Pues a mi me parecen todos iguales

¿Cuántos hemos escuchado o incluso utilizado esta expresión? Quien habla de chinos puede hablar de cualquier otra raza ajena a la nuestra, y quizá muchos os habréis preguntado si a ellos les parece que todos nosotros también somos iguales. Posiblemente pensemos que esto sólo nos pasa a nosotros, pero la ciencia experimental nos ha demostrado que este es un fenómeno bastante extendido, y que puede llegar a tener implicaciones muy importantes para otras disciplinas, como las ciencias criminológicas (credibilidad de los testigos, ruedas de reconocimiento…etc), que son de las que hablaremos en esta entrada.

Esta idea es lo que, como bien sabréis a estas alturas, llamamos sesgo (para los que no han hecho los deberes, lo recordaremos: Un sesgo cognitivo es una percepción de la realidad que se ve influida por distintas variables como las creencias, las expectativas o la experiencia), y consiste básicamente en la tendencia a que nos sea complicado diferenciar tanto los rasgos como las expresiones emocionales de una raza o grupo étnico distinto al nuestro.Imaginemos que somos personas caucásicas y que somos testigos de un delito cometido por un hombre de raza negra. Debido a este sesgo, cuando en la rueda de identificación nos pongan a ocho personas prácticamente iguales físicamente, tendremos muchos problemas para identificar cuál de ellos fue el que vimos. Si bien en nuestra vida cotidiana este efecto no es más que una mera curiosidad, pensemos que señalar erróneamente a alguien como culpable de un delito puede tener consecuencias tan graves como la pena de muerte (recordemos los supuestos errores de identificación en el caso de Troy Davis). Por este motivo distintos autores se han centrado en estudiar las causas de este efecto y tratar de reducirlas lo máximo posible, habiéndose planteado tres hipótesis explicativas.

La primera propuesta viene de la mano de Goldstein, y señala que existen una tendencia a creer que hay razas que muestras característias físicas más homogéneas que otras, y esto haría que esas razas que son más similares entre ellas fueran más difíciles de identificar para un observador externo. Sin embargo, esta teoría se fue un poco a pique al someterla a comprobación empírica… porque tras realizar varios estudios analizando las similaridades perceptuales entre distintas razas, vio que no había correlación.

Nuestra segunda teoría explicativa hace referencia a los conceptos de endogrupo y exogrupo. Cuando hablamos de endogrupo nos estamos refiriendo a aquel grupo al que sentimos que pertenecemos por compartir una serie de características y códigos. La identidad del grupo viene determinada por la percepción de semejanzas entre los miembros del grupo, y puede variar en función del contexto en el que nos encontremos:  nuestro grupo de amigos, nuestro equipo de fútbol, nuestra clase o nuestra raza. Un fenómeno curioso es que dentro del endogrupo los miembros sienten que las semejanzas entre ellos son mucho mayores de lo que son en realidad, y que las diferencias respecto a los que no son del grupo (exogrupo) también son mayores. Esto tiene la capacidad de hacer que los miembros del endogrupo estén mucho más unidos contra esos con los que no tienen nada que ver (recordad el experimento de Sherif del campamento y los niños). Lo que tenemos que saber bien para seguir con el efecto de la raza, es que se produce un vínculo emocional muy fuerte entre los miembros del endogrupo, y esto puede producir diferencias en cuanto a las actitudes. Seeleman y Gasper hicieron unos experimentos en relación a esto, y vieron que si les pedían a sujetos blancos que memorizaran rostros de personas blancas y negras, y el porcentaje de recuerdo de los rostros blancos era muchísimo mayor, habiendo mostrado fisiológicamente “indiferencia” para codificar los rostros negros. Ahora bien, si estas mismas personas blancas tenían contacto a menudo con personas de raza negra, el porcentaje de reconocimiento de rostros blancos y negros se volvía muy similar, y el esfuerzo por codificar ambos rostros también era muy parecido. Así, vemos que aquellos que atribuían la raza negra como exogrupo mostraban menos interés y menos aciertos que aquellos que los atribuían como endogrupo.

Ahora bien, estos descubrimientos nos llevan a formular la tercera gran hipótesis: el papel de la experiencia. Si bien es cierto que el esfuerzo era mayor por las actitudes favorables, también parece explícito que aquellos estudiantes que trataban con personas negras tenían una mayor experiencia perceptiva, y por tanto esto podría estar influyendo en su adecuado reconocimiento. En efecto, experimentos posteriores realizados para determinar el reconocimiento de las expresiones emocionales faciales con personas de distintas razas, mostraron que era mucho más fácil identificar las emociones dentro de una misma raza, o habiendo tenido experiencia con personas de otras razas.

Sin embargo, vemos que por muchas explicaciones que le demos a este efecto… no parece que vayan a servir mucho de ayuda para que los testigos puedan identificar mejor, porque la solución que nos dan es que éstos hayan tenido experiencias previas con personas de otras razas. Además, no terminan de explicarnos por qué ocurre este efecto.En las búsqueda de esta explicación se han llevado a cabo múltiples experimentos con estímulos faciales asiáticos, caucásicos, negros y recientemente se han incluído hispanos. En el experimento que vamos a ver ahora, se usaron sujetos hispanos cuya tarea era reconocer distintos rostros ambiguos (rasgos como la nariz, ojos o labios habían sido modificados siguiendo los patrones de otras razas, en este caso negra). En este trabajo se trata de ver si los sujetos son capaces de reconocer los rostros como hispanos o negros teniendo en cuenta el marcador racial (con esto nos referimos al pelo, porque vieron que cuando aparecía la cara sin pelo era muchísimo más difícil determinar la raza a la que pertenecia).

Lo que tenían que hacer los participantes era determinar la raza de 24 caras ambiguas que contenían características que se solapan en ambas razas (cejas, ojos y pelo oscuro, labios prominentes, nariz…etc), pero que no se consideran exclusiva de ninguna de ellas, y clasificar únicamente a través de esas característica sería muy complicado… hasta que introducimos un marcador racial que hace que sean fácilmente identificables, en este caso, el pelo.Ejemplo de rostros ambiguos”]

A través de un estudio piloto se determinaron los cuatro estilos de peinado más comunes entre los hispanos y los negros, y con estos datos se dividieron las 24 caras ambiguas en dos mitades: una contenía los peinados típicamente negros y la otra los hispanos (de manera que no se viera sesgada la identificación de los rostros por el peinado).

