman a la habitación, criaturas monstruosas que intentan cogerlos, ojos que les miran fijamente o cualquier otra cosa que pueda hacerles daño para que vayan a vigilarle. Pueden quejarse de que nadie les quiere o de que nadie les cuida y hasta decir que desearían estar muertos. Cuando están muy alterados ante la idea de una separación pueden mostrarse muy enfadados y, así llegar a agredir a la persona que consideran que están forzando la separación que tanto temen, por lo que se pueden comportar de forma exigente y requiriendo atención constante.

El TAS puede iniciarse antes de los 6 años, pero también en cualquier momento antes de los 18, aunque es raro que se de durante la adolescencia, y es más frecuente en chicas que en chicos.  Puede aparecer ante algún evento estresante como por ejemplo la hospitalización, sobre todo si ha sufrido intervenciones dolorosas o no tenía a la familia cerca. La escuela también puede ser un acontecimiento traumático porque implica una separación de la familia, y por supuesto no podemos olvidar eventos como la separación o divorcio de los padres, o incluso la muerte de alguno de ellos.

Y ahora nos preguntamos cómo es posible que haya personas que no lleguen a acostumbrarse nunca a la separación, y haya otras que se desarrollen sin problemas. Las explicaciones teóricas nos apuntan a distintos frentes: factores genéticos,  relaciones de vinculación y apego, los estilos educativos con los que nos criamos y nuestra forma de procesar la información del medio.

Desde la biología se nos dice que existen personas más vulnerables que otras a la ansiedad. Factores genéticos hacen que su predisposición sea mayor, y que ante la influencia de determinados factores ambientales, tengan más posibilidades de desarrollar ansiedad que otros. Si además de ser más susceptible que otros, tengo la mala suerte de haberme criado en un entorno en el que mi principal figura de vinculación no se muestra estable, forjaré mi opinión del mundo y de las relaciones a partir de mi propia experiencia. Una madre o un padre que muestran un comportamiento desorganizado, y tan pronto están absolutamente disponibles para el niño, como se cierran en sí mismos y no le ofrecen ninguan atención, hacen que el niño no sepa a qué atenerse ni qué esperar de las personas que le rodean. Además, en estas relaciones es común que la principal figura de apego tenga la necesidad de ser especialmente protectora con el niño, de modo que le advierte de todos los posibles peligros que le acechan, y le crea una sensación de inseguridad y baja autoeficacia. Esto va a hacer que cuando se encuentre con algún estímulo similar del que su cuidador advertía, se disparen los mecanismos de ansiedad y comience a interpretar la situación de un modo erróneo. Convencido de estas cogniciones negativas sobre los demás y sus intenciones, es normal pensar que tengan miedo de separarse de los padres por si les pasa algo en su ausencia.

Ahora vamos a ver un caso clínico, y después voy a poneros los criterios de DSM-IV, y así vamos a ver si los cumple para poder diagnosticar este trastorno.

María es una niña de 5 años y 6 mese que fue enviada a evaluación por prescripción de su pediatra. A pesar de ser una niña aparentemente normal y charlatana en casa, siempre había sido tímida y reticente en contextos de grupos más amplios [...] Su madre la trajo a la clínica porque desde hacía 6 meses, la situación era desbordante.

En cuanto a su contexto, María tenía una familia normal. Su padre era ingeniero y su madre ama de casa. Antes de nacer María, sus padres habían intentado tener niños, pero siempre acababan sufriendo abortos, por lo que el nacimiento de María fue un milagro para la familia. Su madre sufrió una depresión derivada de estos acontecimientos, pero fue tratada con Prozac y mejoró sustancialmente. A los 42 años, consideraron que eran demasiado mayores como para afrontar el riesgo de un nuevo embarazo, y abandonaron la idea.

En el nacimiento María fue normal, pero durante los primeros días surgieron complicaciones como un taponamiento de las vías nasales que derivaron en una intervención quirúrgica. Su madre sufrió ataques de ansiedad por la delicada situación de su única hija.

Durante los primeros años, María sufrió crisis de ansiedad, cólicos y vómitos, que según el doctor eran manifestación de un sistema digestivo sensible e inmaduro. A partir de este momento, la niña se vuelve quisquillosa con la comida, y apenas realiza las comidas estipuladas. Su desarrollo cognitivo fue normal.

Su madre se describe como reservada, pero tiene una muy buena amiga que tiene una hija de la edad de María. Pasaban mucho tiempo juntas, pero [...] por motivos de trabajo, tuvieron que mudarse de la ciudad. Para que María no echara en falta a su única amiga, la madre optó por inscribirla en la ludoteca por las mañanas. Sin embargo, cuando fue a dejarla, María tuvo un fuerte berrinche, agarrada a la pierna de su madre se agarró a su pierna sin poder contenerse [...], cuando parecía que pasaba y su madre trató de alejarse de nuevo, María empezó a llorar con más intensidad, esta vez acompañado de chillidos y pidiendo que su madre no se fuese. La directora le aconsejó que no cediese, y le recomendó que la dejara sola y que ya se le pasaría, pero cuando volvió pasadas tres horas, María la miró emocionalmente agotaba, como si estuviese apagada. Estaba jugando sola en una esquina y meciendo su muñeca, al tiempo que tenía los ojos rojos e hinchados de llorar. La directora le contó que no había pasado en todo el rato.

Por la noche, se negó a dormir sola, y de no ser por la insistencia del padre, no habría dejado a la madre irse del cuarto. Por la noche, María comenzó a gritar, y su madre tuvo que acudir en varias ocasiones para calmarla, porque estaba teniendo una pesadilla en la que su madre se había marchado. Para reducir su miedo, la madre empezó a dejar la luz de la habitación encendida por las noches.

A la semana siguiente, cuando estaban preparando las cosas para ir a la ludoteca, María empezó a llorar y a quejarse de que le dolía el estómago al tiempo que se lo presionaba. Su madre estaba segura de que estaba mintiendo para quedarse en casa, así que la metió de todos modos en el coche mientras ésta gritaba y pataleaba. Durante los siguientes 3 meses el ritual se repitió, pero acabó sentándose junto a la ventana mientras se quejaba para ver cuándo volvía su madre.

Una nueva familia se trasladó a la casa de su amiga, y daba la casualidad de que tenían una niña de la misma edad que María, y la madre la invitó a merendar varios días. María y la nueva niña decidieron que una noche irían a dormir juntas a su casa. María comenzó a sentirse ansiosa una hora antes de marchar a la casa de la niña y comenzó a hacer preguntas a su madre sobre lo que haría en su ausencia. Su madre le dijo que iría a toamr un baño y se iría a dormir, y María comenzó a preocuparse con la idea de que su madre pudiera resbalarse en la bañera y que si ella no estaba en casa, moriría ahogada [...]

