¡Ahora lo veo en todas partes!

Posted: 16 agosto 2011 in Uncategorized
Etiquetas: , , , , , , , ,

Toda tu vida en este planeta y jamás habías oído el nombre de ese escritor, habías visto a ese actor o habías escuchado a ese grupo de música, pero basta que conozcas de su existencia para que de pronto todo el mundo se ponga de acuerdo, y tú te lo encuentres hasta en la sopa. ¿Cuántas veces os ha pasado esto?

Pues en 1986 más o menos, un tal Terry Mullen se inquietó por esta casualidad que le acababa de suceder y decidió remitírsela a la sección de anécdotas del St. Paul Pioneer Press, bajo el título: “El fenómeno Baader-Meinhof”. Resulta que el señor Mullen estaba leyendo un artículo en el periódico y allí leyó por primera vez sobre la existencia de una organización terrorista alemana de la posguerra llamada Fracción del Ejército Rojo, o Baader-Meinhof (en honor a sus líderes más destacados). A partir de ese momento empezó a verlo en numerosos lugares cuando ni siquiera lo buscaba… y esto le llamó tanto la atención que decidió mandarlo al periódico.

Una vez que se publicó su escrito, empezaron a llegar montones de historias de lectores que habían vivido lo mismo con distintos contenidos, y desde entonces se enviaron bajo el nombre del efecto baader-meinhof. Así, el efecto se define como: ” Fenómeno que sucede cuando una persona, después de haber aprendido algun hecho específico, una frase, una palabra, o la existencia de una cosa por primera vez, se la encuentra de nuevo, quizá muchas veces en un periodo corto después de haberlo aprendido“.

¿Por qué nos pasa esto? Existen distintas explicaciones en función de a quién acudamos. Dentro de las explicaciones menos científicas podemos encontrar el concepto Jungiano de sincronicidad, que significa: “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal”, es decir, cuando dos acontecimientos que es muy improbable que se den juntos, se dan y además tiene un significado. Esta definición es muy liosa y rollo, así que vamos a explicarlo a través de un ejemplo del propio Jung:

“Una joven paciente soñó, en un momento decisivo de su tratamiento, que le regalaban un escarabajo de oro. Mientras ella me contaba el sueño yo estaba sentado de espaldas a la ventana cerrada. De repente, oí detrás de mí un ruido como si algo golpeara suavemente la ventana. Me di media vuelta y vi fuera un insecto volador que chocaba contra la ventana. Abrí la ventana y lo cacé al vuelo. Era la analogía más próxima a un escarabajo de oro que pueda darse en nuestras latitudes, a saber, un escarabeido (crisomélido), la Cetonia aurata, la «cetonia común», que al parecer, en contra de sus costumbres habituales, se vio en la necesidad de entrar en una habitación oscura precisamente en ese momento. Tengo que decir que no me había ocurrido nada semejante ni antes ni después de aquello, y que el sueño de aquella paciente sigue siendo un caso único en mi experiencia.”

Ahora nos queda más claro a qué se refería Jung con el tema de la sincronicidad. Pero como veis, esta explicación es un poco demasiado chamanesca. Como alternativa a este concepto surgen las explicaciones de corte cognitivo, que señalan la importancia de dos conceptos: la atención selectiva y la recencia.

La atención humana se divide en tres tipos: la atención sostenida (que es la que implica estar muy concentrados en una sola cosa, por ejemplo cuando leemos), la atención dividida (que es la que surge cuando hacemos varias cosas, por ejemplo cuando copiamos algo dictado: escuchamos y escribimos a la vez), y por último, la atención selectiva. Vamos a imaginarnos que estamos por la calle y hemos quedado con algún amigo. Lo más normal es que en la calle haya muchísima gente, ¿y cómo hacemos para no confundir a nuestro amigo con cualquier otra persona? Pues activamos nuestra atención selectiva, que tiene como una especie de filtro que nos hace ignorar la información irrelevante y captar únicamente la que nos interesa. Podréis imaginar lo difícil que sería para nuestro sistema -que es muy limitado- atender y procesar toodos los estímulos que nos encontramos a lo largo del día, y de los cuales muy poquitos son interesantes.

Bien, pues la primera propuesta es que cuando conocemos una nueva información, ésta se convierte en un estímulo significativo para nosotros y nos es más fácil identificarlo. Así, si ahora cualquiera de vosotros os ponéis a leer una revista y de pronto leéis “Efecto Baader Meinhof”, vuestra atención selectiva se fijará en ello porque ahora conocéis lo que es, y antes probablemente lo pasarais por alto, pues no tenía ningún significado. De este modo podemos ver que pasa con cualquier otro estímulo, por ejemplo si conocemos a alguien con un nombre raro, ahora nos fijaremos más en ese nombre y lo destacaremos más, puesto que ahora hemos activado un significado emocional.

La otra explicación tira del concepto de recencia. En psicología tenemos en cuenta el orden de presentación de los estímulos, puesto que se ha visto en numerosas investigaciones que es de gran importancia. Se ha visto una y otra vez que los estímulos que se presentan en primer (primacía) y último lugar (recencia) son mejor recordados por los sujetos, y adquieren una significación más potente. Así, cuando adquirimos una nueva información estamos más atentos al estímulo la próxima vez que lo encontremos.

Ahora que sabéis de la existencia de este fenómeno, estad atentos… y ¡a ver en cuantos sitios os lo encontráis!

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s