
Cada día escuchamos unas cuantas anécdotas por parte distintas personas que nos vamos encontrando por ahí. Nuestra reacción común es escuchar y no dudar de los testimonios que nos están contando. Sin embargo, en muchas ocasiones vemos que esas historias comienzan a tener lagunas y surjan las incongruencias. Hay personas que cuentan historietas de grandes éxitos, y que a la hora de la verdad muestran su inexactitud y comenzamos a ver que puede que no sean del todo ciertas… como el típico chico que contaba que se había echado una novia espectacular en el pueblo, a la cual nadie iba a conocer jamás.
Hoy vamos a hablar de un incipiente trastorno mental que aún no aparece recogido en los principales manuales diagnósticos, pero que se está alzando como una condición muy común en nuestros días, hablamos de la mitomanía.
La mitomanía es una tendencia patológica a mentir como medio de protegerse de una realidad que no les es agradable. Algunas personas lo utilizan para mejorar su autoimagen y así disminuir el malestar que les provoca su baja autoestima. Son egoístas y narcisistas, sin control de impulsos y tendentes al abuso en general (medicamentos, drogas, alcohol, juego…etc.)
El mitómano sabe que miente, y habitualmente sus historias comienzan siendo un intento de llamar la atención. Sin embargo, a medida que repite una y otra vez la narración comienza a creérsela, y llega un momento en el que la realidad queda tan distorsionada, que no es capaz de distinguir sus invenciones de lo que realmente ocurrió, a pesar de todas las pruebas que muestran la falsedad de su testimonio. A menudo recurre a la mentira sin pensar en las consecuencias, pues lo único que pretende es conseguir unos objetivos determinados, como obtener alabanzas y cumplidos, o cuidados especiales por simular una situación penosa socialmente, como por ejemplo inventar que perdió a un amigo o que una novia le dejó y se siente muy desdichado.
Seguro que alguno está pensando cómo es posible que no nos demos cuenta de que están mintiendo. Es sencillo, es difícil identificar estas mentiras porque a menudo están mezcladas con retazos de realidad, y son sobre acontecimientos perfectamente factibles. Por ejemplo, un psicótico podría inventar historias como que un presidente le llamó por teléfono para preguntarle qué tal el día. Ante esta historia la reacción normal es dudar de su veracidad, por las pocas posibilidades reales de que esto suceda. Sin embargo, un mitómano podría inventar que un profesor o un jefe alabó su buen hacer, o que estableció una relación sentimental con alguien.
Es importante establecer también una diferenciación con los mentirosos, y es que mientras éstos inventan historias para protegerse o para obtener beneficios directos, los mitómanos lo hacen compulsivamente, tratando de obtener un favor pero no tan inmediato como los anteriores, sino que tiene un objetivo más de autoconvencerse para mejorar partes de sí que no les gustan.
Aunque así contado parece no ser una problemática tan grave como otras de las que contamos aquí, hay que tener en cuenta todas las implicaciones a nivel social que conlleva este nuevo trastorno. Dado que la persona miente o exagera para obtener prestigio social y acaba creyendo su propia fabulación, comienza a llevar a cabo comportamientos de riesgo en relación a esta historia. Imaginemos un sujeto que crea una mentira sobre su historia de superación porque logró salir del mundo de las drogas. Con esta idea, gana prestigio social en el sentido en que todos sus logros tienen un plus de beneficio, pues ha conseguido superar la adversidad y aún con todo lo que tiene detrás, ha logrado reinsertarse y llegar a conseguir lo mismo que las personas sin problemas. El fallo de esto, es que puede basar su conducta actual en base a esa mentira, que en principio sólo buscaba los halagos de los demás. Si en un momento dado sus contactos cesan las alabanzas, es probable que tenga que recurrir a magnificar el problema para seguir garantizándose el apoyo, y puede inventar historias que impliquen recaídas o problemas con personas peligrosas, lo que puede derivar en que se autolesionen para dar credibilidad a sus testimonios. Llega un momento en que la mentira crece tanto que sólo puede ir a más, y cuando se dan cuenta no hay vuelta atrás.