Cuando empezó la escuela no participaba en ninguna actividad [...]. Pasaron 4 meses y no había dicho ni una sola palabra.

Este ha sido nuestro caso a grandes rasgos, ahora vamos a ver los criterios y vamos a ver si los identificamos.

Criterios para el diagnóstico de trastorno de Ansiedad por separación (309.21)

A. Ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del sujeto, concerniente a su separación respecto del hogar o de las personas con quienes está vinculado, puesta de manifiesto por tres (o más) de las siguientes circunstancias:

(1)   malestar excesivo recurrente cuando ocurre o se anticipa una separación respecto del hogar o de las principales figuras vinculadas

(2)   preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida de las principales figuras vinculadas o a que éstas sufran un posible daño

(3)   preocupación excesiva y persistente por la posibilidad de que un acontecimiento adverso dé lugar a la separación de una figura vinculada importante (p. ej., extraviarse o ser secuestrado)

(4)   resistencia o negativa persistente a ir a la escuela o a cualquier otro sitio por miedo a la separación

(5) Resistencia o miedo persistente o excesivo a estar en casa solo o sin las principales figuras vinculadas, o sin adultos significativos en otros lugares

(6)   negativa o resistencia persistente a ir a dormir sin tener cerca una figura vinculada importante o a ir a dormir fuera de casa

(7)   pesadillas repetidas con temática de separación

(8)   quejas repetidas de síntomas físicos (como cefaleas, dolores abdominales, náuseas o vómitos) cuando ocurre o se anticipa la separación respecto de figuras importantes de vinculación

Como vemos, María cumple casi todos los síntomas del criterio A. Cuando llegaba la hora antes de ir a la ludoteca, comenzaba a manifestar las quejas somáticas, simplemente imaginando que se iba a separar de su madre. También muestra una preocupación excesiva por si le sucede algo a su madre, como por ejemplo ahogarse en la bañera. No quiere irse a casa de las amigas, a la ludoteca o al colegio por no dejarla sola. También manifiesta problemas de sueño como pesadillas.

B. La duración del trastorno es de por lo menos 4 semanas. (aquí lleva unos 6 meses)

C. El inicio se produce antes de los 18 años de edad.

D. La alteración provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, académico (laboral) o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

E. La alteración no ocurre exclusivamente en el transcurso de un trastorno generalizado del desarrollo, esquizofrenia u otro trastorno post-psicótico, y en adolescentes y adultos no se explica mejor por la presencia de un trastorno de angustia con agorafobia.

Vemos que la niña cumple todos los criterios de TAS, de modo que podríamos llevar a cabo el diagnóstico con bastante seguridad. Si analizamos la historia, vemos además la existencia de una serie de factores predisponentes y de mantenimiento que pueden estar influyendo en la aparición del trastorno. Como dijimos antes, el estilo educativo puede influir en la sensación que tenga el niño en relación a su cuidador, y si nos fijamos en el caso de María, vemos que la actitud de su madre puede estar teniendo mucho peso en sus conductas. En la historia se nos dice que  antes de nacer María hubo varios abortos, y además al nacer fue una niña con problemas de salud. Es esperable que su madre tenga la necesidad de mostrarse protectora con ella, de manera que su ansiedad ante los problemas de María, parece haberse pasado a la niña, que se muestra especialmente temerosa. La protección que desprende hacia ella, hace que la niña pueda tener miedo de que realmente suceda algo, y a su vez muestre el mismo temor que su madre. Esta conducta de sobreprotección crea una especie de bucle, y hace que cada vez una sea más dependiente de la otra. También podemos hipotetizar la influencia de las variables biológicas, que como decíamos también pueden hacer que algunas personas sean más vulnerables que otras, y como hemos podido apreciar, María tenía la influencia de la personalidad nerviosa de su madre.

Ahora que conoceis bien este trastorno, podéis encontrar vosotros mismos las influencias en el caso de María y lanzar vuestras propias hipótesis.

 

 

 


Dobles caminantes, los doppelgänger.

Ni el propio Tertuliano Máximo Alfonso sabría decir si el sueño volvió a abrirle los misericordiosos brazos después de la revelación tremebunda que fue para él la existencia, tal vez en la misma ciudad, de un hombre que, a juzgar por la cara y por la figura en general, es su vivo retrato


 

Dicen por ahí que todos tenemos un doble en alguna parte del mundo, pero imaginad por un momento cómo os sentiríais si os encontrarais cara a cara con una persona que es exactamente igual que vosotros, tal y como le sucede al protagonista de la obra de Saramago. Como mínimo, nos llevaríamos una buena sorpresa.

Hay un vocablo literario tomado del alemán que designa este hecho de encontrarnos con nuestro doble, nos referimos al Doppelgänger. A menudo ha sido vinculado en el cine o en la literatura clásica con una especie de gemelo malo, o su otra vertiente, la bilocación (que significa estar en varias partes simultáneamente), y probablemente lo hayáis visto en películas cientos de veces.

El mito nos cuenta que cuando a una persona se le aparece su doppelgänger, es augurio de una desgracia próxima, y aunque en ocasiones el doble trata de advertir a la persona de algún peligro cercano, estos consejos suelen ser malvados y lo que buscan es hacerle daño.

Alrededor de 1850, Camille Flammarion (un astrónomo francés) y Robert Dale Owen (político estadounidense) documentan un caso muy curioso de una maestra francesa de escuela que se hizo famosa por algo que no le interesaba demasiado… Veamos su historia de la mano de Flammarion:


” Pocas semanas después de su instalación en el colegio empezaron a correr sobre ella, entre sus discípulas, rumores un tanto extraños. Cuando una decía haberla visto en tal parte del colegio, otra aseguraba haberla encontrado en otra parte, en igual momento, y la conclusión siempre era la misma:“¡Pero si eso no es posible! Si acabo de encontrarme con ella en la escalera!”.

Creyóse primero en errores, pero como el hecho no cesaba de repetirse, las jóvenes lo comentaban cada vez más. Los profesores contestaban que todo aquello no tenía sentido común, y que no había que concederle la menor importancia. Pero las cosas no tardaron en complicarse. Para mejor hacerles una demostración, escribió en la pizarra el pasaje que debían explicar, y las discípulas vieron de pronto, presa de terror, dos señoritas Sagée, una junto a la otra: “Eran exactamente iguales y hacían los mismos gestos”. La sola diferencia consistía en que la verdadera señorita Sagée tenía un pedazo de tiza en la mano y escribía en realidad, mientras que su “doble” no lo tenía y se limitaba a imitar los movimientos que hacía la otra para escribir.