Ejemplo de rostros ambiguos

Peinados como marcador racial

El experimento incluía distintas combinaciones, de manera que al principio se presentaban 24 caras (12 de cada raza) y luego otras 24, y los sujetos tenían que determinar si ya habían visto o no esos rostros antes. Una vez que se desarrolló todo el experimento (para más datos metodológicos podéis leer el informe original en la bibliografía), los resultados mostraron que los rostros hispanos habían sido mejor reconocidos que los negros, por los participantes hispanos. Además, también mostraron mucha más facilidad para reconocer los rostros nuevos y viejos hispanos, pero se confundían con los negros (no sabían si los habían visto antes o eran unos nuevos). Este experimento parece mostrar que el efecto de la raza no tiene tanta relación como se creía con la experiencia, pues aún cuando usamos estímulos comunes a varias razas… el efecto sigue apareciendo. Quizá este trabajo apoye más la idea de la categorización racial, pues aún características idénticas sólo eran diferenciadas en presencia de un marcador racial (pelo).

Ahora que sabemos que este efecto se produce una y otra vez en todos los contextos, ya estamos listos para plantearnos las implicaciones legales de las que hablábamos al principio. A la hora de reconocer a sospechosos influyen muchísimas variables como el nivel de ansiedad del testigo en el momento del delito, la presencia o no de armas….etc. (recordad la entrada en la que hablábamos de esto) junto con los prejuicios sobre distintas razas (X vienen a robar, x raza es peligrosa…etc.). Así que no sólo hemos de lidiar con los errores del sistema policial a la hora de hacer ruedas de reconocimiento, sino que tenemos que tener en cuenta todas las características del testigo y el efecto de la raza. Shereee Josephson de la Weber State University realizó un experimento con cuarenta participantes a los que les ponía un vídeo en el que se estaba cometiendo un crimen. Al día siguiente de haber visto el video, se les pedía que fueran a una rueda de reconocimiento fotográfica para señalar al culpable. En efecto encontró lo que estáis pensando: la mayoría falló identificando al sospechoso, muchos señalaron a personas que ni siquiera salían en el video y otros señalaban a varios distintos. Los que acertaron pertenecían a la misma raza que el supuesto criminal que salía en el vídeo.

Otro ejemplo lo hicieron Platz y Hosch con personas que tenían que diferenciar entre tres personas que habían comprado previamente: uno blanco, uno negro y un mexicano. Al final los resultados nos volvieron a mostrar lo mismo que todos los anteriores: eran capaces de identificar sin problema a los sujetos que eran de su propia raza, pero cuando tenían que reconocer a los otros decían: “Pero es que son todos iguales”.

Ahora que sabemos esto ya estamos en disposición de ser más críticos cuando escuchemos, leamos o nos cuenten cómo alguien identificó sin lugar a dudas a algún sospechoso de otra raza distinta a la suya. Recordad que nuestra memoria es muy maleable incluso en condiciones ambientales óptimas, así que ¿cómo fiarnos de lo que vimos bajo condiciones malas o con niveles de estrés elevados? Pues esto que nos pasa a nosotros, también le pasa a los demás… así que os quiero ver críticos y quisquillosos con la próxima película en la que veais testigos oculares que se someten a ruedas de reconocimiento!

Para saber más:

- Examining The Cross-Race Effect Using Racially Ambiguous Faces (PDF)

¡Ahora lo veo en todas partes!

Toda tu vida en este planeta y jamás habías oído el nombre de ese escritor, habías visto a ese actor o habías escuchado a ese grupo de música, pero basta que conozcas de su existencia para que de pronto todo el mundo se ponga de acuerdo, y tú te lo encuentres hasta en la sopa. ¿Cuántas veces os ha pasado esto?

Pues en 1986 más o menos, un tal Terry Mullen se inquietó por esta casualidad que le acababa de suceder y decidió remitírsela a la sección de anécdotas del St. Paul Pioneer Press, bajo el título: “El fenómeno Baader-Meinhof”. Resulta que el señor Mullen estaba leyendo un artículo en el periódico y allí leyó por primera vez sobre la existencia de una organización terrorista alemana de la posguerra llamada Fracción del Ejército Rojo, o Baader-Meinhof (en honor a sus líderes más destacados). A partir de ese momento empezó a verlo en numerosos lugares cuando ni siquiera lo buscaba… y esto le llamó tanto la atención que decidió mandarlo al periódico.

Una vez que se publicó su escrito, empezaron a llegar montones de historias de lectores que habían vivido lo mismo con distintos contenidos, y desde entonces se enviaron bajo el nombre del efecto baader-meinhof. Así, el efecto se define como: ” Fenómeno que sucede cuando una persona, después de haber aprendido algun hecho específico, una frase, una palabra, o la existencia de una cosa por primera vez, se la encuentra de nuevo, quizá muchas veces en un periodo corto después de haberlo aprendido“.

¿Por qué nos pasa esto? Existen distintas explicaciones en función de a quién acudamos. Dentro de las explicaciones menos científicas podemos encontrar el concepto Jungiano de sincronicidad, que significa: “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal”, es decir, cuando dos acontecimientos que es muy improbable que se den juntos, se dan y además tiene un significado. Esta definición es muy liosa y rollo, así que vamos a explicarlo a través de un ejemplo del propio Jung:

“Una joven paciente soñó, en un momento decisivo de su tratamiento, que le regalaban un escarabajo de oro. Mientras ella me contaba el sueño yo estaba sentado de espaldas a la ventana cerrada. De repente, oí detrás de mí un ruido como si algo golpeara suavemente la ventana. Me di media vuelta y vi fuera un insecto volador que chocaba contra la ventana. Abrí la ventana y lo cacé al vuelo. Era la analogía más próxima a un escarabajo de oro que pueda darse en nuestras latitudes, a saber, un escarabeido (crisomélido), la Cetonia aurata, la «cetonia común», que al parecer, en contra de sus costumbres habituales, se vio en la necesidad de entrar en una habitación oscura precisamente en ese momento. Tengo que decir que no me había ocurrido nada semejante ni antes ni después de aquello, y que el sueño de aquella paciente sigue siendo un caso único en mi experiencia.”

Ahora nos queda más claro a qué se refería Jung con el tema de la sincronicidad. Pero como veis, esta explicación es un poco demasiado chamanesca. Como alternativa a este concepto surgen las explicaciones de corte cognitivo, que señalan la importancia de dos conceptos: la atención selectiva y la recencia.

La atención humana se divide en tres tipos: la atención sostenida (que es la que implica estar muy concentrados en una sola cosa, por ejemplo cuando leemos), la atención dividida (que es la que surge cuando hacemos varias cosas, por ejemplo cuando copiamos algo dictado: escuchamos y escribimos a la vez), y por último, la atención selectiva. Vamos a imaginarnos que estamos por la calle y hemos quedado con algún amigo. Lo más normal es que en la calle haya muchísima gente, ¿y cómo hacemos para no confundir a nuestro amigo con cualquier otra persona? Pues activamos nuestra atención selectiva, que tiene como una especie de filtro que nos hace ignorar la información irrelevante y captar únicamente la que nos interesa. Podréis imaginar lo difícil que sería para nuestro sistema -que es muy limitado- atender y procesar toodos los estímulos que nos encontramos a lo largo del día, y de los cuales muy poquitos son interesantes.