A nivel social también tiene graves implicaciones, pues en un principio las mentiras tienen un carácter omnipotente y el sujeto piensa que todos van a creerle, pero cuand ose pasa a una segunda fase en al que aparecen las contradicciones, el sujeto va siendo restringido por las actividades de su círuclo. Cuando el contexto se da cuenta de estas mentiras deja de interesarte por toda la problemática, lo que agrava el comportamiento de llamar la atención del mitómano que comienza a relacionarse con otros sujetos que muestran un nivel evolutivo y comportamental más bajo, que deriva en la asunción de conductas de riesgo. La pérdida de credibilidad y el desinterés, hacen que sufra enormemente y que se sienta incomprendido. Como veis, se forma una especie de bucle en el que cuanta menos atención se le presta, más trata de llamar la atención… con lo que resulta especialmente complicado enfrentarse al sujeto y hacerle ver que tiene un problema.
La mitomanía afecta aproximadamente a 1 de cada 1000 jóvenes aproximadamente, y se reparte igual entre los dos sexos. Como vemos, es un trastorno muy incipiente y esto hace que aún no se contemple en los principales manuales de diagnóstico como el DSM o la CIE-10. No hay muchos datos, pero los primeros estudios muestran no hay pruebas para decir que se trate de algo heredado, sino que tiene más bien características de aprendizaje. Cuando se da entre los 5 y los 7 años, las mentiras se caracterizan por fabulaciones, y los niños pueden decir que hay monstruos en el cuarto o que han visto a gente merodear desde su ventana. En la entrada anterior vimos el TAS y ahí también veíamos esta característica, los niños mentían para que los padres no se separaran de ellos, y justamente por este motivo la mitomanía ha ido quedándose relegada a un segundo plano: se confundía con otros trastornos. Sin embargo, se ha ido viendo que las fantasias de los mitómanos van evolucionando y se encuadran en distintos grupos:
- Ligadas a la fantasía, donde estarían aquellas relacionadas con personajes o mostruos (normativa)
- Mentiras compensatorias, que son el reflejo de una carancia emocional. Por ejemplo, a falta de buenos resultados en el ámbito académico, inventaría que los maestros alaban sus intervenciones, dice obtener malos resultados por culpa de otros o inventan historias para dar más valor a sus logros: minusvalías, problemas familiares…etc.
- Mentiras utilitarias, serían las que buscan obtener algo. Pueden ser evitar un castigo o no asumir responsabilidades, por ejemplo cuando se justifica el mal resultado de un proyecto por la incompetencia del evaluador, o inventar que se estuvo en el hospital con un familiar muy grave para justificar no haber acudido al trabajo
La trabajadora social Ana Simó, señala que existen distintas causas que pueden derivar en la mitomanía, entre las que destacan:
(1) Trastorno de personalidad hipertímico: Las personas que sufren este trastorno tienen un estado de ánimo persistentemente elevado, son superficiales y frívolas. Por conseguir sus objetivos son capaces de ignorar las consecuencias de sus actos y no son capaces de ponerse en el lugar de los demás, con lo que mentir no les supone ninguna complicación.
(2) Necesidad patológica de atención y admiración de los demás.
(3) Baja autoestima: Necesitan ser valoradas por los demás, y para garantizar ser buenos en algo que consideran no poder lograr por sus propios méritos tienen la tendencia a inventar historias en las que son valorados por conductas que consideran valiosas. Tratan de quedar por encima de los demás en un intento de demostrar que son buenos y que tienen características positivas que los demás no.
Para saber más:
- http://en.wikipedia.org/wiki/Pseudologia_fantastica
- http://www.rightdiagnosis.com/m/mythomania/intro.htm