La sensación en todo el colegio fue enorme.“Todas las jóvenes, sin excepción, habían visto la segunda forma “y estaban perfectamente de acuerdo en la descripción que hacían del fenómeno”.

“Un día se encontraban todas las pensionistas, en número de 42, reunidas en una estancia y ocupadas en labores de bordado. Era una gran sala situada en la planta baja, con cuatro grandes ventanales. Las colegialas estaban todas sentadas alrededor de la mesa y podían ver cuanto sucedía en el jardín. Mientras trabajaba veían a la señorita Sagée ocupada en coger flores, no lejos de la casa. Al extremo de la mesa se sentaba una profesora, encargada de guardar el orden, ocupando un sillón de marroquín verde. En un momento determinado, esta profesora se ausentó, y el sillón quedó vacío, pero por poco tiempo, porque las jóvenes vieron de pronto, sentada en él, a la señorita Sagée. Inmediatamente dirigieron las miradas hacia el jardín, y la vieron que seguía cogiendo flores, con la sola diferencia de que sus movimientos eran más lentos y pesados, parecidos a los de una “persona abatida por el sueño” o “agotada por la fatiga”.

Dirigieron de nuevo sus ojos hacia el sillón, donde el “doble” continuaba sentado, silencioso e inmóvil. Como se encontraban habituados a estas extrañas manifestaciones, dos discípulas de las más atrevidas se aproximaron al sillón, y al tocar la aparición “creyeron encontrar una resistencia parecida a la que ofrecía un ligero tejido de muselina o crespón

Una de ellas hasta se atrevió a colocarse delante del “sillón, y atravesar realmente una parte de la forma”, a pesar de lo cual, ésta duró todavía un poco de tiempo y después se desvaneció gradualmente. Al mismo tiempo se observó que la señorita Sagée continuaba cogiendo flores con su vivacidad natural.”


Parece que este hecho creó bastante alarma entre los padres de las chicas que contemplaron horrorizadas aquellas situaciones, y optaron por sacarlas del colegio (de las 42 que vieron la escena de la maestra recogiendo flores, sólo quedaron 18 el curso siguiente). Esta huida masiva no beneficiaba en absoluto a la escuela, por lo que a pesar del tesón de la maestra, tuvo que ser despedida… por decimo novena vez en su vida, la profesora era echada de su puesto de trabajo por el mismo problema: la habían visto junto a su doble.

Este caso es muy interesante, pero me temo que voy a tener que romperos el enigma… Resulta que tras muchas investigaciones – ya os podeis figurar la cola que trajo este caso para un montón de investigadores- se descubrió la existencia de una joven que podría haber sido una hermana ilegítima de Emilie, se había ocultado en la sombra debido a lo mal visto que estaba este tipo de asuntos en la época, y quizá se hubieran encontrado y rondaran juntas en más de una ocasión, o quizá la explicación sea totalmente distinta, ahí os dejo que os sintáis intrigados y busquéis vuestra propia explicación.


Probablemente penséis que esta puede haber sido una historia interesante, pero ¿qué tiene que ver esto con la psicología? Pues ya os despejo las dudas, os he hablado de este fenómeno para hacer alusión a un fenómeno que se observa dentro de los trastornos psicóticos, el fenómeno doppelgänger, por el cual un individuo con síntomas positivos puede tener alucinaciones visuales complejas, en las que pueden ver, por ejemplo a su doble por la calle. Podréis poneros en el lugar de esta persona, y comprobar lo espeluznante que podría resultar sentir que algo igual a nosotros… pero que no somos nosotros, anda por ahí.

 

Os pongo el trailer en el que se ve como la protagonista se cruza con algo que parece ella misma,  y nos sirve para ilustrar este fenómeno. Como es reciente, posiblemente muchos hayais visto:

 

 

 

Para saber más:

  • Wikipedia : Aquí podéis ver una gran lista con novelas y películas que tratan el fenómeno doppelgänger.
  • El hombre duplicado. José Saramago.



 

La historia de la bella durmiente

Desde hace un tiempo, la OMS muestra cierta preocupación por el incremento de casos de narcolepsia entre niños y adolescentes vacunados contra la Gripe A, a través del fármaco Pandemrix. Aunque sabemos que las cifras siempre bailan, durante el periodo 2009-2010, en Finlandia se diagnosticaron 60 nuevos casos de narcolepsia en personas de entre 4 y 19 años, una cifra tres veces superior a la mostrada en años anteriores. Lo más revelador, es que el 90% de estos 60 casos, habían sido previamente vacunados con Pandemrix.

Aunque se necesita más investigación para poder encontrar indicios que relacionen empíricamente estos dos acontecimientos, las autoridades sanitarias están ya en alerta, pues fue suministrada a un gran porcentaje de la población. En España se ha descartado la posibilidad de que se den estos casos, dado que el medicamento utilizado para los menores fue otro y estuvo sometido a ensayos experimentales, pero aún así, creo que es adecuado que dediquemos la entrada de hoy a conocer un poco más de cerca este trastorno del sueño. Aunque se cree que es genético, bien sabéis que ciertas enfermedades o trastornos necesitan de un detonante ambiental para estallar, y aunque necesitamos más información, se baraja la posibilidad de que ese aumento en el número de casos de narcolepsia sea debido a que la vacuna actuó como detonante ambiental.


 

La narcolepsia o Síndrome de Gelineau, es un trastorno que se caracteriza por una somnolencia excesiva diurna. Seguro que todos vosotros habéis experimentado alguna vez durante el día, esa sensación de que se os cierran los ojos y que por mucho que intentéis hacer, no podéis controlarlo y dais cabezadas. Pues ahora imaginad,que no sólo os sucede en clase, bibliotecas o trabajo, sino que ocurre en el momento más inesperado.

Lo curioso de esta enfermedad, y lo que la va a hacer diferente de este sueño incontrolable que nos da a veces, es el conjunto de síntomas que lleva asociados. El primero de ellos es la cataplexia (con una prevalencia en narcolépticos de entre el 60% y el 90%) que consiste en la pérdida  súbita de fuerza en los músculos… algo así como si fuéramos marionetas, y alguien soltara los hilos. En personas sanas se produce la cataplexia mientras estamos durmiendo, en la fase REM.

