Mis yo
2 junio 2011 Deja un comentario
Nuestra protagonista de hoy es Sybil Mason, una mujer de Minessota que con su vida, inspiró la creación de una obra que instigaría el interés de muchos por los trastornos disociativos de la identidad.
Sybil nació en 1923 en Dodge Center (Minessota) en el seno de una familia de clase media. Era la única hija de Walter y de Alice, pero ésta última era un tanto peculiar. En el barrio todos decían que estaba “loca”… a menudo caminaba sola a altas horas de la noche cuando la calle estaba a oscuras, o se reía a carcajadas mientras paseaba. Más tarde fue diagnosticada de esquizofrenia.
A lo largo de su infancia, Sybil sufrió graves abusos a lo largo de su infancia. Antes de que cumpliera un año, su madre comenzó a atarla y a suspenderla en el aire. Muchas veces, la colocaba en la mesa de la cocina y tras amordazarla, le introducía diversos objetos en la vagina, argumentando que simplemente la estaba preparando sexualmente para cuando fuera una mujer. Estas prácticas provocaron tales desgarros en la niña, que años después las lesiones seguían patentes en diversas exploraciones ginecológicas. Otras torturas consistían en suministrarle laxantes y no dejar que fuera al cuarto de baño… no darle de comer…etc.
Tratad de situaros en el lugar de Sybil. ¿Cómo puede hacer una niña para soportar estos martirios? No puede avisar a nadie, y quizá ni siquiera entienda que es algo fuera de lo normal, porque es la única experiencia que conoce.
Algunas personas, ante acontecimientos traumáticos de esta magnitud, desarrollan la capacidad de evadirse hacia “otro mundo”, un lugar donde no hay cabida para el dolor y el sufrimiento: ser otra persona.
Las personas con Trastorno de identidad disociativa (TID) pueden adoptar hasta 100 identidades diferentes que coexisten de manera simultánea dentro del mismo cuerpo (Criterio A del DSM: Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad) controlando de forma recurrente el comportamiento del individuo (Criterio B). Cuando el paciente viene a tratamiento, es generalmente una entidad huésped. Una entidad huésped se encarga de antener unidos los distintos fragmentos de identidad, pero a menudo terminan siendo rebasados por las otras identidades. A continuación vemos un listado de las 16 personalidades que se identificaron en Sybil:
1. Sybil Isabel Dorsett (1923): Identidad base
2. Victoria Antoinette Scharleau (1926): Sofisticada, atractiva y seductora
3. Peggy Lou Baldwin (1926): Esta identidad trataba de ser asertiva y comprensiva, pero a menudo se mostraba muy enfadada.
4. Peggy Ann Baldwin (1926): Parecida a Peggy Lou, pero temerosa.
5. Mary Lucinda Saunders Dorsett (1933): Dulce y cariñosa, con gran instinto maternal.
6. Marcia Lynn Dorsett (1927): Bohemia, muy emocional y amante del arte: escritora y pintora.
7. Vanessa Gail Dorsett (1935): Esta identidad se presenta como dramática, ardiente y muy atractiva. Cambia su modo de vestir y de peinarse, adoptando un aspecto mucho más atrevido.
8. Mike Dorsett (1928): Una de las identidades masculinas de Sybil, es carpintero y un chico sencillo.
9. Sid Dorsett (1928): La otra identidad masculina de Sybil, es un chico seductos y que sabe encandilar a la gente. Es rudo y valiente.
10. Nancy Lou Ann Baldwin (n/d): Siente gran interés por los temas políticos y es extremadamente religiosa. Se parece físicamente mucho a las dos Peggys.
11. Sybil Ann Dorsett (1928): con aspecto enfermizo, pálida y débil.
12. Ruthie Dorsett (n/d): es la identidad infantil de Sybil, como una regresión a su infancia.
13. Clara Dorsett (n/d): Religiosa ortodoxa, se muestra muy crítica con el comportamiento de Sybil.
14. Helen Dorsett (1929): Asustadiza, débil y temerosa.
15. Marjorie Dorsett (1928): Alegre y risueña, muy implicada para lograr la integración.
16. The Blonde (1946): Es la última identidad que creó Sybil. Es la típica chica de instituto, alegre y simpática que trata de ser popular.
Muchos pacientes cuentan alter egos que representan una esfera distinta de su vida, por ejemplo, es habitual que cuenten con al menos una personalidad temerosa y otra muy activa sexualmente. El cambio de una personalidad a otra, lo llamamos transición y generalmente es instantáneo aunque en las películas estemos acostumbrados a ver ese cambio de personalidad de una forma muy teatrerilla y dramática. Una característica es que en las transiciones se producen modificaciones físicas, por ejemplo aparición de tics, muecas, gestos propios de cada personalidad, tono de voz diferente, acento propio, incluso se desarrollan modificaciones oculares como el microestrabismo, o el cambio en la utilización de las manos. Durante estos momentos en los que está presente la “otra persona”, la identidad huésped no es consciente de ello, y cuando vuelve en sí se produce una incapacidad para recordar todo lo acontecido en ese periodo de tiempo, un olvido demasiado prolongado como para considerarse ordinario (Criterio C).