Bien, pues la primera propuesta es que cuando conocemos una nueva información, ésta se convierte en un estímulo significativo para nosotros y nos es más fácil identificarlo. Así, si ahora cualquiera de vosotros os ponéis a leer una revista y de pronto leéis “Efecto Baader Meinhof”, vuestra atención selectiva se fijará en ello porque ahora conocéis lo que es, y antes probablemente lo pasarais por alto, pues no tenía ningún significado. De este modo podemos ver que pasa con cualquier otro estímulo, por ejemplo si conocemos a alguien con un nombre raro, ahora nos fijaremos más en ese nombre y lo destacaremos más, puesto que ahora hemos activado un significado emocional.

La otra explicación tira del concepto de recencia. En psicología tenemos en cuenta el orden de presentación de los estímulos, puesto que se ha visto en numerosas investigaciones que es de gran importancia. Se ha visto una y otra vez que los estímulos que se presentan en primer (primacía) y último lugar (recencia) son mejor recordados por los sujetos, y adquieren una significación más potente. Así, cuando adquirimos una nueva información estamos más atentos al estímulo la próxima vez que lo encontremos.

Ahora que sabéis de la existencia de este fenómeno, estad atentos… y ¡a ver en cuantos sitios os lo encontráis!

El efecto Dunning-Kruger

Seguramente todos vosotros os habréis topado en vuestra vida con una de esas molestas personas que dicen saberlo todo. No importa el tema del que se esté hablando, porque estas personas dicen saber siempre más que los demás… aunque esto no lo demuestren demasiado a menudo.

Parece que los investigadores Justin Kruger y David Dunning de la Universidad de Cornell (NY) también conocían a un par de personas así, por lo que idearon una investigación para comprobar la existencia de esta tendencia a sobrevalorar los propios conocimientos e infravalorar los de los demás, independientemente de las pruebas que haya para pensar que tienen razón.

Para ello, lo que hicieron fue partir de la hipótesis de que los sujetos incompetentes cumplían tres características: tienden a sobreestimar su habilidad, son incapaces de reconocer las habilidades de los otros ni su incompetencia real; y por último, determinaron que si se les entrenaba para mejorar su habilidad, serían capaces de darse cuenta de que antes no sabían tanto como creían.

Para someter esta hipótesis a comprobación empírica, lo que hicieron fue pedirle a una serie de estudiantes voluntarios que se sometieran a unos cuestionarios en los que se evaluaban distintas habilidades como comprensión lectora, lógica o gramática. Una vez que se obtuvieron los resultados, se les preguntó individualmente que estimaran qué tal lo habían hecho… y lo que se vio iba justamente en la dirección que apuntaban Kruger y Dunning: los sujetos que obtuvieron peores puntuaciones estaban seguros de haber sido de los mejores. Pero también encontraron algo que no habían planteado, y es que se producía también el efecto contrario: Los que tenían buenas puntuaciones, tendían a subestimar muchísimo sus resultados. Además, estos sujetos “brillantes” que se creían peores, también tenían la tendencia de creer que aquellas tareas que a ellos les resultaban muy complicadas, a los demás seguro que les parecían facilísimas, con lo que sus autopercepciones eran todavía más negativas.

Otros autores replicaron este experimento y encontraron que los resultados seguían siendo congruentes con el experimento original. Una y otra vez, aquellos menos capaces tendían a creerse superiores y a negar las habilidades de los otros, mientras que los competentes creían ser peores de lo que eran y estimaban como más capaces a todos los demás.

La explicación que se ha dado a este efecto está en relación al feedback que se recibe desde cada uno de los dos grupos. Como decíamos al inicio, cuando en una conversación normal nos encontramos con la persona sabelotodo, que por mucho que se le diga que no tiene razón, no hace ni caso… acabamos por dejar de decirle nada e ignoramos la mayoría de sus comentarios, esto es, no les damos feedback. Esta falta de retroalimentación provoca que estos sujetos consideren que nadie tiene ninguna duda de sus conocimientos, por lo que esto tiene que significar que son superiores y nadie replica porque saben menos que él. Sin embargo, cuando estamos conversando con una persona que reconoce lagunas en sus conocimientos y aportamos algún dato que desconoce, hacemos que añada esa nueva información a sus conocimientos previos, de manera que se refuta su idea de que no lo sabe todo, y de que los demás pueden tener más conocimientos que de los que posee.

Sin embargo, para explicar este efecto debemos tener en cuenta ciertos factores, que a menudo son ignorados. En primer lugar, hay que atender a los efectos de la regresión a la media. Este concepto se refiere a una tendencia a que los sujetos más extremos se vayan acercando a la media en las mediciones posteriores, de manera que los más brillantes reducirían su rendimiento y los menos, lo aumentarían. Por tanto, vemos que no resulta tan sorprendente haber encontrado estos hallazgos si tenemos en cuenta este efecto. Pero aunque expliquemos parte de esta tendencia, aún hay algo que ni este concepto estadístico explica: ¿por qué se produce asimetría en las percepciones? Suponemos que si los incapaces tienden a evaluarse como excelentes, los capaces deberían verse en el extremo opuesto, sin embargo esto no es así.

Para explicar el motivo de esta asimetría, acudimos a los sesgos cognitivos, en este caso al sesgo por el cual las personas tendemos a considerarnos de un modo excesivamente positivo. De este modo, aquellos que resultaban incapaces exageraban sus resultados, pero los que infravaloraban, al hacer uso de este sesgo se veían menos influidos negativamente, situándose en su percepción más cerca de la realidad que los incapaces.

Finalmente, hay que señalar la existencia de estudios recientes que apuntan otra variable que hay que tener en cuenta: la dificultad de la tarea. Los investigadores vieron que en función de la dificultad, las percepciones cambiaban. En caso de enfrentarse a cuestionarios muy difíciles, todos los sujetos mostraban la sensación de haber tenido un desempeño menor que el resto de las personas. Sin embargo, cuando el cuestionario tenía preguntas fáciles, se refutaron los resultados hallados previamente por Kruger y Dunning.

Así que la próxima vez que os encontréis con uno de estos sabelotodo ya sabéis lo que contestarles!

Lavado de cerebro

Titular que recoge el suicidio colectivo promovido por el pastor Jim Jones

En nuestro día a día hay un tema muy interesante al que a menudo no se le presta atención, porque sucede de manera casi automática. Pero, paraos a pensar un segundo, ¿cuántas veces a lo largo del día veis ejemplos de persuasión?. Niños jugando y tratando de convencer a los otros de que sus propuestas son mejores, vendedores en las tiendas… por no hablar del bombardeo al que nos somete la televisión. Es algo habitual a lo que estamos muy acostumbrados, y si se hace bien es muy positiva para ayudarnos a conseguir nuestros objetivos. Sin embargo, y como bien sabemos… todos los extremos son malos, y dentro de este campo tenemos dos polos: la sumisión y la persuasión coercitiva.