También están asociadas a este trastorno las alucinaciones, dentro de las cuales debemos distinguir entre hipnágógicas e hipnopómpicas. Las primeras, son las que suceden en el tránsito vigilia-sueño, y son alucinaciones muy vívidas que pueden proceder de cualquier vía sensorial. Muchas personas creen incluso que están despiertas porque pueden oir voces conocidas, ver personas o incluso recuerdos del día anterior (por ejemplo creer que alguien de la familia entra a la habitación a decirnos algo y se marcha, cuando en verdad eso nunca sucedió). Estas alucinaciones tienen como característica la inmovilidad del sujeto (esto se llama Parálisis del sueño (PS) y es básicamente la pérdida del tono muscular cuando nos estamos quedando dormidos o cuando nos estamos despertando; recordad, la cataplexia es en fase REM) y a veces puede ser una sensación desagradable, porque el sujeto cree que las alucinaciones son verdaderas y que está despierto… pero no puede moverse, imaginad la angustia que puede provocar en ciertas ocasiones.
Por otro lado, tenemos las hipnopómpicas, que son justamente al contrario, las que se producen en la transición sueño-vigilia, cuando nos estamos despertando y son de características similares a las hipnagógicas.

Para diagnosticar esta enfermedad, lo primero que se hace es atender a estos cuatro síntomas que os he mostrado, que se conocen por el nombre de “Tétrada narcoléptica”. La mayoría de las personas, sólo presentan algunos de ellos, siendo raro que muestren la tétrada completa (más o menos un 10% de los narcolépticos la tendrían). Tras comprobar la presencia de algunos de estos síntomas y de somnolencia diurna excesiva, se llevaría a cabo un estudio somnográfico, donde se comprobaría el ritmo de las ondas cerebrales durante el sueño. ¿Qué pasa con ellas? Pues durante la vigilia, las ondas muestran un ritmo regular, que se enlentece y desregula cuando nos quedamos dormidos (esta es la fase sin movimientos oculares rápidos: No MOR o NREM), y cuando empezamos a en sueño profundo, las ondas se empiezan a mover mucho más y es cuando se da la fase MOR (movimientos oculares rápidos) o más conocida por todos: Fase REM, que es donde se producen los sueños.

Lo que se ha comprobado, es que en la narcolepsia hay un desorden de estas ondas, y esos fenómenos que suceden normalmente en la fase REM de las personas normales (PS, sueños vívidos o cataplexia), les sucede durante esos ataques de sueño, ya que entran directamente en REM y esto provoca que las personas no entren en REM por la noche mientras duermen y traten de compensarlo durante el día; también supone que al entrar en REM directamente estos problemas como la cataplexia se produzcan cuando el sujeto está de pie, por ejemplo (a nosotros no nos afecta, porque ya estamos en cama y no hay ningún peligro si perdemos el tono muscular), o que se despierten súbitamente y desorientados.

Ahora os preguntareis, ¿Hay cura para la narcolepsia?. Pues lamentablemente debo deciros que no, que es una enfermedad de la que aún hay mucho que estudiar, y que los tratamientos no buscan sanar al paciente, sino reducir el daño producido por los síntomas.
De modo que el tratamiento se fundamenta en dos factores: hábitos de vida saludable (una dieta sana, ejercicio, patrones específicos de sueño (como siestas planificadas)… y puede ayudarse de tratamiento farmacológico. En este campo, se utilizan antidepresivos (como los ISRS) para las alucinaciones, y fármacos estimulantes como el metilfenidato o la metanfetamina.

Como veis, es un problema que acarrea limitaciones en la vida diaria de quienes la padecen, y al ser crónica y haber tanto aún por investigar, las soluciones que podemos darles son escasas.

A continuación os pongo un documental muy interesante sobre una chica con narcolepsia, para que veáis todo lo que hemos explicado hoy. [En castellano]


 


Para saber más:

La mente escindida (I)

Hoy vamos a viajar hasta la provincia de Bretaña, nos encontramos en el año 1392. Vamos a imaginar que vamos cabalgando con nuestros soldados con una idea en mente: “Alguien quiere matarnos“. Somos nada más y nada menos que el rey Carlos VI, y estamos un poco nerviosos, porque unos días antes nuestro amigo y consejero Olivier IV de Clisson, ha sufrido un intento de asesinato. Estamos seguros de que están confabulando contra nosotros, alguien nos quiere ver muertos y no podemos fiarnos de nadie, absolutamente nadie. De pronto viene corriendo hacia nosotros un joven, que grita: “¡No viaje más, Rey! ¡Le están traicionando¡”. Justo lo que pensaba, están detrás de mi y acaban de ver su oportunidad. Tratamos de defendernos, y de pronto vemos en todos nuestros hombres una maliciosa mirada que se clava en nosotros: Ellos también nos quieren muerto. ¿Qué hacemos ahora? ¡Hay que defenderse! Pero ellos son muchos, podrán con nosotros…. Bien, moriremos pero no sin luchar.

De pronto, escuchamos un sonido estridente. Un metal que golpea el suelo… es la señal! ¡Vienen a por nosotros!. Sacamos nuestra espada y comenzamos a golpear a diestro y siniestro, hay que luchar por nuestra vida hasta el último momento, y acabaremos con todos los que se pongan en nuestro camino. Vemos como todos nuestros hombres vienen a por nosotros, tratamos de defendernos pero nos acaban tirando del caballo… y perdemos poco a poco la consciencia.

Retrato del rey Carlos VI de Francia


El rey Carlos acabó con la vida de varios de sus hombres, que por supuesto, eran inocentes. Sus soldados no querían acabar con él, ni siquiera existían aquellos complots de los que él estaba convencido. Lo que sucedía realmente, era que el rey estaba sufriendo un ataque psicótico, una psicosis en la que los delirios de persecución acabaron con la vida de varias personas. Ante la incipiente locura del rey, sus consejeros decidieron dejarlo en el castillo… pero ahí las cosas sólo fueron a peor. El rey permanecía oculto, convencido de que estaba hecho de cristal y que se rompería, por lo que se limitaba a esconderse y moverse entre las sombras por el castillo. En ocasiones no era capaz de recordar quién era ni saber dónde estaba… Intervinieron para mejorar la salud del monarca médicos, los cuales sólo lograron pequeñas mejoras… pero nada surtió efecto, la locura del monarca iba en aumento y el pueblo estaba inquieto… ¿era la locura de su rey un castigo divino?. De aquellas, tengamos en cuenta lo complicado que era atribuirlo a cualquier otra causa… así que nunca se supo muy bien qué fue lo que propició este estado en el rey…

 

 

Cuando hablamos de trastornos psicóticos nos referimos a un conjunto de trastornos que se caracterizan por el deterioro de la percepción de la realidad, del mundo externo y del mundo interno. Incluyen ideas delirantes, alucinaciones y/o lenguaje-comportamiento desorganizado.

Antes de hacer un análisis más general, debemos definir bien los síntomas de este tipo de trastornos: por un lado están los síntomas positivos y por otro, los síntomas negativos. Básicamente podemos dintinguirlos fácilmente a través de este truco: en los positivos hay cosas que no deberían estar, y en los negativos… faltan cosas que sí que deberían estar. Por otro lado se señala la existencia de los Síntomas desorganizados, aunque esto varía en función del lugar donde estemos mirando la clasificación de los síntomas.