Luis, hombre de 27 años, padecía fuertes jaquecas que eran insoportablemente dolorosas y ocupaban periodos cada vez más largos. Además, no podía recordar lo que sucedía mientras tenía una jaqueca, salvo que algunas veces transcurría una gran cantidad de tiempo. Por último, tras una noche particularmente mala, en la que ya no podía mantenerse en pie, pidió que lo admitieran en un hospital local. Sin embargo, lo que en realidad indujo a Luis a ir al hospital fue lo que otras personas le comentaron que había hecho durante sus fuertes jaquecas. Por ejemplo se le dijo que la noche anterior había tenido una pelea violenta con otro hombre y que trató de apuñalarlo. Huyó del lugar y la policía le disparó durante una persecución a gran velocidad. Su mujer le comentó que, durante una de sus jaquecas, la había echado de casa junto con su hija de 3 años, amenazándolas con un cuchillo de carnicero. Durante sus jaquecas y en sus momentos de violencia se hacía llamar “Usoffa Abdulla, hijo de Omega”. En una ocasión trató de ahogar a un hombre en un río. El sujeto sobrevivió y Luis escapó nadando unos 400 metros río arriba. Despertó a la mañana siguiente en su cama, empapado y sin recordar el incidente.
Durante la hospitalización de Luis, el personal pudo comprobar qué era lo que sucedía en esos momentos en los que no recordaba nada. Cuando se producían las jaquecas, aseguraba tener otros nombres y se comportaba de manera distinta. Se llegaron a conocer tres identidades además de Luis. El primero era Alberto, un chico racional, tranquilo y controlado, que había nacido cuando Luis tenía 6 años y había visto como su madre apuñalaba a su padre. Luego estaba Santiago, que parecía encargarse de las actividades sexuales y de las conquistas en general, y había nacido en una de las múltiples ocasiones en las que su madre le hacía vestirse de niña; y el tercero era Usoffa Abdulla, violento y peligroso, que apareció cuando Luis tenía 10 años y un grupo de niños del colegio le habían dado una paliza brutal.
¿Qué provoca esto? Las investigaciones apuntan a la influencia de los acontecimientos vitales traumáticos a edades muy tempranas. Si nos fijamos en estos dos casos, vemos que tienen algo en común: muy pequeñitos sufrieron una experiencia impactante. Parece ser que cuando analizamos muestras más grandes, encontramos el mismo patrón. Putnam (Putnam, 1986) examinó 100 casos y descubrió que un 97% de ellos habían experimentado en algún momento traumas significativos, por abuso sexual o físico; siendo el 68% de estos casos relativos a incesto. A Sybil la ataron y violaron, Luis vio su madre mataba a su padre, y muchos otros niños experimentan vivencias como ser enterrados vivos o ser torturados con planchas, cerillas o navajas de afeitar. De hecho, en una de sus investigaciones, Putnam describía el caso de una joven que vivía en una zona de guerra, y presenció la muerte de sus padres al pisar en un campo minado. En estado de shock, la niña reaccionó de forma sorprendente: corrió a reunir todos los pedazos para poder juntarlos de nuevo.
Como vemos, este tipo de experiencias configuran una serie de reacciones emocionales y conductuales, que parecen provocar una reacción de escape para reducir el malestar que nos provoca ese acontecimiento que hemos vivido.
Pero, ¿esto nos puede pasar a todos nosotros? En realidad, parece que al igual que en la mayoría de los trastornos psicológicos existen personas con mayor vulnerabilidad que otras. Las experiencias disociativas se pueden ver en otros trastornos como los epilépticos, donde vemos que cerca de un 50% de los pacientes experimentó algún síntoma disociativo.
Por tanto, han de darse ciertas circunstancias para que exista la posibilidad de desarrollar este trastorno:
- Tener una predisposición biológica de vulnerabilidad y sugestionabilidad.
- Vivir un acontecimiento traumático de gran severidad que haga desarrollar la disociación.
- Que los traumas sigan aconteciendo repetidamente para desencadenar nuevas disociaciones.
Como siempre, vamos a acabar la entrada de hoy con algunos videos que nos hagan ver de forma más ilustrativa este trastorno. Los primeros videos que os pongo, son dos fragmentos de una película que se hizo sobre el caso de Sybil (hay dos versiones, una de 1976 y otra de 2007), en el primero hace un pequeño resumen del caso (se ve lo que le pasaba de pequeña y cosas así) y luego se presentan unas cuantas identidades. Es muy interesante, porque se ve el cambio radical de una a otra tanto físicamente como en su acento, sus palabras…En el segundo se ve mucho mejor todo esto.
Aquí tenéis el caso de una mujer en el que también se aprecian los cambios comportamentales en función de la identidad que adopte:
Y ya para acabar, deciros que existen muchas películas en las que se tratan los trastornos disociativos, y es probable que hayáis visto muchas de ellas. Las voy a poner aquí abajo en letra blanca, porque el mero hecho de saber la temática que tratan, pueden ser spoiler en muchos casos. Si estais interesados en ver las películas que son, seleccionad el texto que viene a continuación para que se vuelva visible y podais verlas si os interesan.
- El club de la lucha
- Primal Fear/ Las dos caras de la verdad
- Identity
- Sybil
- Sesión 9
- Las tres caras de Eva
- Psicosis
Para saber más:
- Barlow, D. (2001). Psicopatología. México [etc.] : Thomson, D.L. 2003