Para hablaros hoy de la persuasión, lo que vamos a hacer es recorrer un pequeño camino a lo largo de una de las vías de persuasión más extremas que hay, y que por su propia naturaleza, nos va a ayudar a comprender muy bien todas sus características. Os estoy hablando de las sectas.

Antes de nada, para todos los que estéis pensando que hay muchas formas de entender la persuasión, debo deciros que estáis en lo cierto, y si además pensáis que es muy difícil llegar a definir lo que es persuasión buena y persuasión mala, pues también tenéis razón. De hecho esta es una de las cosas que más traen de cabeza a los investigadores de este tema: la frontera entre persuasión voluntaria y coercitiva. ¿Debemos establecer la persuasión coercitiva como la restricción de la libertad? Si es así, buena parte de la persuasión socialmente tolerada, también presenta cierto grado de coerción, y eso no nos hace pensar que toda persuasión sea coercitiva. Aunque sea discutible, podemos establecer dicha frontera a partir de la definición más general de persuasión coercitiva, que la define como

“Aquel conjunto de técnicas que limitan las libertades y derechos individuales, y perjudican a la persona”.

Hay autores que piensan que esto es una definición demasiado laxa, y proponen distintos criterios para diferenciar unas de otras (aunque para nosotros es evidente que no es lo mismo una serie de llamadas telefónicas que intenten coaccionar, a que te obliguen a hacer algo a punta de pistola). Sin embargo, y por muchas clasificaciones que se propongan, todos coinciden en que hay distintos ámbitos de aplicación: ambien

tal, emocional, cognitivo y de estados de conciencia.

Con la denominación de técnicas de tipo ambiental nos referimos a aquellas que limitan la libertad individual interviniendo en el entorno o ambiente del sujeto. Hay muchos tipos de técnicas, pero en el fondo todas pretenden alejar al sujeto de su mundo, que rompa con su pasado para poder sumergirse de lleno en la secta. Una de las técnicas es el aislamiento, que pretende limitar el mundo psíquico, social y físico del sujeto. Una vez que la persona entra en la secta, lo primero que hacen es iniciar un programa de inmersión, con el que se busca lograr el aislamiento del resto del mundo del sujeto, para que rompa con su red social que cumple una función protectora y socializadora. Si uno deja de tratarse con todas las personas que le conocen, éstas no se darán cuenta de que están “lavándole el cerebro” y no podrán hacer nada por protegerle, de manera que lo principal es hacer que la persona rompa con todas esas relaciones que pueden hacerle abrir los ojos y dejar la secta. A veces, para garantizar la ruptura con el pasado, algunas sectas tienen ritos de iniciación en las que se renuncia al pasado y a todos los referentes previos para recorrer más fácilmente el camino trazado por la secta. Uno de los vínculos más importantes de los seres humanos es la familia, ¿cómo se pude hacer que alguien rompa con él? Pues las sectas lo que hacen es enseñar a sus miembros a diferenciar entre la familia biológica, con la que no hay ningún enlace emocional pues sólo sirvió para traer a un nuevo ser al mundo, y su objetivo es aprovecharse de él y controlar sus acciones… y por otro lado, estaría la familia verdadera (la secta), que es ideal y está ahí para llevar a los sujetos a su autorrealización. Dentro de este control de las relaciones, para asegurarse de que no quieran contactar con sus antiguos amigos, se promueve la interacción intensiva entre los miembros de la secta, se establece una separación fundamental entre los miembros y los no miembros a través de una idea dicotómica: los no miembros, son enemigos. El hecho de establecer un enemigo común, ya sea real o inventado, es una semilla fundamental de unión y radicalización.
Promovida esta situación de aislamiento, la necesidad de aprobación social aumenta, con lo que las personas se vuelven más vulnerables y susceptibles a la manipulación interpersonal.

Otra técnica es el control de información. Nada más entrar en la secta, lo que más les interesa es hacer llegar gran cantidad de estímulos a los nuevos adeptos, de modo que los tengan ocupados todo el día, asegurándose de ser su única fuente de información suprimiendo todas las demás fuentes.

La creación de dependencia existencial es fundamental para anular la autonomía de la persona. Una vez que comienza a asentarse la creencia de que la secta es la única realidad, se procede a una fase más intensiva que tiene por objeto anular al individuo. El control de la secta no se queda en las necesidades secundarias, tal y como podríamos pensar que sucede al bloquear las relaciones como decíamos antes, el control se hace mucho más intenso y se centra en las necesidades básicas: alimentarse, lavarse, hablar… acciones para las que habitualmente no se necesita permiso alguno, necesitan ser pedidas al líder. Por otro lado, esta dependencia aumenta al tratar el tema económico, y es que la secta requiere el poder sobre el dinero del adepto, de modo que éste les da todo lo que tiene… y cuando quiere salir no tiene forma de volver a su vida pasada tal y como era, pues no puede afrontar ningún coste al haber dado todo su dinero a la secta.

El  control del tiempo es una fuente muy importante de desestructuración cognitiva, comprobada en múltiples ocasiones en víctimas de secuestros. El desconocimiento del tiempo lleva a la alteración de la memoria histórica del sujeto, que se ve obligado a reconstruir todo su esquema temporal y acomodarlo al del grupo. Un fenómeno relacionado con este descontrol es la expansión del presente, que se caracteriza por potenciar la intensidad de la experiencia actual y desvalorizar el pasado y el futuro, así como el autocontrol del sujeto.

Una de las variables más influyentes en la asunción de todos los principios de la secta, sean de la naturaleza que sean es el debilitamiento psicofisiológico. Todos hemos tenido experiencias de no rendir debido a causas físicas (por ejemplo hacer mal un examen por cansancio, hambre o encontrarnos mal), y esto nos lleva a presenciar una realidad: la relación entre la parte psíquica y la parte física. Esta técnica consiste en agotar físicamente al sujeto para hacerlo más vulnerable, y se consigue a través de tres vías principalmente: la primera es una dieta muy estricta. Se somete a los sujetos a un régimen alimenticio muy pobre, habitualmente de tipo vegetariano o vegano, de modo que sus defensas se vean mermadas y sea más susceptible a la adquisición de enfermedades. Por otro lado se produce una privación de sueño y por último la explotación, que combinaría estas dos: trabajos forzados, mendicidad, prostitución, venta callejera…etc. El individuo está tan extremadamente cansado, que es imposible que pueda oponer ninguna resistencia a las sesiones de adoctrinamiento intensivo que vienen al final de la jornada.