Entre los positivos tenemos los delirios, que son creencias que la mayoría de la gente consideraría una mala interpretación de la realidad. Hay distintos tipos: los de grandeza ( Me considero la persona elegida para gobernar sobre la humanidad porque soy superior en todos los aspectos), los de persecución (mis soldados y consejeros están tratando de asesinarme), los de control (me controlan a través de las ondas de radio), los de tipo nihilista (como el síndrome de Cotard), los de parasitosis o los erotomaniacos, entre otros.

Por otro lado tenemos dentro de los positivos, las alucinaciones, que son experiencias sensoriales muy vívidas, que en realidad no están ocurriendo. Hay de todos los sentidos, aunque las más frecuentes son las de tipo auditivo (por ejemplo, las clásicas voces de la esquizofrenia).

Los síntomas negativos se definen como el déficit en un funcionamiento normal, y tenemos por ejemplo la apatía, que es la incapacidad de iniciar y mantener actividades (por ejemplo, asociadas a la higiene personal), la alogia que es la relativa ausencia del habla, de manera que la persona responde de manera muy escueta, con monosílabos o con poco interés. La anhedonia es la falta de placer que experimenta la persona por actividades que previamente disfrutaba (como las relaciones sociales, la comida o el sexo). También es común que entre los síntomas negativos encontremos la afectividad plana, que consiste en mostrar escasamente las expresiones, mostrarse desinteresado y apagado… como embotado (de ahí su otra denominación).

Finalmente tenemos los síntomas desorganizados, entre los que tenemos el habla desorganizada (por ejemplo, ante la pregunta ¿qué quieres tomar? podrían respondernos algo como: “Creo que tomaré… todo es cierto, no se si decirte lo que pienso, en efecto me apasiona el tema de los pájaros. Algunos pájaros están hechos de papel, ¿te gusta el té?”). El afecto inapropiado/ conducta desorganizada, es cuando vemos que adoptan comportamientos poco comunes, por ejemplo posturas con los brazos, balanceos o rigidez.

 

Básicamente estos son los síntomas que encontramos en los trastornos psicóticos, y ahora vamos a algunos de los trastornos que se encuentran dentro de esta categoría, pero los explicaré brevemente, porque de algunos vamos a hablar de manera más extendida en próximas entradas (como de la esquizofrenia o del trastorno psicótico compartido).

En primer lugar tenemos la esquizofrenia paranoide, en la que hay delirios (a menudo de grandeza o persecución) y las alucinaciones, pero las capacidades cognitivas están relativamente bien. No suelen presentar síntomas desorganizados, y tiene un pronóstico bastante bueno en comparación con otros tipos de esquizofrenia. Luego está la esquizofrenia desorganizada, que presenta muchos problemas en el habla y en el comportamiento, con aplanamiento afectivo y conductas inadecuadas. Las personas que padecen este tipo de esquizofrenia, suelen ser crónicas y no tienen remisiones.

La esquizofrenia catatónica se caracteriza por posiciones fijas, mostrar posturas rígidas, manierismos, muecas…etc. Suelen presentar ecocalia (repetir las palabras como si fueran eco) y ecopraxia (imitar los movimientos). La esquizofrenia residual, la encontramos cuando una persona ya tuvo episodios de esquizofrenia y no manifiesta los síntomas. Algunos de los síntomas residuales pueden ser el aislamiento social, inactividad o afectividad plana.

En ocasiones, las personas pueden experimentar los síntomas durante unos meses, y luego vuelven a su vida normal… es aquí caundo vemos el trastorno esquizofreniforme, que se diferencia de otros tipos por criterios temporales. El trastorno esquizoafectivo se presenta cuando además de síntomas de esquizofrenia, las personas muestras trastornos del estado del ánimo, como la depresión o el trastorno bipolar.

Otros trastornos son el trastorno psicótico breve, el trastorno delirante y el trastorno psicótico compartido.

 

Como veis hay muchísimos tipos distintos, y por supuesto es un tema muy extenso del que casi no hemos tocado nada, pero espero que os haya podido dar unas claves para que os hagais una idea de los tipos de trastornos psicóticos que hay. Próximamente trataré algunos de estos trastornos con más profundidad, pero de momento os voy a dejar una lista con algunas películas que tratan este tipo de trastornos para ir abriendo apetito, y si os animáis a verlas, espero que escribais y me digais que tipo de trastorno psicótico trata cada una!


 

- Para saber más:


  • Barlow, D. y Durand, V.M. (2003). Psicopatología. Madrid: Thompson
  • DSM-IV
  • Psychmovies

 

El síndrome de Amok

Era un 16 de abril, un día cualquiera en la Universidad politénica de Texas, donde los estudiantes acudían para seguir su rutina de siempre, al igual que hizo Liviu Librescu un profesor de ingeniería y mecánica, experto en aeroelasticidad y aerodinámica, que había conseguido prosperar tras sobrevivir al Holocausto. Pero nadie podía imaginar lo que pasaría ese día… pero a las 07.15 de la mañana, se escucha un gran estruendo. Un disparo en los dormitorios de la residencia de West Ambles Johnson Hall. El caos se apodera del campus, y habiendo logrado su pretensión, el estudiante Cho Seung-Hui se abre paso a tiros por las facultades, en un estado de ira en el que acaba con todo lo que se pone ante él. De pronto llega a una puerta, en la que el profesor Librescu aguarda impidiéndole el paso, sabiendo que esa acción se condenaría a una muerte segura, pero que con ello daría tiempo a que los estudiantes que estaban dentro de la sala, pudieran escapar por la ventana. En efecto, el joven estudiante abrió fuego contra el profesor, pero esto tomó el tiempo suficiente como para que varios estudiantes pudieran escapar de su fatal destino.

Esta historia, acabó saldándose con las vidas de, nada menos que 33 personas incluyendo al mismo Cho Seung-Hui, que acabó con su propia vida.

Pero… ¿qué puede llevar a que una persona haga este tipo de cosas? Acabar con personas con las que nos cruzamos día a día, parece algo casi impensable. Y por tanto, atribuimos una serie de características muy específicas a los autores de este tipo de atrocidades, sin embargo ¿estamos en disposición de creer que sólo llevan a cabo crímenes personas “trastornadas”? Bien, os he contado esta historia, para poder introducir un concepto que hasta ahora no habíamos visto, y que me ha parecido interesante mostraros, y es el Síndrome de Amok. Aunque debo deciros que no estoy segura de que este relato haga referencia a este síndrome, os lo he contado para poneros un poquito en situación, para que os imaginárais una de esas situaciones en las que un tipo, -aparentemente sin motivo- se lanza como un loco con un arma y comienza a dañar a todo lo que se encuentra a su paso.

Este síndrome, ha sido estudiado por su exotismo… pues es muy común en Indonesia. Básicamente, este síndrome es una “explosión de ira descontrolada” (de ahí su nombre, que en malayo significa algo así como “lanzarse furiosamente ala batalla“). De pronto, el sujeto pasa por un periodo de preocupación, apatía y depresión moderada, tras el cual siente una explosión de ira, y tiene la  imperiosa necesidad de escapar a toda velocidad (a menudo portando armas en sus manos) y arrasando con todo lo que se pone en su camino hasta que algo lo para, o se acaba suicidando.

¿Cuáles son las causas y por qué está tan delimitado a ciertas regiones? Los especialistas señalan que existe la posibilidad de que de este tipo de conductas, esté el consumo de algún tipo de sustancia como el floripón. El floripón es una flor con efectos alucinógenos que provoca alucinaciones visuales, desorientación temporal y espacial, agitación e irritabilidad. Además, tiene una característica que hace que esté en el punto de mira como uno de los posibles causantes, y es que cuando se acaba el episodio de Amok, el sujeto sufre de amnesia y es incapaz de recordar nada de lo sucedido… y esto es justamente lo que sucede cuando se desvanecen los efectos del floripón.

Históricamente este trastorno se recogió en la literatura como reacciones comunes derivadas de la humillación a la que podían haberse visto sometidos algunos sujetos (puede tener sentido pensar que si estamos muy, muy avergonzados salgamos corriendo como locos y podamos llegar a hacer daño a alguien sin querer), por lo que no era considerado como algo fuera de lo normal. Por otro lado, tenemos que tener en cuenta las creencias de estos colectivos, con lo que otra posible explicación era… que el tipo que se ponía a correr por medio de los bosques estaba poseído (explicación coherente, porque recordemos que cuando se pasa, el sujeto no recuerda nada… así que sería fácil defender que no recuerdas porque el demonio te había poseído y no eras tú). Así que no fue hasta que las administraciones occidentales empezaron a darse cuenta de que ese comportamiento aparecía con más frecuencia ante determinados casos (personas con enfermedades crónicas, por ejemplo), cuando empezaron a estudiarla.

¿Y cómo están las cosas ahora? Pues entre tantas investigaciones, algunos autores están de acuerdo al señalar que aunque es una enfermedad rara, se manifiesta en personas con trastornos como la psicósis crónica o estados de confusión agudos relacionados con estados tóxicos. Otros hablan de la influencia de múltiples causas como el hecho de ser joven, hombre, ambigüedad de roles, rupturas familiares, una pérdida reciente o estados relacionados con el consumo de alcohol y sustancias.

Como podréis imaginar es algo difícil de estudiar, ya que primero habría que diferenciarlo de problemas de comportamiento, otros problemas psicológicos e incluso otras claves contextuales, y todo esto se complica aún más cuando recordamos que este síndrome se da en un marco geográfico muy específico, donde hallamos una cultura distinta que puede estar modulando muchas de estas variables… así que aún queda mucho por investigar, pero poquito a poco vamos encontrando explicaciones a estos comportamientos tan anómalos a simple vista.

¿Y si pudieras recordar cada día de tu vida?

Si hace un tiempo hablábamos de Clive Wearing, cuya memoria no era mucho mejor que la de “un pez”, hoy vamos a hablar de todo lo contrario: sujetos que no pueden olvidar. En principio, tener una memoria que nos permitiera recordar sin esfuerzo todo lo que quisiéramos, parece una gran ventaja… ¿cuánto tiempo nos habríamos ahorrado repitiendo una y otra vez lo mismo hasta conseguir retenerlo?. Sin duda presentaría ventajas… pero para las personas que lo sufren, no es tan sencillo.

Esta capacidad es conocida como hipertimesia, y consiste básicamente en que los sujetos tienen una memoria autobiográfica extraordinariamente eficaz. Estas personas, pueden recordar a la perfección cualquier acontecimiento que les haya ocurrido, pueden retomar cualquier información que tengan almacenada: que comieron ese día, que ropa llevaban; que vieron, escucharon o leyeron, lo cual les proporciona además, la capacidad de ubicar con facilidad cualquier evento importante que sucediera en el mundo el día por el que les estés preguntando.

Es tan extremadamente extraña, tanto que tan sólo han sido identificados cuatro sujetos hipertimésicos: Jill Price, Brad Williams, Rick Baron y Bob Petrella en los Estados Unidos, y el célebre caso de Solomon Shereshevskii, investigado por Luria.


 

Jill Price nació en Los Ángeles en 1965, y no podía olvidar desde los 14 años. Jill ya se había dado cuenta de que era diferente, que podía recordar cosas que los demás no podían… y llena de curiosidad, comenzó a buscar por Internet información sobre lo que le sucedía. Así dio con James McGaugh, un experto en neurociencia especializado en memoria y aprendizaje, con el que se puso en contacto explicándole su caso. McGaugh se interesó rápidamente por Jill, y tras cinco años de entrevistas, publicaron en 2006 en la revista Neurocase, el caso de esta mujer.

Jill Price sosteniendo sus diarios

Los primeros recuerdos de Jill se remontan a cuando estaba en la cuna, sin embargo todos guardamos recuerdos de cuando éramos muy pequeños, y muchas veces no estamos seguros de si es porque realmente lo recordamos o porque de escuchar tantas veces historias al respecto, hemos creado un falso recuerdo, tan lleno de detalles que pensamos que es exactamente lo que sucedió, y no podemos concebir que sea una creación nuestra. Pero a medida que iba creciendo, Jill podía recordar demasiado bien datos sobre el curso anterior, pero esto se achacó a que la pequeña simplemente tenía buena memoria. A esa edad se mudó (los expertos señalan que quizá esa experiencia, traumática para ella, forjó cambios a nivel neural implicados en su capacidad de memoria), continuó creciendo y a los 12 años seguía mostrando esas capacidades tan sorprendentes, sin embargo tenía que esforzarse para recordar y a veces no podía “ver” todos los detalles. Sin embargo, cuando Jill cumplió los 14 años, su forma de recordar cambió totalmente. Ahora sus recuerdos eran automáticos, navegan sin rumbo en su cabeza y no podía pararlos. A menudo, podía ver su vida en “forma de película” pero no podía ponerlo en pausa. Jill señala que suele estar hablando con alguna persona, y estar viendo en ese mismo momento cualquier situación del pasado, que aparece de manera descontrolada… como si hiciera zapping continuamente, y viera su vida y sus recuerdos a modo de pantalla partida. Jill comenzó a escribir un diario, constumbre que mantuvo hasta cumplir los 34 años, esto permitió a los investigadores contrastar la información emitida por Jill sobre sus recuerdos, con lo que realmente sucedió… y aunque parece una costumbre cualquiera, para Jill se convirtió casi en una obsesión, llegando a anotar cada pequeño detalle.