Otras técnicas son las de tipo físico, aunque son menos habituales. Aquí encontramos la tortura, los malos tratos y la violencia física en general. Sin embargo, es más habitual encontrar la aplicación de autosacrificio como castigo o purga, con el fin de encontrarse con la divinidad y así reforzar la propia creencia del individuo. A menudo soportan el dolor y todo el malestar al considerarlo una prueba o suplicio que han de superar para conseguir la meta final: la divinidad. Sin embargo, como os he dicho son menos habituales, y lo que más se utiliza para dañar a los sujetos son las técnicas del segundo gran bloque: las ténicas de tipo emocional.

El eje central de las técnicas emocionales es el ámbito emotivo afectivo, y lo que buscan es conmover al sujeto, colmarlo de satisfacción emocional para que así acepte lo que al secta propone. Como ya dijimos, se hace que se separe de familia y amigos y los vea como contrarios a sus creencias, de manera que cuando llega al núcleo de la secta ve que se le trata bien, que los demás miembros le ofrecen refuerzos sociales como sonrisas, alabanzas, amor… pero de pronto se produce algo: la activación emocional del miedo, la culpa y la ansiedad a través de los premios y los castigos.

Yo veo que la técnica es esta, primero te crean problemas con tu familia, absorbiéndote como te absorben, una vez que ya te han creado el problema con la familia, ellos te dicen: “Aquí te acogemos, ¿para qué los quieres a ellos? Ellos no te comprenden, nosotros sí, nosotros te ofrecemos amistad, te ofrecemos todo.

Ex adepta a “The way international”

Los que ejercen la autoridad, habitualmente el gurú o el líder,  imparten los premios y castigos de forma arbitraria, de manera que los adeptos no saben como actuar, pues los refuerzos o castigos son aleatorios. Con eso, el líder consigue reafirmar su autoridad y acrecentar la incertidumbre y dependencia de los adeptos, este uso indiscriminado de los premios y castigos, aumenta el miedo y la sumisión, así como la ansiedad y la vergüenza. Este uso de amenazas y castigos contribuyen a la creación de un sentimiento de alerta y conciencia de culpabilidad que me obliga a revisar una y otra vez su conducta, pues comienza a considerar que si le castigan de esa manera tan arbitraria, es porque probablemente alguna vez cuestionara la manera de hacer las cosas de la secta, por ejemplo. De esta manera, cualquier transgresión de la doctrina, pensada o simplemente deseada, supondrá la aparición de un sentimiento de culpa, y si ve que otro compañero tiene dudas se verá obligada a transmitirla a la autoridad para no fallar al credo, produciéndose así una situación de espionaje mutuo, con lo que se desarrolla gran presión de grupo.

Finalmente, vamos a hablar de las técnicas de tipo cognitivo. Ya hemos visto que se debilita al sujeto y que se le merma emocionalmente, pero aún así más de uno pensaréis: “Yo sería capaz de largarme antes de que me pasara nada de esto”... posiblemente estaréis en lo cierto, pues estáis pensando en vosotros mismos en perfectas condiciones, pero dejadme enseñaros estas técnicas que van directamente a nuestro juicio, destruyendo nuestra capacidad crítica y nuestro raciocinio. Lo primero es la denigración del pensamiento crítico, cuyo objetivo es mostrar la deficiencia y la invalidez de su pensamiento al sujeto. Se insta a la persona a concebir sus concepciones como inseguras y poco fiables… al fin y al cabo, todo el grupo piensa una manera y el individuo es el único que piensa diferente, por algo será ¿no?. La inducción de sentimientos de culpa, la merma del autoconcepto, la contradicción y la idea de que la única persona que tiene capacidad para hablar de verdades es el líder, hace que el pensamiento crítico quede relegado. Parece algo complicado, lo se… pero quizá sería un buen momento para que nos paráramos a pensar en el experimento de Asch, del que ya hablamos en el blog. Personas inteligentes como cualquiera de nosotros, eran capaces de cambiar sus juicios en función de lo que dijera la mayoría, por muy obvia que fuera su equivocación… ¿por qué no nos iba a pasar lo mismo ahora?. El poder del grupo es muy, muy poderoso.

Se nos programó para no pensar. Sólo de esta forma se explica el que yo, cada día, robara una docena de litros de leche y creyera que haciéndolo estaba purificando el alma del tendero…

Testimonio de una ex adepta a Hare Krisna

Para cohesionar aún más al grupo, se utilizan algunos elementos de identificación como ropas, adornos o amuletos. También se lleva a cabo un control sobre el lenguaje, estableciendo un lenguaje simple que está formado únicamente por afirmaciones dogmáticas y tajandes, sólo comprensibles para los miembros de la secta, el denominado “lenguaje del no pensamiento”.

Por último tenemos las técnicas de inducción de estados disociativos, que hacen a los sujetos entrar en estados de trance de manera que las experiencias se intensifican y obligan a la hiperconcentración. Cuando se producen estas experiencias, los sujetos sienten que se han transformado, que ahora forman parte de algo superior… pero la realidad no es que la divinidad esté interviniendo para que los sujetos tengan alucinaciones con ella… sino que las sectas tienen sus propios métodos para inducir a estos estados. Los más comunes son: la hipnósis (para establecer falsos recuerdos y así anular sus defensas cognitivas), el uso de cánticos, sistemas de meditación, la privación sensorial, el debilitamiento psicofísico, el desarrollo de tareas repetitivas.. y como muchos ya habréis intuido: el uso de drogas.

Ningún hombre, por muy civilizado que sea, puede escuchar durante mucho tiempo un tambor africano, o unos cánticos indios [...] y conservar intacta su personalidad crítica y autoconsciente. Sería interesante escoger a un grupo de filósofos [...] encerrarlos en una sala calurosa con derviches marroquíes [...] y medir su fortaleza y resistencia psicológica a los efectos del sonido rítmico… lo único que podemos predecir con seguridad es que si los cánticos o el ruido de los tam-tames duran lo suficiente, todos y cada uno de los filósofos acabarían saltando y aullando con los salvajes.

A. Huxley, Los demonios de Loundun.

Aunque quedan muchas cosas que explicar, espero que esta entrada os haya servido como llave para entrar en el complejo mundo de la persuasión. He tratado de mostraros algunas de las técnicas más comunes, y aunque en la entrada os he hablado de sectas, como paradigma de la persuasión… me gustaría que al final sacarais las ideas generales y fuerais capaces de aplicarlo a vuestro día a día, y ver que no están tan lejos como parecen. Para no alargar más la entrada (que ya le llega), no os voy a hablar de ninguna secta en particular, pero abajo os pongo enlaces para que echéis un vistazo a algunas de ellas.

PARA SABER MÁS:

Rodríguez Carballeira, A. (1992). El lavado de cerebro. Ed. Boixareu. Barcelona.