Señala que muchas veces esta capacidad le ha servido de mucha ayuda, pues puede traer a su mente los recuerdos positivos de su vida… pero la contrapartida, es que tampoco puede dejar de ver aquellas situaciones embarazosas, las malas decisiones y las equivocaciones, una y otra vez, lo que ha significado graves problemas emocionales para ella.

(Inglés)


Brad Williams

Brad Williams es un locutor de 51 años, que vive en Wisconsin. Al igual que Jill, su memoria es extraordinaria, lo que ha hecho que se ganara el apodo de “Hombre Google”. Y aunque siempre supo que tenía una memoria extraordinaria, no pensó que fuera un don… hasta que lee el caso de Jill, y se pone en contacto con el doctor McGaugh, quien tras una entrevista de 40 minutos, sonríe satisfecho por haber encontrado a otro hipertimésico. Actualmente, existe un documental sobre su memoria, llamado Unforgettable, en el que además de contar la vida de Brad, nos muestra una competición entre él y google, con preguntas retorcidas como: ¿quién ganó el Óscar a mejor actriz en 1965?. Y si, el ganador es Brad, habiendo respondido a 18 preguntas de este tipo en menos tiempo que una persona  buscando la información en el famoso buscador.

Rick Baron


Rick Baron
, es originario de Cleveland y asegura recordar todo lo que ha leído desde los 11 años. Ken Mogi, recuerda en la entrevista que le realizó:

Cuando le dije que había nacido el 20 de Octubre de 1962, Rick sonrió. Parecía algo muy sencillo para él. “Sabías que fue un sábado, ¿no?”. Y añadió: “¿Y sabes qué sucedió dos días antes?” Eso me desconcertó. “No”, le respondí. “Fue la crisis de misiles Cubana”, dijo Rick.

Para Rick su memoria es algo normal, y sólo la utilizaba para ganar los concursos de trivial, con los que conseguía grandes regalos. Al igual que nuestros dos protagonistas anteriores, Rick se puso en contacto con McGaugh y fue identificado como hipertimésico, aunque asegura que su vida es exactamente la misma.

Bob Petrella

Bob Petrella tiene 51 años y tiene un programa de deportes. Es capaz de recordar como y cuándo conoció a cada una de las personas que encontró en su vida, además de poder reproducir a la perfección las conversaciones que mantuvo a lo largo de sus 53 años. Petrella, como todos los sujetos de los que hablamos hoy, siempre se sorprendió de su buena memoria. Ríe recordando lo fácil que era para él pasar de curso sin tocar un libro, al poder recordar todas las clases a las que había asistido. En una entrevista reciente, afirmaba haber perdido su teléfono el día 24 de septiembre de 2006, pero que no había tenido que rellenar la lista telefónica, ¡porque ya tenía todos los números en su cabeza!. Pese a tener una memoria prodigiosa, Petrella dice que lo que mejor recuerda es lo que más le gusta: los acontecimientos históricos y políticos, y los deportes. Es capaz de recordar el día en que se celebró casi cualquier evento deportivo, el tiempo que hacía, los deportistas presentes, los resultados… y cualquier dato relacionado.

Finalmente vamos a hablar de Solomon Shereshevskii, uno de los pacientes estrella de Luria. Solomon era un periodista ruso, que no destacó mucho… hasta 1920, cuando tras alardear de su memoria, le pidieron que no tomara ninguna anotación en un discurso, y él lo hizo. La sorpresa se dio cuando pudo repetir todo el discurso palabra por palabra, como si lo estuviera escuchando dentro de su cabeza. Sus jefes, sorprendidos le recomendaron que visitara a Luria, que rápido se interesó por Solomon, y dedicó 30 años de su vida para estudiar su caso. Este hombre era capaz de recordar enormes series de números, incluso textos enteros escritos en lenguas que ni siquiera conocía. Aunque he decidido introducir aquí el caso de Solomon, porque estamos hablando de memoria, sus mecanismos mnésicos son distintos, pues Luria encontró que se basaba habitualmente en la sinestesia. Pero este caso, lo contaremos en otra entrada, si estáis interesados y no queréis esperar, leed “Pequeño Libro de un gran mnemorista” de A.R. Luria, que nos cuenta todas las habilidades de Solomon de la mano de uno de los mejores científicos que ha habido.

Para saber más:

- Luria, A.R. (1973). Pequeño libro de una gran memoria: la mente de un mnemonista.

- Schachter, D. (1999). En busca de la memoria: el cerebro, la mente y el pasado.

- Baddeley, A.D. (1998). Memoria humana: teoría y práctica.

- Unforgettable.







El síndrome de Alicia en el país de las maravillas

“¡Qué sensación más extraña! –dijo Alicia–. Me debo estar encogiendo como un telescopio.

Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín. Primero, no obstante, esperó unos minutos para ver si seguía todavía disminuyendo de tamaño, y esta posibilidad la puso un poco nerviosa.(…). Mientras decía estas palabras, le resbaló un pie, y un segundo más tarde, ¡chap!, estaba hundida hasta el cuello en agua salada. Lo primero que se le ocurrió fue que se había caído de alguna manera en el mar. (…)Sin embargo, pronto comprendió que estaba en el charco de lágrimas que había derramado cuando medía casi tres metros de estatura.


Aunque a simple vista esto no parece más que un fragmento de Alicia en el país de las Maravillas, podríamos estar perfectamente ante la descripción de lo que está viendo una persona que sufre de micropsia (también conocido como síndrome de Alicia en el país de las maravillas).

Fue descrito por primera vez en 1952, y es definido como una alteración perceptual de la visión, que provoca que el sujeto vea todo lo que le rodea de manera mucho más grande (macropsia) o mucho más pequeña (micropsia), que sufran modificaciones en la percepción espacial en relación a la ubicación de los objetos o la distorsión en la percepción del tiempo, viendo que las cosas suceden muy rápido o extremadamente despacio. Habitualmente aparece asociado a otros trastornos como la migraña, epilepsia, la acromatopsia (no pueden ver los colores) o la prosopagnosia; pero también se ha relacionado con lesiones cerebrales, infecciones víricas y el consumo de distintos tipos de drogas.

Lamentablemente, los estudios no han podido revelar la localización exacta del cerebro donde podemos ubicar la lesión que lleva a la aparición de este síndrome, por tanto su tratamiendo es complejo y no siempre efectivo. Habitualmente los pacientes se someten al mismo tratamiento que los enfermos de migraña, como anticonvulsionantes, antidepresivos o dieta estricta.