Jim Jones. El templo del pueblo

Niños de dios

Nueva era


El dilema del prisionero II

Como os prometí, vamos a poner la solución del dilema del prisionero. Intuitivamente, cooperar se traduce como la mejor opción que tenemos, si ambos callamos pasaremos el periodo más corto posible en la cárcel. Sin embargo, es evidente que nadie quiere pasar un tiempo entre rejas, por lo que el resultado óptimo sería confesar y que encerraran a nuestro cómplice para salir nosotros libres… pero es probable que esto también lo haya pensado el otro, por lo que la mejor opción es que ambos confesemos, llegando al equilibrio de Nash, y es que siempre acabaremos en este punto de inflexión.

El dilema del prisionero es uno de los ejemplos clásicos que se proponen a la hora de explicar la Teoría de juegos. Esta teoría surge para analizar como interaccionan los individuos a la hora de tomar decisiones, hallando la solución óptima en cada caso. En psicología nos resulta realmente útil cuando podemos poner situaciones algo más complicadas, como esta que os planteo, en la que se puede recurrir a engañar o a cooperar, consiguiendo de esta manera la mejor recompensa.

Y ya para acabar y como premio para los que hayáis hecho los deberes, os voy a poner una de las mejores escenas de la película “Batman: El caballero Oscuro”, que aunque probablemente ya la hayais visto, ahora que sois expertos en la Teoría de Juegos, seguro que os gusta todavía más. ¡Disfrutad!


¡Atención! Posibles spoilers. (Inglés)

Gerbner y los medios de comunicación

Los medios de comunicación siempre han estado envueltos por la controversia que gira entorno a su influencia, donde nos enfrentamos a dos extremos: los que consideran que determinan plenamente las elecciones de las personas, y aquellos que consideran que no es así. Del primer grupo encontramos ejemplo con la teoría hipodérmica, propuesta tras la I Guerra Mundial. Esta teoría proponía una relación causa-efecto con lo emitido a través de los medios de comunicación de masas, era tan fuerte su influencia que no había nada que pudiera interponerse en su camino. Sin embargo, nosotros ya sabemos que las personas tienen una serie de conocimientos, ideas y principios propios (los esquemas cognitivos) y que están mediando ante todos los estímulos que recibimos. Así surge el modelo de los efectos limitados, a partir de la cual se deriva que los medios de comunicación tienen influencia, pero esta está limitada por todas las características propias del individuo. De esta manera se establece que la influencia de los medios es sutil y a largo plazo. Gerbner en el año 1956 se propone comprobar los efectos de los medios en las percepciones de los ciudadanos, y comprobar si realmente el efecto es tan potente como se suponía en un principio, o tan leve como se postuló más tarde. Así, planteó dos variables que influían sobre el comportamiento: por un lado la realidad y por otro la televisión

Lo que hizo Gerbner fue analizar el número de inmigrantes real y el número que se mostraba en televisión (la cantidad de vandalismo, los sueldos…etc) y comprobó que las ideas que tenían los ciudadanos sobre este tema era exactamente la misma que emitían los medios. Gerbner diferenció entre dos tipos de espectadores: los duros (que pasaban la mayor parte del día frente a la TV) y los blandos (que apenas la veían)

Aunque en principio este hecho no parezca ninguna sorpresa, debemos darnos cuenta de que es la primera vez que se demuestra de forma empírica la influencia de los medios sobre las cogniciones humanas. Además de este estudio se derivan otras consecuencias como los autoconceptos negativos que asumen los grupos minoritarios ( si la gente piensa que por pertenecer a esta etnia, soy inferior… será que tienen razón. Recordad cuando hablamos del efecto pigmalión), o sin salir de los propios televidentes, se encontró que aquellos que pasaban muchas horas prestándole atención a los medios, tenía una percepción del mundo mucho más hostil y victimista que los telespectadores duros. Así, demostró empíricamente que a través de programas NO políticos-es importante esta matización porque cuando sabemos que vamos a ser objeto de comunicación persuasiva activamos nuestras defensas cognitivas, pero si no somos conocedores de que nos van a tratar de influir, tenemos las defensas bajas- se ejercía una notable influencia conductual a largo plazo para aquellas personas que pasaban mucho tiempo ante los medios.

Aquí os dejo un pequeño video del propio Gerbner (en inglés)

Una chica como yo

Hoy os pongo un mini documental sobre el experimento de Clark y Clark (para los que no lo recordéis, os refresco la memoria). Es un video muy cortito, pero muy interesante que incluye hasta una pequeña réplica del experimento original. Está en inglés, pero se entiende muy bien. Disfrutadlo ;)!

El falso consenso

Mucha gente piensa que tiene una asombrosa capacidad predictiva de la conducta de los demás, porque al fin y al cabo no es tan difícil conocer la forma en la que se comportan o van a comportar aquellos con los que siempre estamos. Como ya sabemos, nuestra realidad está totalmente organizada gracias a los esquemas cognitivos que hemos ido formando gracias a la experiencia, y que nos permiten andar por el mundo con cierta seguridad sobre las cosas.

Cuando hacemos un estudio pormenorizado, vemos que esta tendencia a organizar el medio se da también cuando nos enfrentamos al comportamiento de los demás, queremos describirlo y explicarlo para poder predecirlo.

Una de estas tendencias es la que llamamos falso consenso. El profesor Lee Ross, de la Universidad de Stanford lo estudió a través un curioso experimento. En él, tomó a una muestra de sujetos a los que se les pedía que leyeran una historia que contaba situaciones en las que se daba algún tipo de conflicto, que se podía solucionar de dos maneras distintas (forma A, por ejemplo con violencia y forma B, por ejemplo dialogando). Luego se les pedía que escogieran una de las dos soluciones, que dijeran qué opción escogerían los demás y por último, que describieran el tipo de persona que escogería cada una de las opciones.

Los resultados que encontró Ross, mostraron que la mayoría apostaba que los demás elegirían lo mismo que ellos sin lugar a dudas, porque “la otra opción era imposible que la escogiese nadie”. Esto ponía de manifiesto lo que Ross y otros autores denominaron falso consenso, es decir, la tendencia a creer que la mayoría de las personas piensa de la misma manera que nosotros, cuando en la mayoría de los casos no es cierto.

Es todavía más curiosa la descripción que hacían los sujetos de los demás, sobre la gente que pensaban que escogería lo mismo que ellos hacían juicios favorables y los describían como personas amables, simpáticas y agradables, justo lo contrario de aquellos que no escogiesen su misma opción.

Resumiendo, que la gente tiene la tendencia a pensar que las personas que no piensan igual que ellos tienen algún problema. Esto dicho así no parece algo especialmente importante,de hecho podría ser una conclusión a la que podría llegar cualquiera sin necesidad de ser psicólogo. Sin embargo, lo fascinante de este estudio es que demuestra científicamente que somos unos predictores de conductas realmente malos, y pensemos en las aplicaciones en nuestra vida diaria: equipos de fútbol, ciudades, países, razas, ideologías… pensar que por ejemplo, nuestra idea de que los ancianos son gente inútil puede llevarnos a desarrollar conductas negativas hacia ellos, pero si además creemos que es algo que piensa todo el mundo, no existe motivo alguno para modificar esa cognición. Además, las actitudes radicales hacia personas con distintas creencias están a la orden del día, encasquetar a los que están en “el bando contrario” características de personalidad negativas, aún sin conocerlos de nada (ojo, en este estudio ni siquiera existían esas personas que escogían lo contrario) puede llevar a consecuencias sociales muy negativas como la discriminación o la marginación, porque si ya sabemos que son malas personas, ¿para qué nos vamos a molestar en conocerlas más?.

Para saber más:

Ross, L. (1977). The False consensus effect: an egocentric bian in social perception and atribution processes. Journal of experimental social psychology.

El efecto del halo

El efecto del halo es un fenómeno clásico dentro de la psicología social. A pesar del nombre misterioso que le damos, no es más que un sesgo que nos lleva a distorsionar nuestra percepción en relación a las cualidades de una persona. La idea es que la evaluación global que hacemos de alguien influye en cómo juzgamos el resto de sus características concretas; por ejemplo, cuando tenemos enfrente a una persona que nos cae especialmente bien, solemos atribuirle otras características positivas, como la inteligencia, la bondad e incluso más belleza de la que realmente posee. Este efecto, también puede ir aplicado en el sentido contrario, y hacer que veamos mucho peor a las personas que nos caen mal, sin necesidad de conocerlas profundamente.

Bien, este efecto existe… pero, a todos nos ha pasado el conocer a alguien que nos caía mal, y darnos cuenta de que estábamos equivocados. Si esto es así, podréis pensar que la solución a este sesgo es tan sencilla como pararnos un momentito a pensar que las generalizaciones no son buenas porque en algunas ocasiones nos llevaron a equivocación.

En la década de los 70, Richard Nisbett mostró con un estudio lo fácil que es encontrar este efecto en la vida diaria. Para ello tomó una muestra de estudiantes universitarios, que se dividió en dos grupos y se les dijo que se les iba a mostrar un video de una conferencia, y que tenían que evaluar algunas características del profesor que aparecía allí. Los videos eran distintos para ambos grupos, pero en los dos salía el mismo protagonista: un profesor con acento belga hablando sobre un tema cualquiera.

Los experimentadores, antes de poner los videos se aseguraron bien de manipular la apariencia del profesor, de manera que en el video que se le mostraba al primer grupo se viera que era una persona atenta con sus alumnos y que adoraba la enseñanza, y en el segundo, que pareciera una figura de autoridad, más serio y distante. Lo que se encontró, como podéis imaginar, es que una vez finalizado el video se encontraron valoraciones muy distintas por parte de los alumnos. En el primer grupo (en el que se había mostrado al profesor como amable), se le consideró mucho más atractivo, inteligente, con un acento interesante y gestos adecuados para acentuar la enseñanza (los gestos eran idénticos para los dos videos), en el segundo grupo se valoró al mismo profesor como desagradable físicamente, frío, con un acento demasiado autoritario y unos gestos poco agraciados para el lugar en el que se encontraba.

Lo que realmente nos importa, no es este efecto, que todos hemos experimentado alguna vez, sino el hecho de que una vez realizadas las valoraciones, los estudiantes no podían explicar el motivo por el que habían valorado al profesor. Aunque se les sugería que quizás era su forma de hablar lo que le hacía más o menos interesante como profesor (dependiendo del grupo al que se le preguntara), los alumnos aseguraban que eso no había tenido nada que ver. Incluso tiempo después, en una nueva entrevista, los alumnos seguían insistiendo en que sus interpretaciones estaban de acuerdo a lo que ellos pensaban (que el profesor era más o menos atractivo, más o menos adecuado…etc.)

El efecto de este fenómeno es muy potente, y es bien conocido por las grandes marcas, los asesores políticos… y cualquier cosa que quiera venderse ante nosotros. Es bien sabido que una buena primera impresión es muy efectiva (efecto de primacía), y que si es una impresión “a medias” que nosotros podemos completar inconscientemente, mucho mejor, porque probablemente atribuyamos características que no tienen ninguna relación a través de correlaciones ilusorias.

Ahora que conocéis bien este efecto, estaría bien que intentárais pensar en algunos ejemplos como reto, seguro que tenéis más de uno en la cabeza ahora mismo. De todas formas, os pongo aquí un video muy cortito en el que os dan alguna pista.


Criminalidad. Eysenck y Jeffrey Gray

En Inglaterra estaba comenzando a darse un elevado porcentaje de delitos cometidos por gente joven, por lo que el gobierno le pidió a Eysenk que investigara el motivo de este incremento de la criminalidad. Debido a su orientación, este investigador comenzó a plantear que esto podría ser un problema de aprendizaje: mientras la mayor parte de los jóvenes se socializaba correctamente a través de los procesos básicos propuestos por el conductismo (refuerzos) ¿por qué otros no lo hacían?. La investigación planteó dos categorías de jóvenes como supuesto básico:

1. Los que se condicionaban bien a la socialización

2. Los que no lo hacían (minoría).


Para Eysenck, la socialización no era más que un experimento continuado de condicionamiento, por lo que había que hallar las características específicas de estos sujetos, que hacían que fallaran en la adquisición del aprendizaje. En sus experimentos de laboratorio con ratas se había dado cuenta de que algunas no aprendían. Preparaba un laberinto en T, en el que uno de los brazos contenía un platito con una solución glucosada y en el brazo contrario había una parrilla eléctrica que emitía descargas. La mayoría de las ratas aprendían tras unos ensayos que pasando por el brazo de la derecha, siempre obtenían un líquido muy rico, y que si iban a la izquierda recibían un calambrazo que no les gustaba nada… y parece muy lógico pensar que todos iríamos por el camino de la derecha. Sin embargo había algunas ratas que no eran capaces de aprender esto ni tras 20 ensayos. ¿Explicaciones? Pues puede que estas ratas tengan algún problema a nivel cerebral (receptores NMDA estropeados, lesiones talámicas…), pero también puede ser que haya poca activación. De todos es sabido que cuando estamos medio adormilados, no rendimos nada… puede que la activación de la corteza (desde ahora Arousal) tuviera algo que decir aquí. Pues en efecto, esta es la explicación correcta y que se puede extrapolar a los sujetos humanos: un cerebro poco activado no puede aprender correctamente. Para comprobar esta hipótesis indujeron a las ratas a un estado de somnolencia farmacológica (con benzodiacepinas –> Trankimazin), y comprobaron que estas ratas aprendían poco, mal y tarde.