Para acabar, os puedo contar que se rumorea que Lewis Carrol podía haber sufrido este síndrome, ya que sufría de migrañas… y hacía unas descripciones demasiado buenas de lo que sufren los enfermos en sus obras.

Aquí os dejo un video con el testimonio de personas con este síndrome.



El síndrome de Munchausen

En 1720, nace en Bodenwener Karl Friedrich, Barón de Münchhausen, quien sería conocido por sus increíbles historias. Tras volver de la guerra, comenzó a narrar sus aventuras en el campo de batalla, en las que era muy común escuchar cosas tan raras como que sabía cabalgar sobre las balas de los cañones, que había viajado a la luna o que salió de una zanja estirando de su propia coleta. Este tipo de aventuras impresionaban cuando las contaba…pero no eran muy creídas por su público. Sin embargo, pronto comenzaron a extenderse y a hacerse famosas, de modo que acabó siendo la figura inspiradora de escritores, artistas y directores de cine.

Cerca de doscientos años después, el doctor Richard Asher comienza a darse cuenta de un patrón muy extraño que se repite en muchos de sus pacientes. Éstos presentan lesiones en distintas partes del cuerpo (que más tarde descubriría que eran autoproducidas), pero lo que le sorprendió realmente, eran las historias que contaban en relación a esas heridas. Eran historias extrañas, sin sentido, que podía apreciarse claramente que eran inventadas. Así, ese mismo año publica en The Lancet, un artículo en el que describía los comportamientos asociados:

“Pacientes que presentan unas historias clínicas espectaculares, llenas de mentiras e invenciones, en un presumible intento de conseguir seguridad hospitalaria y atención médica”


Ahora conociendo la historia del síndrome, nos es mucho más fácil comprender la idea que subyace en él. El Munchausen tiene distintas formas de manifestarse, en un principio las personas afectadas con Munchausen se caracterizan por sentir constantemente la necesidad de tener la atención de familiares y médicos. Para conseguirlo, es común que finjan sufrir todo tipo de enfermedades, y que se las lleguen a “autoproducir” ingiriendo distintos medicamentos o lesionándose, hasta tal punto que suelen necesitar ser hospitalizados. Es probable que a muchos de vosotros este síndrome os recuerde a la hipocondria, la diferencia es la intencionalidad. Mientras que el Munchausen sabe que no está enfermo, el hipocondríaco, realmente cree padecer todas las enfermedades que dice sufrir.

Sin embargo, es muy probable que muchos estéis pensando que esto que os cuento no es el Munchausen que estamos acostumbrados a ver por las noticias, y en efecto, estáis en lo correcto. Y es que existe otra manifestación de este síndrome, y es el conocido como Munchausen por poderes. En esta forma, los afectados (en su mayoría mujeres), sienten la necesidad constante de sentirse necesitados por sus familiares, especialmente por los hijos. A medida que los hijos se hacen mayores, esa dependencia se va perdiendo, y para mantenerla, estos enfermos emplean múltiples técnicas: envenenamiento paulatino, ingestión de objetos, adición de sangre a las heces, asfixia (bolsas de plástico), falsificación del historial clínico, no dándoles de comer, administrándoles fármacos que provoquen vómitos y diarreas…etc.

Una vez que los niños se encuentran hospitalizados, sus madres (digo madres, porque es lo más común, pero no tiene porque ser así ) se muestran excesivamente serviciales y agradecidas por las atenciones prestadas a sus hijos. Habitualmente se ve que los niños mejoran su salud dentro del hospital, sin embargo, cuando vuelven a casa, recaen en sus enfermedades. Por este motivo, lo más común es que las madres lleven a sus hijos a distintos hospitales y doctores, en un intento de no hacer evidentes los repetidos ingresos hospitalarios.

Se calcula que en USA, este síndrome es el responsable de las muertes de un 10% de los niños. Los niños afectados pueden tener cualquier edad, se da mayoritariamente entre niños de uno a cuatro años, no habiendo diferencias significativas de sexo. Según González et cols. en un 25% de los casos, se conocían hermanos muertos, y en un 61,3%, la existencia de enfermedades similares o sospecha de Munchausen por poderes. Un 7,3% sufrieron lesiones a largo plazo o con secuencias permanentes, y un 6% resultaron fallecidos, siendo la madre la causante de estos daños en el 76.5% de los casos. En su artículo señalan que en su experiencia, estas madres son jóvenes, de bajo nivel socioeconómico, sin empleo (o de carácter precario), con dinámica familiar desestructurada (niños que viven con abuelos, madres solteras…). En un 50% de los casos, existían antecedentes psiquiátricos por ansiedad o depresión.

Estos autores, presentaron en su publicación un caso muy curioso de Munchausen, en la que se había provocado la ingestión repetida de distintos objetos: pensientes, botones, tornillos y agujas de costura). La madre, mujer de 22 años y con problemas psiquiátricos, daba estos objetos al pequeño, que tan sólo tenía 10 meses.

Como podéis imaginar, es de fundamental importancia diagnosticar a los pacientes que sufren este síndrome, pues las consecuencias para, en este caso, los hijos, son fatales. Su diagnóstico es muy complejo, pero hay algunas conductas que pueden darnos una pista. Por ejemplo, los profesionales de la salud se ponen especialmente en alerta, cuando ven la primera y más evidente señal: los ingresos reiterados de un niño en el hospital, más aún cuando las causas son confusas o injustificadas. Algo importante a tener en cuenta, se encuentra dentro del historial, atendiendo a la existencia de algún familiar muerto bajo alguna enfermedad grave, o bajo circunstancias inconclusas. A partir de aquí, se realizan distintas pruebas médicas al niño, tratando de hallar diagnósticos diferenciales. En este momento es cuando se atiende a las características de la madre, observando su conducta ante el diagnóstico del pequeño, sus relaciones con el personal sanitario…etc.
De este modo se establecen las primeras pistas, pero una de las pruebas vitales para la detección de este síndrome, es la llamada Prueba de Separación. Se basa en un principio muy sencillo, y es que si la madre es quien provoca los daños, al separarla del niño, éste debería dejar de presentar las dolencias. Si en efecto, esto se produce, es el momento de la intervención, analizando los tres agentes clave dentro de estas problemáticas: el niño como víctima, la madre y el núcleo familiar, como contexto donde se desarrollan estos problemas.

Para saber más:

De la Cerda, F. , Goñi González, T., Gómez, I. (2006). Síndrome de Munchausen por poderes. Cuadernos de medicina forense. 43-44

Artículo de Asher

Medline

Baron Munchausen

Caso de Munchausen. (Video. En español)


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