Con esta información, Eysenck comienza a analizar a una muestra de jóvenes ingleses con historial delictivo, y obtiene datos suficientes como para desarrollar su modelo de la personalidad, conocido como Modelo trifactorial de Eysenck. Una de las características que encontró fue que estos chicos eran extremadamente bulliciosos, habladores y con un gusto enfermizo por cambiar de actividad lo más rápido posible, categorizándolos de patológicamente extrovertidos (una persona así no podía concentrarse en mantener siquiera una conversación porque necesitaba cambiar de estímulos). También presentaban una hipoactivación endógena, es decir, muy baja activación cortical. Los organismos necesitan de estimulación continua, y un sujeto ”sano” tiene la activación necesaria aportada por su propio cerebro. Sin embargo, lo sujetos con hipoactivación necesitan buscar fuera lo que su propio organismo no puede darles. Si cualquiera de nosotros encuentra una fuente de estimulación leer o ver la televisión, pensad que a estos sujetos no les sirve de nada y se aburren, se aburren tremendamente. En este modelo, Eysenck muestra que hay dos estructuras fundamentales que están hipoactivadas: el SARA y el cortex.

Básicamente, este autor señaló que la extroversión podía subdividirse a su vez en otras dos categorías: la sociabilidad extrema y la impulsividad. A este hallazgo se le añadió el neuroticismo (inestabilidad emocional, caracterizado por alta tendencia a anticipar eventos negativos; alta reactividad y dificultad para volver a línea base) y el psicoticismo (hostilidad, egocentrismo y frialdad afectiva).

Por otro lado, también es interesante pensar que la criminalidad está más relacionada con el sexo masculino (hay un 94% hombres, 6% mujeres). Es factible pensar que existen diferencias en función del sexo, aunque se había comprobado la alta correlación existente entre los niveles de testosterona y la delincuencia. ¿Podría ser esta una correlación ilusoria?. Se llevaron a cabo muchos estudios: con ratas, se vio que aquellas en las que se había eliminado remitían sus conductas de dominación y violencia; con sujetos humanos se tomaron transexuales sometidos a tratamientos hormonales, de manera que poco a poco podían verse los efectos de las hormonas en su conducta, el resultado fue un claro aumento de los episodios de enfado y violencia.

Por su parte, Jeffrey Gray plantea su modelo de conducta antisocial a partir de sus estudios de aprendizaje animal y de los efectos de los fármacos ansiolíticos. En sus experimentos ponía de nuevo un laberinto en T, en el que había una parrilla electrificada que era necesaria cruzar para poder alcanzar un platito con solución glucosada. Gray se dio cuenta de que había dos tipos de ratas, aquellas que tras recibir algunas descargas preferían no tomar la glucosa por el dolor, y las que aún sufriendo se sentían especialmente incitadas a conseguir la recompensa y muy poco activas ante la expectativa de sufrimiento. Muchas ratas morían porque preferían alcanzar la glucosa a detenerse y quedarse sin el premio. Ilustrativo, ¿no creeis?

El modelo le hizo suponer que en sujetos humanos existía la misma tendencia: sujetos especialmente predispuestos a la búsqueda de estímulos recompensantes y los predispuestos a responder con inhibición ante las expectativas de castigo o sufrimiento. Desarrolló dos subsistemas psicológicos: el BIS (behavior Inhibition System) y el BAS (behavior aproximation system). Podemos establecer un símil con un coche, imaginad que el BIS es el sistema de frenada y el BAS es el motor: podemos tener un ”buen coche” con un grandísimo y potente motor, pero con un sistema de frenada estupendo. Por ejemplo, queremos con todas las ganas del mundo un teléfono nuevo pero que es excesivamente caro; nuestro BAS nos dirá que lo quiere y luchará por conseguirlo, pero nuestro BAS nos detendrá porque la única manera de conseguirlo es robando la tienda de la esquina. Bien, ahora imaginemos un BIS muy fuerte pero un BAS muy débil: estaríamos ante un sujeto que tiene un excesivo miedo al castigo, estaría siempre inhibiendo su conducta por miedo a ser regañado…etc. Pero, ¿qué pasa cuando hay un BAS muy fuerte y un BIS muy débil? El sujeto hará lo que le apetezca y cuando le apetezca porque no tiene un sistema inhibidor que le detenga. En este caso, es cuando tenemos el verdadero problema: impulsividad alta, poco temor a los castigos, muchas ganas de conseguir una recompensa y ausencia de planes de futuro.

Estos sujetos presentan inmediatez y espontaneidad en su comportamiento, ausencia de reflexión previa y tendencia a no considerar las consecuencias futuras. Como no pueden aprender, no tienen  un marco de referencia (”Cuando robé aquello, me castigaron –> No debo robar para que no me castiguen”). Al tener problemas de inhibición conductual, presentan peores niveles de ejecución y tasas elevadas de abandono de tarea, asuntos relacionados con lesiones en estructuras ventromediales y en el cortex prefrontal dorsolateral. Una parte muy importante es la tendencia a no considerar las consecuencias futuras, el concepto de mañana está ligado a muchos hechos (si hago X, mañana me pueden meter en la cárcel). Si no existe el mañana, es fácil imaginar a aquellos sujetos que al no tener nada que perder, dan rienda suelta a sus deseos porque al fin y al cabo, ”el mañana no existe” y como tampoco tienen un pasado del que echar mano, son sujetos que viven en un presente continuo, llamado Síndrome de presentismo.

Otros estudios han apuntado a la importancia de la búsqueda de sensaciones (como lo que decíamos de la hipoactivación de la corteza), son sujetos con hambre estimular. Necesitan experiencias y sensaciones variadas, nuevas y complejas con disposición a asumir riesgos físicos y sociales. Si tenemos a una persona que necesita sentirse cerca del peligro, al límite, que no conoce las normas sociales porque no tiene ni un marco de aprendizaje (pasado) ni preocupaciones por el futuro; nos encontramos ante una persona que vive en el presente y que es capaz de hacer cualquier cosa para no aburrirse, ya sea entrar en una banda, agredir a una persona o matar.

Lo más importante de todo es que nos quede bien claro que un criminal no se forja por un sólo fenómeno, no debemos caer en las explicaciones legas que se dan ante un acto delictivo: ni son los pobres los que delinquen más (estadísticamente no significativo), ni están los hombres genéticamente predispuestos a delinquir, ni hay que tener trastornos. Existen múltiples explicaciones y todas ellas multidireccionales y con muchas implicaciones que confluyen en un mismo aspecto: un sujeto.

Si os interesa seguir indagando en este tema:

The causes and cures of criminality



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